Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.
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Capítulo XVI Cambio de planes
Punto de vista de Esther
Ana, la ama de llaves, salió de la zona de servicio con gesto apurado y mirando alternativamente a los tres.
—Señor Vane, disculpe... La señorita Erika me pidió que llevara sus cosas arriba, pero la suite de huéspedes está en remodelación desde la semana pasada por la humedad del techo, y las otras dos habitaciones están cerradas bajo llave con el mobiliario cubierto.
Felipe se pasó una mano por la nuca, notoriamente agobiado.
—¿Ven? No hay habitaciones preparadas —dijo él, mirando a su hermana—. Te conseguiré una suite en un hotel ejecutivo hoy mismo.
—¡Ni loca voy a un hotel donde el abuelo pueda mandar a sus matones a buscarme! —protestó Erika tajantemente—. Además, ¿cuál es el problema, Felipe? Tú y Esther están recién casados. Se supone que duermen juntos en la suite principal, ¿no? La habitación de la esquina frente a la suya se puede arreglar en un par de horas si solo limpian el polvo. Mientras tanto, puedo usar el baño del pasillo.
El aire en el vestíbulo se congeló de golpe.
Sentí cómo la sangre se me bajaba a los pies. Felipe y yo intercambiamos una mirada rápida cargada de un pánico mudo que ninguno de los dos pudo disimular a tiempo. Erika, con la astucia propia de los Vane, pareció notar la rigidez instantánea en el ambiente y entornó los ojos con sospecha.
—Un momento... —murmuró ella, mirando la puerta de la habitación de huéspedes del primer piso donde Felipe había estado durmiendo las últimas noches y luego la suite principal del piso superior—. No me digan que los esposos del año... ¿duermen en cuartos separados?
—Erika, eso no es de tu incumbencia —interrumpió Felipe de inmediato, intentando recuperar el control con su voz de tribunal.
—¡Por supuesto que lo es! —exclamó ella, dando un paso hacia nosotros y bajando la voz a un susurro conspirativo—. La agencia de detectives del abuelo y los hombres de los Linares están vigilando esta casa día y noche. Si la servidumbre o los choferes ven que ustedes no comparten habitación, el rumor de que este matrimonio es una farsa se va a filtrar en menos de veinticuatro horas. ¿Quieren que destruyan su caso antes de empezar?
Las palabras de Erika cayeron sobre nosotros con el peso de una verdad irrefutable. La muchacha podía ser caprichosa, pero no era tonta; había dado en el clavo exacto del peligro que nos acechaba.
Miré a Felipe. Su rostro reflejaba una lucha interna feroz entre el deseo de mantener nuestra distancia profesional y la frialdad estratégica que exigía nuestra supervivencia.
—La suite principal es bastante amplia —tuve que decir, tragándome el orgullo y hablando con una voz firme que ocultaba la tormenta que traía por dentro—. Esta casa es lo suficientemente grande para recibir a mi cuñada. Además, no podemos dejar creer a mi cuñada que dormimos separados, eso es absurdo. Erika se quedará en la habitación de invitados mientras soluciona sus problemas.
Felipe me sostuvo la mirada durante unos segundos largos, midiendo el alcance de lo que acababa de aceptar. La distancia que habíamos pactado esa misma mañana se desmoronaba por completo bajo el techo de su propia casa.
—Está bien —accedió él finalmente, con una voz grave que resonó en el salón—. Ana, prepara la habitación de la esquina para Erika.
Con esa orden le estaba diciendo a Ana que pasara sus cosas a la habitación que era mi refugio y que desde hoy pasaba a ser zona de guerra.
Estuvimos con Erika en el despacho hablando de cualquier cosa distrayéndola para que no descubriera nuestro secreto.
—Estoy cansada me gustaría ir a descansar un poco antes de la cena —comentó Erika bostezando.
En ese preciso momento llegó Ana.
—Señorita Erika su habitación está lista, si necesita algo solo avise —, Ana llegó caída del cielo.
Erika se dirigió a la que era la habitación de su hermano dejándonos solos en el estudio a Felipe y a mí.
—Esto es un desastre —, murmuró Felipe.
—¿Qué haremos ahora? Tu hermana casi nos descubre y si eso pasa seguramente se lo diría a tus padres —, dije con preocupación.
—Debemos ser cuidadosos, por ahora mantendremos la farsa hasta que logre convencer al abuelo de que Erika es libre de decir con quien estar.
Suspire sabiendo que eso no sería fácil y que esta farsa se estaba volviendo más peligrosa sostenerla que mis años en prisión.
y los e melissa tienes que pi er todo claro con ella Felipe si no quieres perder a Esther
por que que otra cosa
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓