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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

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Capitulo 19

El motor V8 del prototipo modificado de Damiano rugía como una bestia herida en mitad de la noche de julio. El coche devoraba el asfalto de la autopista con una velocidad ilegal, recortando la distancia hacia la mansión familiar de los Serrano, un palacio de piedra y cristal ubicado en la zona más exclusiva de las afueras.

Damiano sostenía el volante de cuero con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Llevaba la misma camisa negra de lino de la oficina, desabrochada y ondeando ligeramente por el aire que entraba por la ventanilla, revelando el relieve tenso de sus pectorales y los tatuajes que subían por su cuello. Sus ojos grises, fijos en la carretera iluminada por los faros LED, ya no destilaban la amargura de las últimas semanas; ahora eran dos focos de pura metralla, cargados de una determinación salvaje.

Por primera vez en veintinueve años, el miedo no era el motor de sus acciones. Ya no era el adolescente asustado que observaba a su madre apagarse mientras su padre gastaba la fortuna familiar en vicios y desprecio. El amor de Scarlett, esa devoción juvenil y ardiente que la había llevado a sacrificarse por él, le había otorgado la madurez definitiva. Ella lo había liberado de sus sombras en la noche de su cumpleaños; ahora le tocaba a él arrancar de raíz la maleza que amenazaba su futuro.

El deportivo derrapó levemente al entrar de forma violenta por el camino de grava de la mansión, frenando en seco justo frente a las escalinatas de mármol. Damiano bajó del coche sin apagar el motor, dejando que el ronroneo pesado del escape vibrara contra las paredes de la propiedad. Caminó a zancadas, empujando las enormes puertas dobles de la entrada sin importarle los guardias de seguridad, que retrocedieron de inmediato al ver la imponente figura del director general envuelta en un aura de peligro absoluto.

Encontró a Héctor Serrano en la biblioteca del segundo piso, rodeado de estanterías de madera noble y obras de arte caras que Damiano había pagado indirectamente con el éxito de la empresa. Héctor estaba sentado en un sillón de piel, con una bata de seda sobre su traje de vestir y un vaso de cristal tallado con brandy en la mano. Al ver entrar a su hijo, levantó una ceja con una lentitud aristocrática y una sonrisa cargada de cinismo.

—Vaya, el hijo pródigo decide visitarme —dijo Héctor, con esa voz arrastrada y condescendiente que durante años había hecho que a Damiano se le encogiera el estómago—. Supongo que vienes a repasar las notas del discurso de mañana para el lanzamiento del *Cronos*. Debo decir que el coche se ve... aceptable. Aunque le falta el toque de la vieja guardia.

Damiano no se detuvo hasta quedar a un palmo de la mesa de caoba de su padre. Se apoyó sobre ella con ambas manos, inclinando su imponente torso hacia el hombre maduro. La diferencia de energía era abrumadora: Héctor representaba la decadencia del pasado; Damiano, la fuerza bruta, la juventud y el control absoluto del presente.

—Sé lo que hiciste, Héctor —soltó Damiano, con una voz tan baja, ronca y gélida que pareció congelar el ambiente de la habitación.

Héctor dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco, perdiendo un ápice de su compostura.

—No sé de qué me hablas, muchacho. Si te refieres a los reajustes de las acciones...

—Hablo de Scarlett —lo interrumpió Damiano, y el nombre de la joven sonó en sus labios con una mezcla de posesión erótica y protección feroz—. Sé que la abordaste en la universidad. Sé que la amenazaste con destruir mi reputación y sabotear el tratamiento médico de su abuela si no se alejaba de mí.

Héctor soltó una carcajada seca, intentando recuperar el control de la situación. Se puso de pie, ajustándose la bata de seda para intentar igualar la estatura de su hijo, aunque la anchura de hombros de Damiano lo eclipsaba por completo.

—Ah, la pequeña cortesana de la aplicación —dijo Héctor con desprecio, inyectando veneno en cada palabra—. Debes agradecérmelo, Damiano. Te libré de una oportunista que solo buscaba tu cuenta bancaria. Un hombre en tu posición, a las puertas de la bolsa internacional, no puede permitirse el lujo de ser el hazmerreír del mundo corporativo por una estudiante de veintidós años. Solo protegía el apellido Serrano.

—Tú no proteges nada que no sea tu propio ombligo —siseó Damiano, dando un paso al frente que obligó a su padre a retroceder hasta chocar con su propio sillón—. Durante años me hiciste creer que yo estaba defectuoso, que era el culpable de la infelicidad de mi madre, que no era más que un desecho que tuviste que recoger del callejón. Me hiciste creer que por mi esterilidad no merecía un futuro real, ni una familia, ni el amor de nadie. Me arrastraste a tu infierno porque tenías terror de que yo fuera mejor que tú.

—¡Soy tu padre! ¡Te lo di todo! —estalló Héctor, la máscara de aristócrata cayéndose por completo, revelando la desesperación de un hombre que se sabía vencido.

—Tú no me diste nada —replicó Damiano, sus ojos grises centelleando con la frialdad del acero templado. Con un movimiento rápido y controlado, sacó un documento legal del interior de su chaqueta y lo arrojó sobre la mesa de caoba—. Esto es una auditoría interna firmada por Matías y el comité de ética de *Serrano Motors*. Hemos rastreado los fondos de la empresa. Sé que has estado desviando capital para pagar tus deudas de juego y tus propiedades privadas en Europa.

Héctor palideció, sus ojos fijos en el documento que sellaba su ruina.

—A partir de este preciso instante —continuó Damiano, cada palabra dictada con una autoridad despiadada—, estás completamente fuera de la junta directiva. No vas a recibir ni un solo centavo más de la compañía. Ni asignaciones, ni fondos reservados, ni pensiones. Te quedas con esta casa y nada más. Si intentas acercarte a Scarlett, si vuelves a mencionar su nombre o el de su familia a la prensa, o si intentas filtrar una sola palabra sobre *Velvet*, presentaré esta auditoría ante la fiscalía general. Pasarás el resto de tus días de vejez en una celda, Héctor. Y sabes perfectamente que tengo el poder para hacerlo.

Héctor temblaba de rabia y miedo. Miró al hombre frente a él y ya no vio al adolescente vulnerable que podía manipular con insultos y culpas. Vio a un titán implacable, a un líder que controlaba el imperio que él mismo había codiciado.

—Te has convertido en un monstruo, Damiano —susurró Héctor, la voz rota por la derrota.

—Me convertí en el hombre que debí ser hace mucho tiempo —respondió Damiano, enderezando su espalda con una elegancia innata que emanaba una sensualidad madura y arrolladora—. Se acabó el chantaje. Se acabaron tus sombras. Ya no te tengo miedo, papá.

Damiano le dio la espalda a su padre, un gesto de desprecio absoluto que dolió más que cualquier golpe. Caminó hacia la salida de la biblioteca con paso firme, sintiendo cómo un peso invisible de años de rencor, traumas y dolores se desprendía de sus hombros. La atracción del pasado ya no tenía poder sobre él; el cordón umbilical del trauma se había cortado de forma definitiva.

Al bajar las escalinatas de la mansión, el aire de la noche le pareció más limpio, más puro. El rugido del motor V8 de su coche lo esperaba, listo para la siguiente fase de su liberación. Subió al asiento del conductor, sintiendo el cuero caliente contra su espalda y la adrenalina corriendo por sus venas con una fluidez deliciosa.

Había vencido al demonio que lo había atormentado desde la infancia. Había asegurado su imperio, su reputación y el tratamiento de la abuela de Scarlett. Pero la victoria no valía nada si la mujer que poseía su alma seguía creyendo que la distancia era su única opción.

Damiano metió primera, pisó el acelerador a fondo y los neumáticos chirriaron contra la grava, dejando atrás la mansión de los Serrano. El reloj avanzaba hacia el gran lanzamiento del *Cronos*, pero para Damiano, la carrera más importante de su juventud se disputaba en ese instante en las calles que lo conducían al pequeño departamento de Scarlett Moreno. Iba a recuperarla, no con un contrato de cincuenta mil dólares, sino con la verdad desnuda de un hombre que por fin se sabía libre y digno de ser amado.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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