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Vínculo En La Tormenta

Vínculo En La Tormenta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Omegaverse
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

⚠️ Contenido exclusivo para mayores de 18 años | Omegaverse

Liam es un omega humilde que lucha día y noche para pagar los tratamientos médicos de su hermana enferma, sin tiempo ni energías para nada más. Hasta que la desesperación lo lleva a cruzarse con Dante Ferrero: el alfa dominante, frío y poderoso CEO que jamás creyó en los vínculos ni en el amor.

Un encuentro intenso y prohibido cambia sus vidas para siempre. Al descubrir que lleva su hijo, Liam huye sin decir nada para no ser una carga y proteger a los suyos, luchando solo contra la pobreza, el miedo y la soledad hasta que nace su bebé y su hermana logra recuperarse.

Cuando el destino los vuelva a reunir, Dante tendrá que enfrentar todo lo que dejó escapar, luchar por su lugar en esa familia y demostrar que su fuerza solo sirve para cuidar, proteger y amar.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

VÍNCULO EN LA TORMENTA CAPÍTULO 12: LA HABITACIÓN QUE ESPERA

Amanecí antes de que el sol terminara de salir por el horizonte, despertado no por un ruido ni por el frío, sino por ese dolor sordo y constante que ya vive en la parte baja de mi espalda y que se hace más intenso cada semana que pasa. Me quedé inmóvil boca arriba, respirando muy lento por la nariz y soltando el aire despacio por la boca, tal como me enseñó la matrona del pueblo, y llevé la mano derecha con calma hasta el centro de mi vientre, redondo, firme y pesado bajo la camisa de dormir. Allí adentro el bebé se movió despacio, primero un giro suave y luego una patada clara y fuerte contra mi palma, como si me saludara al despertar. Faltaban todavía **cuatro meses exactos para su nacimiento**, y aunque mi cuerpo de omega ya gritaba cansancio a cada instante, también sentía con toda el alma que esa pequeña vida era lo más fuerte y verdadero que me había pasado nunca.

Al lado mío Dante seguía dormido profundamente, su respiración lenta y regular, el cabello negro desaliñado sobre la almohada y un brazo extendido con cuidado hacia mí, sin apretarme pero siempre cerca, como si incluso dormido su instinto de alfa supiera que tiene que protegerme. Tenía el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sueños estuviera preocupado por algo, y recordé de inmediato la conversación telefónica que escuché el día anterior, las órdenes secas de cerrar bocas y ocultar cualquier rastro de nosotros. Desde que llegamos a la ciudad los rumores no han parado de crecer: Dante Valente, el hombre más poderoso y solitario del entorno empresarial, desapareció de todos los eventos, de las juntas, de las cenas de sociedad, y nadie sabe por qué ni con quién está. Y hay gente que no le gusta no saber.

Me levanté con muchísima lentitud, paso a paso, sin hacer ruido: primero me senté en el borde del colchón y conté hasta diez esperando que pasara el mareo habitual, luego apoyé todo mi peso en las manos y me puse de pie separando un poco las piernas para mantener el equilibrio con el peso de la barriga. Caminé hasta la ventana y corrí las cortinas con suavidad: el cielo empezaba a teñirse de tonos rosados y naranjas muy suaves, el jardín estaba todavía mojado por el rocío de la noche y todo guardaba un silencio grande y protector. Me pasé una mano por mi propio cabello negro, igual que el de él, y suspiré. Por un momento el miedo volvió a apretarme el pecho fríamente: ¿y si al final no podemos estar tranquilos nunca? ¿y si por culpa de mí le traigo problemas a él, a su vida, a todo lo que construyó?

—Te estás pensando cosas muy feas otra vez, ¿verdad?

La voz ronca y todavía dormida de Dante me sacó de mis pensamientos de golpe. Se había sentado en la cama, los ojos negros todavía entreabiertos, la sábana arrugada a la altura de la cintura, y me miraba con esa ternura inmensa que solo tiene conmigo. Me hizo una seña con la mano para que volviera y yo obedecí despacio, volviendo a recostarme a su lado sin dejar de apoyar una mano siempre sobre mi embarazo. Él me rodeó los hombros con el brazo, me atrajo suavemente contra su pecho caliente y soltó muy bajito su aroma natural de madera y lluvia, ese olor que mi instinto reconoce al instante como el único capaz de calmar cualquier miedo.

—Son solo rumores —susurró contra mi cabello, como si leyera cada pensamiento que pasaba por mi cabeza—. Gente aburrida que no tiene nada mejor que hacer que hablar de lo que no conocen. Yo me encargo de todo. Tú solo tienes que respirar y estar bien. Los dos.

Antes de que pudiéramos hablar más se oyó unos pasitos cortos y muy suaves afuera en el pasillo, seguidos de un golpecito bajito y tímido en la puerta. Sonrió Dante y me apretó un poco más antes de decir alto y claro que pasara. La puerta se abrió muy despacio y apareció **Mia, mi hermana MENOR**, de apenas ocho años, pequeña y delgada, el cabello oscuro y lacio cayéndole sobre los hombros, la piel muy pálida que siempre delata lo débil que está su corazón, vestida con su pijama larga de estrellas y abrazando con fuerza su osito de peluche viejo y desgastado, el que no suelta ni para dormir. Aunque es solo una niña, es la persona más importante de mi vida, a la que he cuidado y protegido con uñas y dientes desde que nuestros padres murieron, desde que yo era solo un niño también y me quedé solo a cargo de ella. Entró caminando muy despacio, sin correr nunca porque el esfuerzo le hace daño, y se detuvo al lado de la cama mirándonos con esos grandes ojos oscuros tan parecidos a los míos.

—Tosí poquito —dijo en voz muy suave, casi un susurro, señalándose el pecho con una manita diminuta—. Pero no es nada. Ya pasó.

Me incorporé con ayuda de Dante y la levanté con muchísimo cuidado entre mis brazos, sentándola sobre mis piernas sin apretar nada mi vientre, acariciándole el pelo y besándole la frente para comprobar que no tenía fiebre. Desde que nacimos los roles siempre fueron claros: yo soy el hermano mayor, el omega que tuvo que madurar de golpe para darle todo lo que necesitaba, y ella es mi pequeña, mi responsabilidad, mi amor más antiguo y verdadero. Dante se inclinó también y le pasó una mano suave por la mejilla, con la misma delicadeza con la que siempre me toca a mí, porque sabe perfectamente que tocarla con brusquedad o asustarla puede ser muy peligroso para su corazón enfermo.

—Hoy vamos a hacer algo muy especial —le dijo con una sonrisa grande y dulce, haciéndola sonreír a ella también hasta que le salieron los hoyuelos—. ¿Te acuerdas de todas esas cajas que llegaron ayer? Pues hoy las abrimos todas, y entre los tres vamos a ir armando y arreglando la habitación que va a ser del bebé. Tú puedes ayudarnos a decidir dónde van las cosas, y hasta a decorar las paredes si quieres.

Los ojos de Mia se iluminaron por completo de inmediato, y asintió muy fuerte con la cabeza sin poder hablar de tanta emoción. Esa fue la señal que necesitábamos para empezar el día. Bajamos despacio las escaleras, yo siempre agarrado fuerte a la barandilla y del brazo de Dante, Mia caminando muy cerquita de mis piernas sin separarse, y Elisa ya nos tenía listo en la mesa el desayuno preparado con todo lo que hace bien: fruta suave, pan integral, leche tibia con miel para ella, infusiones sin cafeína para mí y todo cortado en trozos pequeños para que no tengamos que hacer esfuerzo. Mientras comíamos el teléfono de Dante sonó tres veces seguidas, y cada vez que veía el nombre en la pantalla su expresión se volvía seria y cerrada otra vez, la del hombre de negocios duro e implacable que todo el mundo conoce. No contestó ninguna, solo lo apagó del todo y lo dejó lejos sobre la mesa, como si quisiera alejar de nosotros cualquier cosa que viniera de afuera.

—¿Quién era? —le pregunté con voz baja cuando Mia se distrajo un momento mirando por la ventana.

Dante suspiró largo y profundo, pasó una mano por su cabello negro y me miró fijamente a los ojos sin ocultarme nada:

—Socios, conocidos, mi propia madre también. Todos preguntan lo mismo: dónde estoy, por qué desaparecí, con quién estoy. Alguien anduvo husmeando por los alrededores de la clínica ayer, alguien que no debía. No lograron ver nada ni saber nada, lo tengo todo controlado, pero confirman que hay gente empeñada en descubrir mi secreto. En descubrirte a ti, a ella, a esta vida que estamos armando. Pero te juro por todo lo que soy que nadie, absolutamente nadie, va a entrar aquí ni a haceros el menor daño. Prefiero dejarlo todo, la empresa, el dinero, el apellido, todo, antes que permitir que os toquen ni un pelo.

No dijo nada más después de eso, y yo no necesité más palabras. Sabía que hablaba en serio.

Pasamos toda la mañana y buena parte de la tarde en la habitación vacía que está justo al lado de la nuestra, con las puertas abiertas de par en par y la luz del sol entrando a raudales por la ventana grande que da al jardín. Allí estaban todas las cajas apiladas con cuidado, y fuimos abriéndolas una por una muy despacio: salieron primero los muebles de madera clara, sin esquinas afiladas por seguridad, la cuna pequeña con barrotes redondos, el armario bajito, el cambiador acolchado. Dante lo armó todo él solo, con herramientas que trajo expresamente, sin dejar que yo levantara nada ni me agachara ni una sola vez, insistiendo todo el tiempo en que mi único trabajo era sentarme cómodo en el sillón grande que pusimos en una esquina, tocarme la barriga y darle órdenes si algo no me gustaba. Mia estaba sentada en el suelo sobre una alfombra gruesa y suave, y entre sus manitas iba sacando una por una todas las prendas diminutas: bodies blancos y azules, peleles de hilo, calcetines tan pequeños que cabían enteros dentro de la palma de mi mano, mantas bordadas a mano, pañales de tela muy suave. Cada vez que sacaba una cosa la levantaba muy alta para que la viéramos, riendo bajito y diciendo que le parecía todo precioso.

En una de las cajas más pequeñas encontró también un cuaderno de hojas gruesas y blancas y una caja llena de lápices de colores, y sin que nadie se lo pidiera se puso a dibujar en una hoja entera: tres figuras grandes y una muy chiquita en el centro, todas tomadas de las manos, bajo un sol amarillo enorme. Cuando terminó se acercó despacio hasta mí y me lo entregó muy seria, como si me diera el tesoro más grande del mundo.

—Este somos nosotros —explicó señalando cada dibujo con el dedito—. Tú aquí, Dante allá, yo aquí, y el bebé en medio, muy abrigadito.

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas calientes al instante, y la abracé con toda la ternura que tenía dentro sin hacerle daño, mientras Dante se agachaba a nuestro lado y pasaba el dedo muy suave por encima del dibujo con la voz quebrada por la emoción. Dijo que lo íbamos a enmarcar y lo colgaríamos justo encima de la cabecera de la cuna, para que sea lo primero que vea el bebé cuando nazca y lo primero que vea cualquiera que entre a esa habitación.

Cuando el sol ya empezó a bajar y a teñir todo de color naranja oscuro, todo estaba prácticamente listo. La habitación ya no estaba fría ni vacía ni silenciosa como antes: ahora olía a madera nueva, a jabón suave y a nosotros, estaba llena de luz, de colores claros y tranquilos, de cosas pequeñas que habíamos elegido con el corazón, y sobre todo estaba llena de amor. Dante se acercó hasta donde yo estaba sentado, se arrodilló con mucho cuidado en el suelo frente a mí y puso sus dos manos grandes y calientes una a cada lado de mi vientre redondo, quedándose en silencio unos segundos justo cuando el bebé se movió con fuerza debajo de su piel. Me miró desde abajo con los ojos negros brillantes y húmedos, y habló bajito solo para mí, para que solo nuestro hijo oyera su promesa también.

—Te estoy esperando, pequeño —murmuró, acercando los labios para besar muy suavemente la tela de mi camisa justo en el centro—. Tómate todo el tiempo que te haga falta. Aquí todo está listo, aquí estamos todos esperándote con el corazón abierto. Y aquí vas a estar siempre a salvo.

Mia se acercó también y puso su manita diminuta encima de las de Dante, y en ese momento las tres manos juntas sobre mi barriga formaron algo tan perfecto, tan completo y tan fuerte que sentí que nada en el mundo podría romperlo jamás. Sin embargo, justo en ese instante de calma absoluta sonó el timbre de la entrada fuerte y claro, resonando por toda la casa, y luego otra vez, y otra vez, con una insistencia que heló la sangre en mis venas de golpe. Dante se puso de pie de inmediato, todo su cuerpo se puso tenso y rígido al instante, el aroma protector y fuerte de alfa llenó la habitación entera en un segundo y su mirada se volvió seria, oscura y vigilante otra vez. Caminó hasta la puerta y miró por la mirilla sin decir nada, y cuando se volvió hacia nosotros su expresión lo dijo todo sin necesidad de palabras.

—Es ella —susurró muy bajo, frunciendo el ceño con preocupación—. Es mi madre. Y no ha venido sola.

Nos quedamos los tres en silencio, el corazón latiéndome muy fuerte en el pecho y el bebé moviéndose inquieto adentro, entendiendo de golpe que la calma que habíamos construido con tanto esfuerzo durante estos días acababa de recibir su primera prueba de verdad. Afuera la puerta seguía sonando, y yo supe que a partir de ese momento nada volvería a ser tan sencillo ni tan tranquilo como hasta ahora.

FIN DEL CAPÍTULO 12

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Teresa Castillo
creo que ya son muchos capítulos de lo mismo no avanza el tiempo siempre dicen que faltan 4 meses completos y se supone que llevan varios días ahí ojalá y avance luego
nezhan: Hola Teresa! Gracias de verdad por tomarte el tiempo de escribir esto, me ayuda mucho a mejorar ❤️
Tienes completamente la razón: en esa parte de la historia el tiempo se siente estancado, porque necesitaba cerrar todos los cabos y subir la tensión antes de que estalle todo.
Pero te adelanto que ya viene el cambio GRANDE: en muy pocos capítulos pasan de "faltan 4 meses" a la batalla final, el nacimiento de los tres bebés y un salto de tiempo de un año entero.
Sigue un poquito más, que lo mejor está por llegar! 😊
total 1 replies
Teresa Castillo
maldita vieja no merece perdón 😡😡
Teresa Castillo
maldita bruja porque no deja ser feliz. a su hijo que se quede con todo su dinero que es lo que más le importa 😡
Teresa Castillo
que alguien los ayude no merecen ese sufrimiento
Teresa Castillo
maldita vieja porque no los deja tranquilos 😡😡
Teresa Castillo
que esa vieja los deje tranquilos no merecen sufrir siempre huyendo
Teresa Castillo
😡😡😡
Teresa Castillo
vieja desgraciada merece quedar sola por idiota
Teresa Castillo
nooo😡😡😡
Teresa Castillo
me encanta historia Dante es un amor con su Omega merecen toda la felicidad del mundo 🥰🥰🥰
Teresa Castillo
lloré de emoción Dante es tan tierno 🥰🥰
Teresa Castillo
espero todo sea felicidad de aquí en adelante 👏🥰
Teresa Castillo
ay me encanta Dante es tan tierno con el chico👏👏👏
Teresa Castillo
que hermoso 🥰🥰
Teresa Castillo
🥰🥰🥰
Teresa Castillo
por fin el reencuentro 🥰🥰
Teresa Castillo
que lo encuentren luego y su vida pueda ser feliz 🥰🥰
Teresa Castillo
me encanta la historia 👏👏
Teresa Castillo
comenzando está historia espero sea buena 🥰
Oly-chan
Me gusta 💖
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