Un joven sufre un accidente automovilístico después de una noche Que se borracha porque pierde la mujer que amaba y queda en coma durante dos años. En el hospital, una doctora se encarga de su cuidado diario y nunca pierde la esperanza de que despierte.
Con el tiempo, su dedicación crea un vínculo especial entre ambos, más allá de lo médico. Cuando el chico finalmente despierta, comienza una nueva etapa de recuperación donde poco a poco ambos descubren que lo que los une se convierte en amor.
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Capítulo 19: El mundo se me vino encima Narra Edwin
Cuando llegué a la casa de Valeria sentí que algo dentro de mí ya sabía que las cosas estaban mal.
Muy mal.
Nunca había manejado tan rápido por las calles de Manzanares. Ni siquiera recuerdo los semáforos ni la gente. Solo quería llegar donde ella.
Cuando subí al cuarto la vi acostada en la cama, demasiado pálida.
Se veía cansada.
Débil.
Como si el cuerpo ya no le respondiera igual.
Y eso me destruyó apenas la vi.
Me acerqué rápido.
—“Princesa…”
Ella levantó la mirada despacito y trató de sonreírme.
Pero esa sonrisa salió sin fuerza.
—“Hola…”
Parce…
escucharla así me partió el alma.
Me senté al lado de ella y le agarré la mano.
La tenía fría.
Demasiado fría.
—“¿Cómo se siente?”
Ella respiró profundo.
—“Un poquito mejor…”
Pero yo sabía que era mentira.
Se le notaba en la cara.
En los ojos.
En la forma en que respiraba.
Yo intentaba mantener la calma, aunque por dentro estaba vuelto nada.
—“¿Por qué no me dijo antes que estaba tan mal?”
Ella bajó la mirada.
—“No quería preocuparte…”
Yo cerré los ojos un segundo.
Porque mientras yo pensaba que todo era algo pasajero…
ella llevaba tiempo sintiéndose horrible.
Le acaricié el cabello despacio.
—“Usted no tiene que pasar esto sola.”
Ella apenas me miró.
Y justo cuando iba a responderme…
su cuerpo se quedó quieto de repente.
Demasiado quieto.
—“¿Vale?”
No respondió.
—“Valeria…”
Y de un momento a otro…
se volvió a desmayar.
—“¡VALERIA!”
Sentí el corazón salírseme del pecho.
La agarré rápido antes de que cayera.
—“Ey, ey, mírame… princesa…”
Nada.
Ella estaba inconsciente otra vez.
Yo ya estaba entrando en pánico.
—“No, no, no…”
La cargué inmediatamente entre mis brazos.
Y justo ahí entró la mamá de ella al cuarto.
—“¿Mi hijo qué pasó?”
Yo apenas podía hablar del desespero.
—“Se desmayó… la voy a llevar al hospital.”
La señora abrió los ojos asustada.
—“Bueno, yo la acompaño.”
Yo asentí rápido.
—“Sí, venga.”
La mamá agarró unas cosas mientras yo bajaba las escaleras cargando a Valeria.
Y parce…
sentirla así me estaba destruyendo.
Porque ella normalmente era inquieta, habladora, siempre riéndose…
y ahora parecía tan frágil.
Tan débil.
La subí rápido al carro.
La mamá se acomodó atrás con ella.
—“Yo también voy” —dijo nerviosa.
Arranqué inmediatamente.
Manejando rápido mientras sentía las manos temblando horrible.
Yo miraba a Valeria cada segundo.
—“Respire, mi amor… por favor…”
La mamá de ella lloraba atrás en silencio.
Y yo sinceramente sentía que me estaba quebrando completo.
Cuando llegamos al hospital salí corriendo del carro cargándola otra vez.
—“¡Ayuda!”
Los médicos llegaron rápido con una camilla.
La acostaron inmediatamente y comenzaron a revisarla.
Todo pasó demasiado rápido.
Luces.
Doctores.
Enfermeras moviéndose de un lado a otro.
Y yo solo podía verla a ella.
Inconsciente.
Pálida.
Con sangre todavía en la nariz.
Sentí un vacío horrible en el pecho.
La internaron de inmediato.
Después comenzaron a ponerle oxígeno y muchas cosas más que sinceramente yo ni entendía del desespero que tenía.
La mamá de Valeria lloraba al lado mío mientras esperábamos afuera.
Y yo intentaba mantenerme fuerte.
Pero no podía.
Porque la mujer que yo amaba estaba ahí luchando por respirar.
Pasaron minutos eternos.
Los más largos de mi vida.
Hasta que salió un doctor.
Y apenas le vi la cara…
supe que algo estaba muy mal.
Nos levantamos rápido.
—“¿Cómo está?” —pregunté desesperado.
El doctor respiró profundo.
Y esa pausa me mató.
—“La anemia avanzó demasiado.”
Yo sentí el corazón helarse.
—“¿Qué significa eso?”
El doctor bajó un poco la mirada.
—“Su estado es delicado.”
La mamá de Valeria comenzó a llorar más duro.
Y yo sentía que apenas podía respirar.
—“Pero ella se va a recuperar… ¿cierto?”
Silencio.
Maldito silencio.
El doctor respiró profundo otra vez.
Y dijo algo que jamás voy a olvidar en toda mi vida.
—“Tiene muy poco tiempo de vida.”
…
Ay parce.
El mundo se me vino encima.
Literalmente.
Sentí como si alguien me hubiera golpeado el pecho tan duro que me dejó sin aire.
—“¿Qué…?”
No podía entenderlo.
No quería entenderlo.
La cabeza me daba vueltas horrible.
—“No… no…”
Miré al doctor esperando que dijera que estaba equivocado.
Que había esperanza.
Algo.
Lo que fuera.
Pero no.
La mamá de Valeria se soltó a llorar destruida.
Y yo…
yo me quedé quieto.
Completamente roto.
Porque en ese momento entendí que la persona que más amaba se me estaba yendo de las manos…
y yo no sabía cómo salvarla.