Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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SEIS MESES DE MATRIMONIO
NARRADOR
Los seis meses de matrimonio llegaron en un abrir y cerrar de ojos para la pareja. Cada uno enfocado en sus propios asuntos.
Luciana había recordado cada mes el día que se habían casado y aunque había estado tentada en cinco oportunidades por darle a David un obsequio o al menos tener un detalle especial para celebrar, no lo había hecho.
El sexto cumplemés ella lo olvidó por completo y su marido no le dio importancia, tal como a los demás.
Para ellos a simple vista nada había cambiado. David seguía igual. Trabajaba de manera inalcanzable y luego en la mayoría de las noches tenía relaciones sexuales con Luciana. El fuego los consumía, pero cuando todo terminaba se instalaba un gran muro de hielo entre ellos.
Luciana si comenzaba a cambiar. Con cada semana que transcurría sus pensamientos se volvían pesimistas con más frecuencia. También empezaba a sentirse insegura en cuanto a lo que creía al inicio. Ella podría enamorar a cualquier hombre, pero no a su esposo.
Jamás David había recibido un reclamo. Nunca había existido una discusión entre ellos. Él jamás la había tratado mal, pero su frialdad dolía y también molestaba.
Los pensamientos sobre el divorcio regresaban cada día. Muchas veces eran acompañados con un plan sobre como ella se lo pediría. Después recordaba las noches vividas, lo que su cuerpo experimentaba y pretendía engañarse sobre que eso tenía que significar algo.
Amy había contratado al investigador, pagando así una gran suma por vigilancia completa de los movimientos del marido de su amiga. Ella había podido saber hasta quienes ingresaban a la oficina del empresario. El resultado fue el mismo. No hubo resultados concluyentes. David era fiel.
Luciana había averiguado que el lugar que le interesaba adquirir sería puesto en venta en pocos meses. Cuando David le comentó que iría de viaje de negocios, ella le comentó que también saldría del país.
-¿Dónde irás?- Preguntó
-Iré a Las Vegas con Amy. Hace mucho tiempo que deseo hacer una apuesta- No mentía, pero tampoco había dado muchas explicaciones
-Recuerda las cláusulas que tenemos. No hagas nada que pueda resultar humillante para mí como tu esposo- Recomendó
Luciana reprimió su deseo de gritarle por insinuar que podría ser infiel y dejarlo en ridículo. En lugar de eso, sonrió con suficiencia.
-David, ¿Acaso eres celoso o inseguro? Así como me recuerdas que debo ser fiel he llegado a considerarlo- Él se rió con burla
-Sabes bien que ese no es el caso, Luciana. Lo que hagas puede significar que pierdas mucho dinero y no dudo que tus padres paguen con gusto- Él sabía que el matrimonio Montreal lo detestaba
-Tienes razón, David. Mis padres te odian y aún no defino si están en lo correcto o no. De igual manera no debes preocuparte porque yo sola podría pagar la compensación económica si conozco a alguien mejor que tu y caigo en la tentación- Ella caminó a la habitación principal y llamó a Amy
David se quedó de pie en la sala, perplejo. No podía creer que su esposa le hubiese hablado de esa manera si era ella quien lo había mirado por años. ¿Acaso se había aburrido de la vida matrimonial o había conocido a otro hombre?
Luciana tenía una sonrisa en su rostro mientras esperaba que Amy contestara. ¿David creía que podría hacerla sentir mal? Se equivocaba. Ella no siempre estaría callada y ya había soportado demasiado su indiferencia. Podía estar enamorada, pero eso no la haría babear por él... mucho menos besar el suelo por el que caminaba.
Amy respondió al segundo tono.
-Esperaba que me llamaras ¡Dime que tienes buenas noticias!- Habló apresurada, casi eufórica
-Claro que sí, reina. Vamos a Las Vegas- Dijo aun sonriendo
-¿Viajaremos para celebrar tu divorcio?- Preguntó Amy cruzando sus dedos
-No. Todavía no voy a divorciarme- David entró a la habitación y escuchó aquello. Sintió dudas- Tenemos que ir a probar nuestra suerte, ya no recuerdo la última vez que fui al casino
Luciana miró a su esposo y lo ignoró.
-¿De qué hablas? ¿Iremos al casino? ¿Qué planeas?- Amy no entendía nada
-Si, reina. Claro que si. Siento que la buena fortuna está de mi lado y que tendré suerte- Amy comprendió que su amiga no podía hablar
-El burro mujeriego está contigo- Luciana se rió
-Si reina. Tienes razón- Le dijo soltando una carcajada
-¿De verdad iremos a Las Vegas?- Preguntó
-Si, comienza a preparar tu maleta. Haré las reservaciones- Luciana colgó la llamada con una amplia sonrisa
Los motivos del viaje no serían para apostar, sino para invertir. Lisandro había seleccionado el lugar adecuado. Con una fuerte inversión y el personal adecuado, podría ganar una fortuna a largo plazo. Era la ciudad del pecado, de la tentación, de los negocios... eso significaba gran cantidad de gente poderosa.
Luciana sabía que su proyecto era ambicioso. Demasiado. Pero si ella apostaba a algo lo haría con seguridad. L.M Aeternum sería un éxito, así debiera trabajar de sol a sol.
Además, Luciana comenzaba a pensar que ese proyecto ambicioso tendría más posibilidades de éxito que su matrimonio.
David se cruzó de brazos.
-¿Acostumbras a escuchar conversaciones privadas?- Preguntó luego de algunos segundos mirándolo fijamente
-No juegues conmigo ni con mi paciencia, Luciana. Aunque ganar dinero me resulta tentador... no quiero que mi nombre acabe por el suelo o en los titulares como el esposo cornudo del año- Ella sonrió
-No estoy jugando. No cometeré ese tipo de error. Me consideras muy poco inteligente y te juro que sacarte de tu error ya no es algo que me quite el sueño. Ahora sí me permites, debo hacer las reservaciones a menos que desees hacerlas tu. Si no es así, puedes molestarme más tarde- David salió de la habitación molesto
Él no entendía a que estaba jugando su esposa, pero estaba pensando que ella quería estar con otro hombre. Deseaba que el divorcio ocurriera, aunque no si su nombre era ensuciado públicamente. Eso le provocaría una pérdida así ganara dinero.