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EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.

Una voz aparece en su mente.

La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.

Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.

Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.

Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.

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El cobro de las cuentas

El aire del ala oeste olía a humedad y a madera vieja. Era la sección más apartada de la residencia de la Casa González, un lugar donde la gloria del clan no llegaba y donde Alex había sido confinado desde su llegada tres años atrás. Frente a la pequeña mesa de té, Alex permanecía sentado en silencio mientras limpiaba la Herida de su nuca con un paño limpio mojado en agua tibia.

El dolor era agudo, pero la claridad mental que experimentaba resultaba embriagadora. La opresión biológica que las feromonas de Fernando solían ejercer sobre él había desaparecido casi por completo.

«Salud del anfitrión estabilizada», resonó la voz del Sistema en su mente, acompañada por el habitual tono ágil y chispeante. «El rompimiento del vínculo ha liberado un 15% de tu capacidad genética original. Los omegas de la estirpe pura del Clan Alba no están diseñados para la servidumbre, sino para la sanación y el control emocional. Esos idiotas de la Casa González estuvieron bloqueando tu verdadero potencial durante años.»

—El Clan Alba también sabía esto —murmuró Alex, mirando las manchas de sangre en el paño—. Mi propio padre me dio la infusión que anestesió mis sentidos antes de la noche de bodas. Querían que fuera un cascarón dócil para que Fernando me aceptara sin hacer preguntas.

«Y por eso mismo ha llegado el momento de que paguen la factura», añadió el Sistema con entusiasmo. «Notificación de misión: La comitiva del Clan Alba ha entrado en la jurisdicción de la Casa González. Vienen a exigir explicaciones por el altar quemado y a pedir más recursos financieros.»

Una sonrisa helada se dibujó en los labios de Alex. Lanzó el paño ensangrentado a un cuenco de cerámica y se levantó, ajustándose una túnica sencilla de color gris oscuro. La servidumbre y la nobleza esperaban ver a un omega roto, arrepentido y tembloroso tras la locura de la noche anterior. En su lugar, Alex caminó hacia el gran vestíbulo de recepción con la frente en alto y el paso firme.

Al llegar al salón principal, el ambiente era tenso. Fernando González se encontraba de pie junto a la chimenea, luciendo un aspecto ligeramente fatigado debido a la ruptura abrupta de la marca. Frente a él, un hombre de mediana edad con ropajes lujosos de piel de zorro y rostro demacrado por los excesos hablaba con gestos exagerados: era Héctor Alba, el líder del Clan Alba y padre biológico de Alex.

—¡Es una barbaridad, Marqués Fernando! —exclamaba Héctor, golpeando el suelo con su bastón decorado—. ¡Me he enterado del desastre! ¿Cómo es posible que mi hijo, un omega educado bajo las más estrictas normas de nuestra casa, haya cometido semejante sacrilegio? Quemar las pertenencias de la difunta Primera Luna... ¡Es una vergüenza para el linaje Alba!

Doña Matilde, sentada en el sillón de honor, asentía con vehemencia.

—Te lo dije, Fernando. La sangre del Clan Alba se ha vuelto rebelde e incontrolable. Este muchacho ha destruido el honor de ambas familias en una sola noche.

—Padre —interrumpió una voz clara y serena desde el pasillo.

Todos los presentes se giraron de inmediato. Alex avanzó hacia el centro de la sala, deteniéndose a unos pasos de su padre. La ausencia de miedo en su rostro y la venda impecable que cubría su nuca llamaron la atención de Héctor, quien frunció el ceño con extrañeza.

—¡Alex! —rugió Héctor, intentando asumir su papel de patriarca dominante—. ¡Mira en qué estado te presentas ante el líder de la Casa González! Arrodíllate de inmediato y pide perdón por la vergüenza que has traído a nuestro apellido.

—¿Arrodillarme? —preguntó Alex, inclinando ligeramente la cabeza con ironía—. Padre, me resulta curioso que hables del honor del apellido Alba. Si la memoria no me falla, hace tres años vendiste ese mismo honor a la Casa González por cincuenta mil piezas de oro y un contrato de suministro de minerales para pagar tus deudas de juego en la capital.

El rostro de Héctor se volvió pálido y luego se tiñó de un rojo violento por la humillación.

—¡Insolente! ¡¿Cómo te atreves a levantarme la voz?! —gritó Héctor, levantando la mano para abofetearlo—. ¡Yo soy tu padre y el líder de tu clan!

Antes de que la mano de Héctor pudiera rozar el rostro de Alex, una ráfaga de aire helado pareció recorrer la habitación. Alex no retrocedió ni un milímetro. En su lugar, atrapó la muñeca de su padre en el aire con una fuerza y precisión impropias de un omega maltratado.

«Potenciación de fuerza activa: 10% adicional otorgado por el Sistema», sonó la voz interna. «¡Muéstrale a este viejo avaricioso que sus días de someterte se terminaron!»

Héctor ahogó un gemido de dolor al sentir la opresión en su muñeca. Miró a los ojos de su hijo y sintió un escalofrío helado; la mirada de Alex no era la del muchacho sumiso que había entregado tres años atrás, sino la de alguien que miraba a un enemigo insignificante.

—No vuelvas a poner una mano sobre mí —dijo Alex en un susurro cargado de una amenaza implacable—. A partir del momento en que me drogaron y me arrastraron a este salón para servir como reemplazo de mi prima muerta, dejé de tener padre y dejé de pertenecer al Clan Alba.

Fernando, que había permanecido en silencio observando la escena, dio un paso adelante, sumamente desconcertado por la transformación física y actitudinal de Alex.

—Alex, suelta a tu padre —dijo Fernando, aunque su voz carecía del tono imperativo que solía usar—. Este no es el modo de resolver los asuntos del clan.

Alex soltó la muñeca de Héctor con desdén, haciendo que el viejo líder trastabillara dos pasos hacia atrás, sujetándose la articulación dolorida.

—Tienen razón en algo —dijo Alex, mirando alternativamente a Fernando, a Doña Matilde y a Héctor—. Esta situación debe resolverse hoy mismo. Pero no será bajo las condiciones de la Casa González ni bajo las exigencias del Clan Alba.

Alex sacó del interior de su túnica un pergamino sellado con cera roja, el contrato original de alianza y matrimonio que había firmado el Clan Alba tres años atrás.

—Según las leyes ancestrales de la confederación de clanes —declaró Alex, mostrando el documento a todos—, si un omega demuestra haber cumplido con la crianza de los herederos y sufre negligencia médica o maltrato sistemático por parte del clan receptor, el contrato matrimonial queda nulo de pleno derecho y los bienes aportados deben ser restituidos en su totalidad.

Doña Matilde se levantó de golpe, abriendo los ojos con horror.

—¡Eso es absurdo! ¡Ese documento no tiene validez sin el consentimiento del Alfa!

—Lo tenía hasta anoche —respondió Alex con una sonrisa gélida—. Anoche rompí la marca biológica. Jurídicamente, la Casa González no tiene un vínculo activo conmigo. Y económicamente... la Casa González le debe al fondo personal que dejó mi madre la suma de cien mil piezas de oro por el mantenimiento del pabellón médico durante estos tres años.

«Progreso de la Misión Principal: 20.8%. Adelanto de recompensa desbloqueado: Autonomía legal y financiera inicial.»

Fernando apretó los dientes, sintiendo por primera vez que el terreno bajo sus pies se desmoronaba. Miró a Alex y, por debajo de la frialdad del omega, percibió una fuerza imponente que jamás había estado dispuesto a ver. El juego había cambiado por completo, y la Casa González estaba a punto de pagar un precio muy alto por su arrogancia.

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bea yordan
me faltó el cliché del nuevo romance y las descendencia
EspirituCreativo: Es cierto, pero para novela será...
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