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La Mirada Del Destino

La Mirada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Una mirada puede cambiarlo todo; la de él es un enigma indescifrable. Ella tiene apenas veinte años, una vida por delante y unos ojos azules llenos de inocencia. Él, diez años mayor, lleva marcada en el rostro la severidad de un pasado intransigente y en sus ojos oscuros una frialdad capaz de intimidar a cualquiera. Sus caminos no debían cruzarse, pero el destino no pide permiso. Entre el misterio de un secreto silenciado y la tensión innegable que surge cada vez que sus miradas se encuentran, ambos se verán arrastrados a un juego donde las barreras de la razón colapsan. Él intentará mantener la distancia para protegerla de sus propios demonios, pero la determinación de ella romperá cada una de sus defensas. ¿Es posible encontrar el amor en la mirada más fría? Una apasionante historia de tensión, secretos inconfesables y una atracción inevitable que te mantendrá en suspenso desde el principio.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una mala interpretación

El sol de la mañana comenzaba a elevarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados cuando Isabela terminó de arreglarse frente al espejo.

Vestía un traje de líneas sencillas pero impecables, y en su bolso de mano guardaba el sobre blanco que contenía su carta de renuncia irrevocable.

Antes de salir, caminó a pasos silenciosos por el pasillo de la casa nueva hasta la habitación de su hijo. La luz matutina se filtraba suavemente por las persianas, iluminando el rostro dormido de Ethan. El pequeño descansaba abrazado a su oso de peluche, respirando con una tranquilidad arrulladora. Isabela se inclinó sobre la cama con infinita ternura, retirándole un mechón de cabello negro de la frente para depositarle un beso suave en la mejilla.

—Te amo, mi amor —susurró en apenas un aliento—. Unas horas más y nos iremos para siempre.

Con el corazón más ligero y la determinación blindada, se despidió de Miranda en la cocina y tomó un taxi directo hacia la Torre Rossi. Estaba decidida: entregaría el documento en las propias manos de Renzo, cerraría cualquier canal de comunicación y compraría los boletos de avión para regresar a Madrid esa misma noche.

El trayecto en el ascensor ejecutivo hasta el último piso transcurrió en absoluto silencio. Cuando las puertas se abrieron en el piso de la presidencia, Isabela caminó con paso firme por el pasillo de madera noble, ignorando la mirada inquisitiva de la secretaria. Sin llamar a la puerta, empujó la entrada doble del despacho.

Renzo permanecía de pie junto al ventanal, con una taza de café negro en la mano y la chaqueta del traje ligeramente desabotonada. Al escuchar los pasos, se giró despacio. La sorpresa inicial en su rostro dio paso a una expresión de cautela y turbación; aún pesaba sobre él la vergüenza por el incidente del auto y el amargo sabor de la confrontación del día anterior con Gustavo Valenzuela.

—Isabela... —murmuró Renzo con la voz grave, dando un paso cauto hacia ella—. No esperaba verte tan temprano.

Isabela no se detuvo hasta quedar a un metro de su escritorio. Sin pronunciar una sola palabra de cortesía, abrió su bolso, extrajo el sobre blanco y lo depositó con absoluta firmeza sobre la madera pulida de la mesa.

—Es mi carta de renuncia irrevocable, señor Rossi —declaró Isabela con una voz helada, limpia de cualquier temblor—. A partir de este momento cesan mis funciones como consultora a cargo de la auditoría. Mi firma asumirá las cláusulas de rescisión que correspondan, pero mi estadía en esta empresa y en esta ciudad ha terminado.

Renzo se quedó petrificado. Sus ojos oscuros se clavaron en el sobre blanco y luego se elevaron hacia el rostro de la joven, desencajándose en una mezcla de incredulidad y desesperación repentina.

—¿De qué estás hablando? —exclamó Renzo, dando un paso decidido hacia ella, ignorando por completo la distancia que ella intentaba marcar—. Tienes un contrato firmado. No puedes simplemente tirar meses de trabajo y marcharte así. Si es por lo que ocurrió en el auto o por la intromisión de Gustavo, te aseguro que...

—No se trata de Gustavo ni de sus disculpas, señor Rossi —lo cortó Isabela con la barbilla en alto—. Se trata de mi paz. No voy a seguir exponiéndome a este ambiente. Le pido que firme el recibido para retirarme de inmediato.

Renzo extendió la mano hacia el sobre, pero antes de que pudiera tocarlo, el sonido estridente del teléfono móvil de Isabela rompió la tensión en la oficina.

Isabela echó una mirada rápida a la pantalla. Era Miranda. Un mal presagio le oprimió el pecho al recordar que Miranda jamás la llamaba en horario laboral a menos que se tratara de una emergencia.

—Permítame un segundo —pidió Isabela, dando un paso atrás para contestar.

—Isabela... —la voz de Miranda al otro lado de la línea sonaba entrecortada, sofocada por el pánico y el ruido de fondo de una ambulancia—. ¡Tienes que venir de inmediato!

A Isabela se le congeló la sangre en las venas. El color desapareció por completo de su rostro.

—¿Qué pasó, Miranda? —preguntó Isabela con un hilo de voz temblorosa, aferrándose al teléfono con los nudillos blancos.

—¡Es Ethan! —gritó Miranda al borde del llanto—. Se despertó con mucha fiebre, empezó a convulsionar y casi no puede respirar. La ambulancia va camino al hospital central en este momento. ¡Isabela, ven por favor!

El mundo de Isabela se desmoronó en una fracción de segundo. El aire se le escapó de los pulmones y un sollozo ahogado escapó de sus labios.

—¡Dios mío, no! ¡Mi vida, Ethan! —exclamó Isabela con la voz desgarrada por la angustia, olvidando por completo dónde estaba y quién la observaba—. ¡Diles que voy para allá! ¡Resiste, Ethan, mi amor, ya voy! ¡Voy para el hospital ahora mismo!

Isabela cortó la llamada con manos torpes, guardó el teléfono a toda prisa y se giró para salir corriendo hacia la puerta, impulsada por el instinto desesperado de una madre que siente que la vida de su hijo pende de un hilo.

Sin embargo, a escasos centímetros de la salida, Renzo reaccionó.

Afectado por las palabras de Isabela y nublado por su propia ceguera, la mente de Renzo había procesado la conversación de la peor manera posible. Al escuchar el tono apasionado, desesperado y desgarrador con el que ella pronunciaba ese nombre masculino desconocido “Ethan”, el pecho de Renzo se llenó de un veneno oscuro y destructivo. La rabia, el despecho y los celos más salvajes se apoderaron de su juicio en una fracción de segundo. Creyó con ciega convicción que esa mujer fría e inalcanzable, que lo había rechazado con tanto orgullo en el auto, estaba sufriendo desesperadamente por otro hombre; un amante o una pareja secreta a quien llamaba "mi amor" y por quien estaba dispuesta a abandonar todo.

Renzo dio dos pasos agigantados, estiró el brazo y tomó a Isabela con firmeza por la muñeca, frenando de golpe su carrera hacia la salida.

—¡Suéltame! —gritó Isabela, intentando zafarse con una fuerza desesperada mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

—¿Quién es Ethan? —exigió Renzo con la voz rasposa, alterada y cargada de una rabia peligrosa, apretando la garra sobre su muñeca mientras la obligaba a mirarlo a los ojos—. ¿Es por él por quien te vas? ¿Por ese hombre por el que lloras así frente a mí?

Isabela lo miró con una mezcla de horror e incredulidad, sintiendo que la ignorancia de él rozaba la crueldad más pura en el peor momento de su vida.

—¡No me toque! ¡No tiene idea de lo que está diciendo! —chilló Isabela fuera de sí, golpeando con la mano libre el pecho de Renzo para liberarse—. ¡Dejeme ir, por lo que más quiera en este mundo, déjeme ir!

—¡No te vas a ir de aquí hasta que me digas quién es! —bramó Renzo, ciego de celos y desesperación, bloqueando la puerta con su cuerpo imponente, ignorando por completo que el ser por el que ella lloraba llevaba su misma sangre y luchaba por su vida a pocos kilómetros de allí.

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Telcel Cruzad
yo creo que si ,va a,ser su papá
Mariadelosangeles Londoño
🤣🤣🤣🤣
Mariadelosangeles Londoño
esta super la siguiente parte por favor
Alexandra Ortiz Posada
Renzo se portó a la altura, es un guerrero defendiendo su familia 🥰
Kim Nava
no falta más
malo que sabiendo la verdad todavía quisieras hacerle daño
Kim Nava
sabía es su hija
espero isabela o Renzo sospechen eso
Kim Nava
jajajajaj en sus caras
magnífico Renzo
pero sigan teniendo cuidado
Kim Nava
😲😲😲😲 no es lo que me estoy imaginando o si
Kim Nava
Elana va a dar más rápido con el Secreto de Isabela que Renzo es que este no piensa nada 🙄
Kim Nava
tenían que hacerlo lo más difícil
Kim Nava
ok pero espero después de este encuentro no oculte a su hijo Renzo no tuvo culpa pero ella tampoco los dos están pensando mal el uno al otro a ver que pasa no sea la típica historia
Kim Nava
ose que ella trabajando para el y no me digan que ni siquiera una foto vio de el por qué si es el famoso empresario por más las revistas saldria
Kim Nava
es enserio 6 años y no pudo dar con isabela
no estan poderoso entonces 🙄
y ahora este matrimonio y con una niña Rica de las que se encaprichan
Kim Nava
por que la cual el sabía también sus disque amigos lo llevaron ahi
Liliana Torres
No puede ser , la vida y su destino
Cliente anónimo
Hola espero con ansias l actualización de la historia es muy buena
keila arias
Magnífico Renzo
Maria Mongelos
Isabella se encontró con la abuela de Ethan
Maria Mongelos
Veremos si no no das marcha atrás Rossi cuando la veas
Maria Mongelos
Y si, hay consecuencias, una muy linda para ella, por lo menos es una mujer que salió adelante y triunfó
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