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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

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Capítulo 15

El eco del cerrojo al caer nos dejó en un silencio íntimo, roto únicamente por el crujir de los leños en la chimenea y la ventisca del exterior.

Aleixandre se inclinó hacia adelante, apoyando una mano sobre el poste de madera del dosel, reduciendo la distancia entre nosotros hasta que pude sentir el calor que irradiaba su piel y percibir el olor a humo de cedro, nieve y acero limpio que parecía formar parte de su propia esencia. Sus ojos dorados y carmesí recorrieron mi rostro, deteniéndose en mis labios pálidos antes de descender hacia la manga suelta de mi camisa de dormir.

Sin pedir permiso, estiró los dedos y me tomó de la muñeca izquierda con una firmeza que no admitía resistencia, levantándola hacia la luz tenue de las velas.

La tela se deslizó hacia abajo.

Allí, sobre mi antebrazo pálido, la marca de nacimiento de la casa Fiargod ya no era una simple mancha oscura con forma de media luna. Se había expandido. Una maraña de líneas negras y violáceas, con la apariencia de raíces ardientes o venas impregnadas de tinta volcánica, se extendía desde la base de mi palma hasta el codo, pulsando al compás de los latidos de mi corazón con un tenue resplandor fosforescente.

—El despertar de la sangre primordial —murmuró Aleixandre en voz baja, pasando la yema del pulgar sobre la piel tatuada por la magia. Su tacto fue inesperadamente suave, un contraste desconcertante frente a la brutalidad de su aspecto, provocando que un escalofrío involuntario me recorriera la espina dorsal—. Hace dos siglos que ninguna mujer en los siete ducados exhibe este sello sin que su cuerpo colapse en una combustión espontánea. Las inquisiciones imperiales creían haber exterminado la estirpe de las brujas de sangre cazando a cada madre e hija en sus cunas. Pero cometieron el error clásico de los tiranos: creyeron que arrancando las ramas podían matar a la raíz.

—Mi madre me enseñó a ocultarla desde que era una niña —confesé, sintiendo el calor de sus dedos quemar sobre mi pulso acelerado—. Me obligaba a lavarme los brazos con vinagre de acónito y polvo de cal para apagar el brillo. Me decía que si los sacerdotes del sol veían esto en mí, mi padre me entregaría a la pira ceremonial sin dudar un instante. Y tenía razón. En mi primera... en todos estos años, mi padre solo vio en mí una mercancía para tapar sus agujeros financieros.

Aleixandre alzó la vista y sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad demoledora.

—Tu padre es un gusano cobarde que solo sabe arrastrarse donde el sol calienta más fuerte —dijo con un desprecio absoluto—. Pero ya no estás bajo el techo de los Fiargod, Eleanor. Estás en las Fauces del Dragón. Aquí, el fuego no se oculta bajo las faldas; se forja en lanzas para atravesar a los enemigos.

Soltó mi muñeca con lentitud, pero no se apartó. Se enderezó cuan largo era y caminó hacia la mesa de roble, tomando un pliego de pergamino grueso sellado con lacre escarlata y el sello de oro fundido del águila bicéfala imperial.

Me arrojó el documento sobre las mantas del lecho con un gesto seco.

—Llegó hace seis horas a través de un halcón mensajero imperial escoltado por una brigada de la caballería ligera —dijo, cruzándose de brazos mientras observaba mi reacción—. Parece que tu estimado ex-prometido ha estado muy ocupado en la capital mientras tú dormías plácidamente.

Tomé el pergamino con manos firmes. Rompí el lacre imperial con una uña y desplegué el texto escrito en caligrafía cortesana impecable, adornada con el encabezado solemne del tribunal de la santa fe del sol y la firma personal del príncipe regente Aedric von Valenor.

Mis ojos devoraron cada línea con una voracidad fría:

*“A todos los vasallos, duques, marqueses y señores libres del Imperio de Valenor: Por decreto soberano de su majestad imperial Charles IV y del príncipe heredero Aedric, se declara a Eleanor de la rama principal de la casa Fiargod como traidora convicta, apóstata de la fe solar y bruja de sangre abominable. Habiendo intentado atentar contra la sagrada vida del príncipe y recurrido a las artes prohibidas de la nigromancia en presencia de los doce ducados, queda despojada para siempre de sus títulos nobiliarios, sus tierras patrimoniales y la protección de la ley de los hombres.*

*Se ofrece una recompensa de quinientas mil monedas de oro macizo y el título de vizconde imperial a cualquier caballero o mercenario que entregue su cabeza ante las puertas de la catedral de la capital.*

*Asimismo, para reparar el agravio público infligido a la corona y preservar la estabilidad de las provincias agrícolas del sur, se anuncia formalmente el compromiso sagrado de su alteza el príncipe Aedric con Lady Lyra Fiargod, quien ha demostrado su inquebrantable pureza, lealtad y devoción filial al denunciar las conspiraciones demoníacas de su prima ante el consejo imperial. El matrimonio y la coronación se celebrarán al término del solsticio de primavera.”*

Un silencio sepulcral se apoderó de la habitación.

Durante unos segundos, lo único que se escuchó fue el roce seco del pergamino entre mis dedos.

Esperé sentir dolor. Esperé que una lágrima de nostalgia, una punzada de angustia o el remordimiento por la familia perdida me apretara el corazón como en mi juventud pasada. Pero no hubo nada. Absolutamente nada excepto un vacío gélido que se llenó en el acto por una marea de furia negra, pura y embriagadora.

Quinientas mil monedas de oro por mi cabeza.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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