Arianna Falcone creyó que la muerte de Lucio Castelli, capo de la Sagrada Familia, significaría por fin su libertad. Se equivocó.
Con la organización al borde de una guerra interna, su padre pretende utilizarla otra vez y casarla con el hombre que consiga hacerse con el poder.
La única salida es Nino Farina.
Tiene veinte años, una sonrisa fácil y la violencia corriendo por las venas. Para impedir que los antiguos capitanes de Lucio recuperen el control, deberá tomar la Sagrada Familia. Y Arianna puede darle la legitimidad que necesita.
La solución: un matrimonio por contrato.
Seis meses. Habitaciones separadas. Ninguna obligación. Y una cláusula que le permite a Arianna marcharse cuando quiera.
No es amor. Solo una alianza.
Hasta que Arianna descubre junto a Nino todo aquello que nunca sintió con su primer marido: curiosidad, deseo y seguridad.
Porque esta vez no será elegida sin poder decidir.
Esta vez, ella también elegirá.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Ningún derecho sobre ella
Nino
Mi cuerpo se tensa.
—No.
Fabiano frunce el ceño.
—Otra vez no sabes qué voy a decir.
—Llevas mirando esa puerta desde que entramos. Vas a decir algo sobre Arianna y no me gusta antes de escucharlo.
—Escucha.
—Estoy escuchando.
—Su padre acaba de explicarnos exactamente cuál será su movimiento. Pretende esperar hasta que uno de los capitanes se imponga y después entregarle a Arianna.
—No va a hacerlo.
—Lo sé.
—No, Fabiano. No creo que hayas entendido. No va a hacerlo.
Mi voz cambia.
Lo sé porque él también lo nota.
Fabiano se reclina ligeramente.
—También lo sé.
—Bien.
—Pero no basta con impedir que se la lleve de esta casa.
—¿Por qué no?
—Porque Falcone tiene contactos dentro de la Sagrada Familia. Arianna sigue siendo la viuda de Lucio Castelli y para cierta parte de la organización eso tiene valor político.
La palabra me molesta.
Valor.
Como si fuera una acción.
Un terreno.
Una empresa.
—Sigue.
—Si tomas la Sagrada Familia sin ningún vínculo con el antiguo mando, algunos capitanes van a verlo como una invasión Farina.
—Lo es.
—Sí, pero no necesitamos recordárselo.
Me paso una mano por la mandíbula.
Empiezo a entender… Y no me gusta.
—No. —Fabiano se queda callado—. Ni se te ocurra terminar esa idea.
—Un matrimonio…
Me levanto.
—No.
—Nino.
—¿Estás loco?
—Escucha primero.
—Acabas de sacar a su padre de esta casa porque vino a venderla al próximo capo y ahora vas a sentarte delante de mí a sugerir que yo haga exactamente lo mismo.
—No es lo mismo.
—Explícame la diferencia.
—Que Arianna decidiría.
Lo miro.
—¿Decidiría?
—Sí.
—¿O le explicaríamos que esta es la única manera de mantenerse viva hasta que se sienta obligada a decir que sí?
Fabiano aprieta los labios.
Bien. Porque yo tampoco pienso disfrazar una imposición para sentirnos mejores personas.
—No voy a obligarla.
—Eso dijiste hace cinco minutos.
—Y lo mantengo.
—Entonces no hay matrimonio.
Vuelvo a sentarme.
Fabiano tarda unos segundos.
—Hay una posibilidad —dice finalmente—. Solo una posibilidad. Y quiero que la escuches completa antes de mandarme al infierno.
—No prometo nada.
—Contrato.
Lo miro.
—¿Qué?
—Un matrimonio contractual.
—Sigue sonando a matrimonio.
—Legalmente lo sería. Políticamente también.
—Y para ella.
—No.
Eso consigue mi atención.
Fabiano continúa: —Tendría una duración determinada. Seis meses inicialmente, prorrogable únicamente si ambos quieren. Una vez estabilizada la Sagrada Familia y eliminado el riesgo de que Falcone pueda utilizarla para negociar con los capitanes, se termina.
—Anulación.
—Divorcio si es necesario.
—Residencias separadas.
—Si ella quiere.
—Habitaciones separadas.
—Por supuesto.
—No tiene obligaciones conmigo.
—Ninguna.
Lo miro fijamente.
—Quiero decir ninguna.
Fabiano entiende.
—Nino…
—Quiero escucharlo.
Su expresión se endurece.
—No tendría ninguna obligación de comportarse como tu esposa dentro de la intimidad. Ningún contacto físico. Ninguna relación sexual. Nada que ella no quiera.
—Eso tiene que estar escrito.
Fabiano arquea una ceja.
—¿En el contrato?
—Sí.
—No sé si jurídicamente…
—Me importa una mierda cómo lo redacte el abogado. Que encuentre palabras bonitas. Quiero que esté ahí.
Pienso otra vez en Arianna en el suelo.
—Si firma algo conmigo, quiero que pueda leer que yo no tengo ningún derecho sobre ella. —Fabiano guarda silencio—. Y puede terminarlo cuando quiera —añado.
—Eso debilita el objetivo político.
—No me importa.
—Nino.
—Entonces busca a otra persona.
Nos miramos.
No bromeo.
No ahora.
No respecto a ella.
—No voy a encerrar a esa muchacha en otro matrimonio del que no pueda salir —declaro.
Fabiano asiente lentamente.
—Bien.
—¿Bien?
—Cláusula de término unilateral para ella.
—Para ambos.
—Está bien.
—Y su padre no recibe nada.
—Nada.
—Ni dinero. Ni posición. Ni acceso a la organización.
—Por supuesto que no.
—Quiero que quede particularmente claro.
Porque la sola idea de que ese hijo de puta pueda beneficiarse de volver a negociar a su hija me da ganas de volver sobre mi propuesta inicial.
Fabiano se levanta.
—Hay otra ventaja —digo.
—¿Cuál?
Mi teléfono vibra.
Miro la pantalla.
Oh, por el amor de Dios.
Lo rechazo.
Fabiano observa.
—¿No vas a contestar?
—No.
—¿Quién es?
—Un problema que cometí desnudo.
Su cara cambia.
—No quiero saber.
El teléfono vuelve a vibrar.
—Yo tampoco quería saber tanto y, sin embargo, aquí estamos.
Lo silencio.
—¿Qué hiciste?
—Nada especialmente creativo. Me acosté con una mujer.
—Eso no explica por qué te llama así.
—Una vez.
Fabiano me mira.
—¿Una?
—Una.
—¿Y?
—Ella parece haber vivido una experiencia considerablemente más significativa que yo.
Fabiano se frota la frente.
—Eres un imbécil.
—Eso dice Mattheo.
La pantalla vuelve a iluminarse pese al silencio.
Seis mensajes.
Fantástico.
—Aunque... —murmuro.
Fabiano levanta inmediatamente un dedo.
—No.
—No sabes qué voy a decir —le digo yo ahora.
—No, pero esa expresión tuya siempre termina en una estupidez.
Miro el teléfono. Después a él.
—Admito que aparecer públicamente casado podría resolver un pequeño problema personal.
—Arianna no es una solución para sacarte de encima a una mujer.
—Dije pequeño problema personal. No dije motivo.
—Bien.
—Además, creo que una orden de alejamiento sería más eficiente.
—Nino.
—Estoy bromeando.
La mayoría de las veces… creo.
Dejo el teléfono boca abajo.
—No voy a hacerlo por eso —digo hablando en serio ahora.
Fabiano asiente.
Mi atención regresa a lo importante.
—¿Ella sabe algo?
—No.
—Entonces todavía no acepté.
—Acabas de…
—Dije que puedo considerar firmar si ella quiere hacerlo. —Fabiano se queda quieto—. Si dice que no, encontramos otra manera de tomar la Sagrada Familia.
—Va a ser más complicado.
—La vida es complicada. ¿No te lo han dicho?
—Podría ponerse en riesgo.
—Entonces la protegemos.
—Nino.
—No voy a sentarme delante de ella después de lo que acaba de pasar y decirle que tiene que casarse conmigo. No hay una versión del mundo en que eso ocurra.
Fabiano me observa durante unos segundos.
Después camina hacia la puerta.
—Entonces vamos a preguntarle.
Nino pero si en su momento se pondrá más difícil muchos quieren la Sagrada Familia a si que esperemos no seas tan orgulloso y tomes la palabra de tu padre con la ayuda de todos
a disfrutar al bombocito de Farina
🥺🥺🥺 nino tan tierno con tanta espera 💪💪💪Ary muy bien
ya no se contengan desaten todo su amor 💗💗💗💗 porque dense cuenta es amor un amor real del bueno sincero puro hermoso 😌