En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Un año
Los días comenzaron a sucederse con una tranquilidad que Lila jamás había conocido.
Un amanecer daba paso al siguiente.
Las estaciones cambiaban.
Las hojas verdes se transformaban en tonos dorados, luego el invierno cubría los jardines con una ligera escarcha y, cuando menos lo esperaba, las flores volvían a llenar los patios del templo.
Sin darse cuenta...
Había pasado un año.
Un año entero.
A veces, al despertar, Lila se quedaba unos segundos sentada sobre su cama.
[Ya pasó un año...]
[Todo ocurrió tan rápido.]
Y entonces sonreía.
Porque, por primera vez en sus dos vidas, un año había transcurrido sin miedo.
Sin enfermedad.
Sin golpes.
Sin esperar que ocurriera una desgracia.
Durante aquellos doce meses había seguido con disciplina la recomendación de Mohys.
Cada mañana, antes de asistir a clases, recorría varias veces los senderos del templo.
Lo que comenzó siendo una simple caminata terminó convirtiéndose en una rutina de ejercicio.
Aprendió a correr.
A fortalecer sus piernas.
A mantener el equilibrio.
A levantar pequeños sacos de arena que utilizaban los aprendices más jóvenes para desarrollar fuerza.
Su cuerpo había cambiado mucho.
Seguía siendo una niña.
Pero ya no parecía tan frágil como el primer día.
Sus mejillas recuperaron un color saludable.
Sus brazos, aunque delgados, tenían más fuerza.
Y el constante cansancio provocado por la desnutrición había desaparecido por completo.
Cada pequeño cambio la hacía feliz.
[Es increíble...]
[Hace un año apenas podía caminar durante mucho tiempo.]
[Y ahora puedo correr varias vueltas sin detenerme.]
Aquello era un milagro para alguien que, en su vida anterior, había visto cómo su cuerpo se apagaba lentamente.
Pero el ejercicio no era lo único que llenaba sus días.
También descubrió aquello que más disfrutaba aprender.
Las pociones.
Y la sanación.
Aunque todavía no podía utilizar magia, asistía con enorme entusiasmo a todas las clases teóricas.
Tomaba apuntes con una caligrafía cada vez más ordenada.
Memorizaba nombres de plantas.
Aprendía qué hierbas calmaban el dolor.
Cuáles reducían la fiebre.
Cuáles eran peligrosas si se mezclaban incorrectamente.
Le fascinaba descubrir cómo la magia y la medicina convivían en ese mundo.
En las clases de sanación sucedía algo parecido.
Observaba atentamente a los magos explicar cómo circulaba el maná dentro del cuerpo.
Cómo una lesión interrumpía ese flujo.
Y cómo un hechizo correctamente realizado ayudaba al organismo a recuperarse.
Mientras los demás estudiantes practicaban pequeños hechizos, Lila solo podía mirar.
Pero nunca se sintió frustrada.
Al contrario.
[Ahora estoy aprendiendo las bases.]
[Cuando despierte mi magia...]
[Entenderé mucho mejor todo esto.]
Incluso algunos profesores comenzaron a notar algo curioso.
Lila hacía muchas preguntas.
Pero nunca preguntaba para presumir.
Lo hacía porque realmente quería comprender.
—¿Por qué esta planta pierde sus propiedades si se seca al sol?
—¿Por qué algunas heridas necesitan magia y otras sanan mejor solo con descanso?
—¿El maná acelera la curación o ayuda al cuerpo a curarse por sí mismo?
Aquellas preguntas hacían sonreír a los maestros.
No siempre conocían la respuesta completa.
Y cuando no la sabían...
Simplemente lo admitían.
—Es una buena pregunta.
Tendremos que investigarlo.
Eso le gustaba mucho a Lila.
En su vida anterior había conocido médicos que nunca dejaban de estudiar.
Aquel templo le transmitía exactamente la misma sensación.
Un lugar donde aprender era algo que nunca terminaba.
Fuera de las clases, su vida seguía siendo tranquila.
No hablaba demasiado con los demás aprendices.
No porque fuera antipática.
Sino porque todavía le costaba confiar completamente en las personas.
Los recuerdos de ambas vidas seguían presentes.
Por eso prefería escuchar antes que hablar.
Leer antes que opinar.
Observar antes que acercarse.
Sin embargo, los demás respetaban esa forma de ser.
Si coincidían con ella en la biblioteca, la saludaban con una sonrisa.
Si la veían entrenando, algunos levantaban una mano en señal de saludo.
Y cuando compartían mesa en el comedor, las conversaciones siempre eran amables.
Nadie la obligaba a hablar.
Nadie se burlaba de su silencio.
Nadie invadía su espacio.
Aquella tranquilidad le permitía sentirse cómoda.
[Es extraño...]
[Puedo estar rodeada de muchas personas...]
[Y aun así sentirme segura.]
Una tarde, mientras regresaba de la biblioteca con varios libros entre los brazos, se detuvo unos segundos en medio del jardín.
El viento movía suavemente los árboles.
Algunos aprendices reían mientras practicaban magia a lo lejos.
Las campanas del templo anunciaban el comienzo de una nueva clase.
Lila cerró los ojos y respiró profundamente.
El aire llenó sus pulmones con facilidad.
Sin dolor.
Sin esfuerzo.
Abrió lentamente los ojos.
Una sonrisa serena iluminó su rostro.
[Hace un año...]
[Pensaba que solo necesitaba sobrevivir.]
[Ahora...]
[Estoy viviendo.]
Y aquella diferencia era mucho más valiosa de lo que cualquier palabra podía expresar.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente
estos dos quien dará el primer paso 👌👌👌 no creo q sea a lia o tal vez me equivocoque jejjejej