Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Inventario 1
La mañana siguiente, Gemma decidió que lamentarse no iba a servirle de nada.
Si tenía un mes antes de perder la mansión, entonces tenía un mes para salvar todo lo que pudiera.
Se sentó en una mesa del salón y comenzó a revisar cuidadosamente los documentos que había dejado el cobrador.
Había escrituras.
Listados.
Documentos de propiedad.
Y, finalmente, encontró algo que parecía un inventario.
Gemma comenzó a leerlo con atención.
La mansión estaba registrada.
También aparecían algunos muebles, adornos y determinados objetos de valor.
Pero muchas de las cosas que había visto en sus recuerdos no estaban incluidas.
Gemma levantó lentamente la cabeza.
Una sonrisa comenzó a aparecer en su rostro.
[Ah...]
Volvió a mirar el documento.
[Entonces todavía hay cosas que podemos salvar.]
Se reclinó en la silla.
Y fue entonces cuando nació oficialmente una operación.
Una operación que ella misma bautizó..
[Operación.. ¡Salva lo que puedas!]
—¡Marta! ¡Pedro!
Los dos ancianos aparecieron poco después.
Gemma los miró con determinación.
—Tenemos un problema.
Pedro miró los documentos.
—¿La subasta?
—Exactamente.
Marta suspiró.
—Ya lo sabíamos, mi lady.
—Sí, pero ahora tenemos que hacer algo al respecto.
Los dos se miraron.
Gemma extendió el inventario sobre la mesa.
—La mansión será vendida. Algunos muebles también están registrados. Pero hay muchas cosas que no aparecen aquí.
Pedro comprendió rápidamente.
—¿Quiere venderlas?
—Quiero vender absolutamente todo lo que podamos.
Marta abrió los ojos.
Gemma señaló hacia las habitaciones.
—Don Pedro, usted se llevará todos los trajes de Lord Root, sus zapatos, abrigos, accesorios y cualquier cosa que podamos vender.
Pedro parpadeó.
—¿Todo?
—Todo.
Después miró a Marta.
—Y usted hará lo mismo con las cosas de mi madre.
Marta parecía confundida.
—¿Todo lo que está en su habitación?
—Todo.
Hizo una pequeña pausa.
—Excepto una pintura.
Marta asintió.
—¿Cuál?
—Esa es mía.
Gemma no sabía exactamente por qué, pero había una pintura que no pensaba vender.
La del retrato de la mujer de cabello negro y ojos verdes.
La misma que Lord Antony estaba buscando.
[Esa pintura podría valer mucho más de lo que ellos creen.]
—Lo demás pueden quedárselo —continuó Gemma.
Los dos ancianos se miraron.
Gemma añadió..
—Pero necesito que me ayuden durante este mes. Tenemos que vender todo lo que podamos antes de que se venda la mansión.
Pedro permaneció unos segundos en silencio.
Después asintió.
—Lo haremos.
Marta también.
—Sí, mi lady.
Gemma sonrió.
—Perfecto.
Los dos comenzaron a prepararse inmediatamente.
Y fue entonces cuando Gemma descubrió algo curioso.
Aquellas dos personas que ella había considerado ancianos...
No eran tan ancianos.
Al menos no tanto como había pensado.
Seguían teniendo fuerza.
Y, aparentemente, bastante energía para trabajar.
Pedro podía cargar cajas, mover muebles y empujar carros sin demasiadas dificultades.
Marta, por su parte, podía organizar ropa y objetos con una velocidad sorprendente.
Gemma los observó durante un rato.
[Yo pensando que tenía dos abuelitos como empleados y resulta que todavía pueden trabajar más que yo.]
El primer objetivo fue la biblioteca.
Había cientos de libros.
Algunos eran comunes.
Otros parecían antiguos.
Y algunos tenían encuadernaciones que, incluso para alguien que acababa de llegar a ese mundo, se veían costosas.
Gemma observó las estanterías.
[Esto no nos lo podemos comer.]
Luego tuvo una idea.
—Don Pedro.
—¿Sí, mi lady?
—Lléveme a la librería del pueblo.
Pedro asintió.
La mansión ya no tenía carruaje.
Los que eran de los negocios se habían perdido en un misterioso incendio
Y los pocos que quedaban los acreedores se lo habían llevado hacía tiempo.
Pero todavía tenían dos carretas.
Así que Gemma tomó una de ellas y salió hacia el pueblo acompañada por Pedro.
El pueblo no estaba nada mal.
De hecho, mientras avanzaban, Gemma comenzó a sentirse un poco más tranquila.
Había comercios.
Personas caminando.
Pequeñas posadas.
Talleres.
Y, algo todavía más importante...
La zona parecía segura.
Cerca había varios ducados y territorios pertenecientes a condes poderosos.
No era una región abandonada ni peligrosa.
[Bueno... por lo menos no renací en medio de un bosque lleno de monstruos.]
Llegaron finalmente a una librería.
Gemma entró y comenzó a observar los precios.
Al principio pensó que había leído mal.
Miró nuevamente.
El libro más económico costaba una moneda.
Algunos costaban varias.
Y los ejemplares más raros llegaban incluso a cien monedas.
Gemma abrió los ojos.
[¡Cien monedas por un libro!]
Miró a Pedro.
Luego volvió a mirar los precios.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Se acercó al dueño de la librería.
—Quiero hacerle una propuesta.
El hombre levantó la mirada.
—¿Sí?
—Le vendo cada libro de mi biblioteca por cinco monedas.
El hombre la miró.
Silencio.
Después se echó a reír.
—¿Cinco monedas?
—Sí.
—¿Cada libro?
—Cada uno.
El librero continuó riéndose.
Probablemente pensaba que aquella mujer estaba bromeando.
Pero Gemma no sonreía por diversión.
Hablaba completamente en serio.
—Si quiere comprobarlo, puede venir esta tarde.
El hombre dejó de reír.
La miró unos segundos.
—¿Realmente tiene tantos libros?
—Una biblioteca completa.
Eso despertó su curiosidad.
Finalmente aceptó ir.
Aquella misma tarde apareció en la mansión.
Y cuando entró en la biblioteca...
Se quedó completamente fascinado.
Sus ojos recorrieron las estanterías.
—Lady Gemma...
—¿Sí?
—¿Está segura?
—Completamente.
El hombre comenzó a revisar los ejemplares.
Algunos eran antiguos.
Otros tenían una calidad extraordinaria.
Había libros que probablemente valían mucho más que cinco monedas.
El librero lo sabía.
Gemma también.
Pero ella no tenía tiempo.
[¿De qué me sirve conservar un libro de cien monedas si dentro de cuatro semanas no voy a tener dónde dormir?]
La operación era simple.
Salvar lo que pudiera.
Y si para conseguirlo tenía que vender barato...
Vendería barato.
El hombre comenzó a cargar los libros en su carreta.
Pedro llevaba la cuenta.
—Cincuenta.
Gemma sonrió.
—Continúe.
—Cien.
—Adelante.
—Ciento cincuenta.
El librero comenzó a ponerse nervioso.
Había visto libros cuyo valor era muchísimo mayor que el precio que estaba pagando.
Pero el trato ya estaba hecho.
Finalmente terminó de cargar todo lo que podía.
Pagó.
Pedro contó las monedas.
Gemma observó la cantidad.
No era una fortuna.
Pero era dinero.
Dinero que antes no tenía.
Sonrió.
[Uno menos.]
Mientras veía alejarse al librero, miró nuevamente la mansión.
Era enorme.
Pero cada vez quedaban menos cosas dentro.
[Ni siquiera sé dónde voy a dormir dentro de unos días.]
Suspiró.
[Pero por lo menos tendré dinero para comprar una cama.]
Al día siguiente comenzó la siguiente etapa.
Esta vez fue con Marta.
La anciana la acompañó hasta una tienda de telas.
Gemma había decidido vender todo el cortinaje que ya no necesitaban.
Cuando llegaron, ofreció exactamente el mismo trato.
Barato.
Muy barato.
El dueño de la tienda aceptó después de revisar la calidad de las telas.
Aquella misma tarde comenzaron a desmontar los enormes cortinajes de la mansión.
Marta los doblaba cuidadosamente.
Gemma supervisaba.
Pedro cargaba.
Y poco después...
Las telas también fueron vendidas.
Gemma recibió las monedas y las guardó.
[Otra cosa salvada.]
Y así continuaron.
Día tras día.
La biblioteca.
Las telas.
La ropa.
Los zapatos.
Los adornos.
Objetos que durante años habían permanecido dentro de la mansión comenzaron a desaparecer.
Cada venta significaba menos cosas dentro de aquella casa.
Pero también significaba unas cuantas monedas más para Gemma.
Durante la primera semana trabajaron sin descanso.
La mansión comenzó a verse extraña.
Cada día había menos muebles.
Menos adornos.
Menos objetos.
Menos lujo.
Pero, curiosamente...
Gemma estaba empezando a sentirse un poco mejor.
No porque la situación hubiera mejorado.
Sino porque finalmente estaba haciendo algo.
Ya no estaba sentada esperando que su vida se derrumbara.
Estaba intentando construir algo con los restos que quedaban.
Una tarde, mientras contaba las monedas de las ventas de aquella semana, Gemma sonrió.
Miró el montón.
Luego miró la mansión medio vacía.
Y finalmente suspiró.
[Bueno...]
Guardó las monedas.
[Primera semana sobrevivida.]
Se recostó en la silla.
[Ahora solo faltan tres.]
Y por primera vez desde que había reencarnado...
No estaba pensando en lo que había perdido.
Estaba comenzando a preguntarse qué podría hacer con lo poco que lograra salvar.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.