¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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El primer "te amo"
Capítulo 7
El primer "te amo"
Había pasado casi un mes desde que Gabriel y Valeria comenzaron su relación.
Con el tiempo, los nervios de los primeros días fueron desapareciendo, pero había algo que nunca cambiaba: la emoción que ambos sentían cada vez que se encontraban en la facultad.
Aquella mañana, Gabriel llegó más temprano de lo habitual. Llevaba en una mano dos cafés y, en la otra, una pequeña bolsa de papel.
Valeria apareció unos minutos después.
—Buenos días.
Gabriel sonrió como si el resto del mundo dejara de existir.
—Buenos días, amor.
Ella le dio un abrazo antes de recibir el café.
—Cada día me sorprendes más.
—Todavía no he empezado.
Le entregó la pequeña bolsa.
—¿Qué es esto?
—Ábrela.
Dentro había un separador de libros hecho a mano. En la parte superior había dibujada una mariposa y, debajo, una frase escrita con tinta azul:
"Nunca olvides que incluso los caminos más difíciles pueden llevarte a las personas correctas."
Valeria levantó la mirada con los ojos brillantes.
—¿Lo hiciste tú?
—Anoche.
Ella sonrió con ternura.
—Es el regalo más bonito que me han hecho.
Sin importar que el pasillo estuviera lleno de estudiantes, lo abrazó con fuerza.
Justo en ese momento apareció Daniel.
—Bueno... definitivamente llegué en el peor momento.
Gabriel comenzó a reír.
—Buenos días para ti también.
Detrás de él llegaron Lucía, Camila, Sofía y Mariana.
Lucía sonrió al ver el separador.
—¡Qué bonito!
Camila miró a Gabriel.
—¿Tú hiciste eso?
—Sí.
Daniel negó con la cabeza.
—Hermano, nos estás dejando el nivel demasiado alto.
Todos comenzaron a reír.
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Las clases transcurrieron con normalidad hasta que el profesor anunció una actividad en parejas.
—Trabajarán con la persona que tienen al lado.
Daniel levantó la mano.
—Profesor, ¿eso significa que Gabriel y Valeria van a trabajar juntos?
El profesor sonrió.
—Solo si prometen estudiar más de lo que se miran.
El salón estalló en carcajadas.
Valeria escondió el rostro entre las manos.
—Nunca voy a escapar de esto.
Gabriel le susurró al oído.
—Yo tampoco quiero escapar.
Ella lo miró y terminó riendo.
Durante la práctica, ambos trabajaron con mucha concentración.
Gabriel observó cómo Valeria explicaba cada tema con paciencia.
—¿Qué pasa? —preguntó ella al notar que la estaba mirando.
—Nada.
—Sí pasa.
—Solo estaba pensando...
—¿En qué?
—En que vas a ser una excelente médica.
Valeria sonrió.
—¿Por qué dices eso?
—Porque tienes algo que no se aprende en los libros.
—¿Qué cosa?
—Un corazón enorme.
Ella sintió que las mejillas se calentaban.
—Tú siempre sabes qué decir.
—No. Solo digo lo que pienso.
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Al terminar las clases, el grupo decidió caminar hasta el parque.
El cielo estaba completamente despejado y una suave brisa hacía que el calor fuera más agradable.
Daniel llevaba un balón bajo el brazo.
—Hoy sí les voy a ganar.
Lucía rodó los ojos.
—Eso dices siempre.
Mientras unos jugaban, Gabriel y Valeria se sentaron bajo un árbol.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¿Sabes?
—¿Qué?
—Hace unos meses pensaba que repetir una materia era el peor momento de mi vida.
Gabriel tomó su mano.
—¿Y ahora?
Ella lo miró sonriendo.
—Ahora creo que fue el destino dándome una segunda oportunidad.
Él besó suavemente su frente.
—Y yo agradezco haber llegado justo a tiempo.
A unos metros, Daniel los observó.
—¡Ey!
Los dos levantaron la vista.
—¿Van a venir a jugar o van a seguir siendo románticos toda la tarde?
Camila comenzó a reír.
—Déjalos.
Sofía añadió:
—Están en su mundo.
Gabriel respondió sin dejar de sonreír.
—Cinco minutos más.
—Eso dijeron hace media hora —contestó Mariana.
Todos comenzaron a burlarse de ellos.
Valeria se levantó riendo.
—Vamos antes de que nos molesten toda la noche.
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Después del partido, el grupo decidió comprar helados.
Mientras caminaban por la calle, Daniel comenzó a hacer imitaciones del profesor de Anatomía.
Las carcajadas fueron inevitables.
Incluso Valeria terminó riendo tanto que tuvo que detenerse.
Gabriel la observaba en silencio.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella.
—Porque me encanta verte feliz.
Ella dejó de sonreír por un instante.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque llegaste cuando más lo necesitaba.
Gabriel tomó ambas manos entre las suyas.
—No fui yo.
Fue el destino.
Y si pudiera volver atrás...
Te volvería a elegir una y mil veces.
Valeria sintió que los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
Sin pensar en las personas que caminaban alrededor, lo abrazó.
Él correspondió al abrazo con fuerza.
Después acarició suavemente su mejilla.
—Hay algo que llevo varios días queriendo decirte.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué pasa?
Gabriel sonrió con una mezcla de nervios y felicidad.
—Creo que ya no puedo seguir guardándomelo.
Respiró profundamente.
—Te amo, Valeria.
El mundo pareció quedarse en silencio.
Ella sintió que el corazón le latía tan fuerte que apenas podía respirar.
Durante unos segundos no encontró palabras.
Solo lágrimas.
Gabriel sonrió con ternura.
—No tienes que responderme ahora.
Ella negó con la cabeza.
—No...
Él la miró confundido.
Valeria dio un paso hacia él.
Apoyó una mano sobre su rostro.
Y, sonriendo entre lágrimas, respondió en un susurro:
—Yo también te amo, Gabriel.
Él cerró los ojos por un instante, como si quisiera guardar aquel momento para siempre.
La abrazó con fuerza.
Los amigos, que observaban desde unos metros de distancia, comenzaron a aplaudir.
—¡Al fin! —gritó Daniel.
Lucía tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Sabía que este momento iba a llegar.
Camila abrazó a Sofía y Mariana.
Mientras el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios de la facultad, Gabriel besó nuevamente a Valeria.
Y ambos comprendieron que el amor no siempre aparece cuando todo está en orden.
A veces llega justo cuando la vida parece haberse roto.
Y, sin darse cuenta, termina convirtiendo las heridas del pasado en el comienzo del futuro más bonito que jamás imaginaron.