Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:12
KAELAN EISEN:
Suelto un leve resoplo entre divertido y resignado, mientras contemplo la figura de mi esposa avanzando hacia mí.
Apenas unos minutos atrás dormía como un ángel sobre mi cama de pieles y ahora parece una criatura nocturna hambrienta de problemas y la brisa helada del campamento le eriza la piel de los hombros, pero a ella no parece importarle en absoluto el frío.
—Escuchando conversaciones ajenas de madrugada, mi señora... Qué mala costumbre para la duquesa Eisen.
Respondo sin moverme de mi sitio junto a la mesa de mapas, aunque mis ojos siguen cada uno de sus movimientos con atención impecable.
Arabella se detiene justo frente a mí apoyando las manos sobre la mesa de madera, sobre la que descansa el plano de la frontera mientras su vestidito arrugado y manchado de hollín, contrasta de una forma ridícula con la seriedad del mapa militar y la gravedad de la guerra que se nos viene encima.
—No eran ajenas queridito, estaban hablando de un tema que me concierne.
Sonríe de lado inclinándose un poco hacia mi rostro y sus ojos azules brillan en la penumbra con una chispa peligrosa.
—Además ¿Un dragón? Vaya, mi suerte en este mundo es sensacional. Mi destino era un príncipe aburrido y manipulador, pero frente a mi está un enorme monstruo de fuego con armadura... ¡Me encanta!
—Un monstruo que está a punto de liderar una vanguardia al amanecer.
La corrijo con tono suave mientras atrapo su barbilla con dos de mis dedos para detener su avance travieso.
—Y tú deberías estar dentro de la tienda descansando... El frente de batalla no es una fiesta Arabella. Las tropas del enemigo están a solo tres leguas de este claro.
Arabella no se echa atrás, al contrario, me muerde ligeramente el dedo con el que la sostengo antes de soltar una risita suave que me recorre la columna como una descarga eléctrica.
—¿Descansar? Por favor Kaelan, la sola idea de ver a tu ejército destrozar a las fuerzas del enemigo me tiene demasiado excitada para dormir. Si piensas ir a la guerra sin mí, te juro que le prenderé fuego a todo este lugar.
—No tientes a tu suerte mi señora.
Murmuro dejando escapar un hilo sutil de vapor caliente entre mis labios, un reflejo incontrolable de mi naturaleza dragón ante su cercanía.
Arabella abre los ojos con fascinación pura al ver el rastro de humo salir de mi boca. Extiende un dedo descarado y me toca el labio inferior, saboreando el calor de mi piel.
—Tan caliente... Me vuelves completamente loca, duque.
Susurra con una voz profunda que me exige un autocontrol sobrehumano.
— Mañana iré hacía la batalla, no iré al frente por qué obviamente no tengo la misma destreza, pero estaré cerca para apoyar... No como tu adorno, sino como la mujer que va a ver cómo reduces a cenizas a los que intentaron matarte.
La miro fijamente en el silencio de la noche... La antigua Arabella habría estado llorando en un rincón, temblando por el pánico de la guerra inminente o enviando cartas secretas al príncipe, pero esta mujer... Esta loca destructiva que habita su cuerpo mira el peligro como si fuera un juego delicioso.
—Si vas a venir conmigo.
Digo tomándola de la cadera para pegarla a mi cuerpo acorazado y sintiendo su calor contra el metal frío.
—Vas a tener que quitarte ese vestido rosa y ponerte algo con lo que realmente puedas moverte... Y lo más importante... Obedecerás mis órdenes en todo momento.
—¿Yo? ¿Obedecer?
Arabella echa la cabeza hacia atrás y suelta una carcajada escandalosa que hace que los guardias de la ronda lejana se giren preocupados.
—Querido Kaelan, tú pones la fuerza bruta y el fuego de dragón... Yo pongo la chispa que falta... Y mañana ese el enemigo sabrá con qué ejército se está enfrentando.
Ella sonríe ampliamente mientras un escalofrío recorre mi columna.
ARABELLA:
La noche con el duque fue extremadamente deliciosa y una sonrisa se forma en mis labios al pensar en lo divertida que será mi vida de ahora en adelante.
Observo a mi alrededor y Kaelan no se encuentra así que supongo que ya debe estar reuniendo a las tropas. Así que me levanto de esa cama de pieles, me aseo con un cubo de agua caliente que estaba en una esquina y con ojos alegres observo la ropa que estaré usando en esta batalla.
Consiste en un sencillo pantalón de cuero ajustado de tono negro azabache que se ciñe a mis caderas y muslos como una segunda piel, dándome una libertad de movimiento envidiable que jamás habría tenido con esas ridículas faldas de la nobleza.
La camisa es de lino blanco fino, de mangas ligeramente abullonadas que se ajustan en los antebrazos con brazales de cuero marrón con broches de bronce; lleva un escote en V pronunciado que deja ver la piel de mi pecho marcada con ligeros sonrosados, recuerdo de la noche devoradora que pasé con mi esposo.
Sobre la camisa, Kaelan me dejó un corsé táctico de cuero reforzado con placas metálicas oscuras en los costados, hecho para proteger mis órganos vitales sin restarme agilidad.
Ajusto las correas del corsé con fuerza, sintiendo cómo resalta mi cintura mientras moldea mis curvas de una forma peligrosamente atractiva.
Me calzo unas botas altas de cuero negro que me llegan casi hasta las rodillas, con suelas gruesas ideales para pisar barro, sangre o cenizas.
Y para coronar el atuendo, en el cinto de cuero que abrocho a mi cadera cuelgan dos fundas: una para mi fiel daga de combate y otra para un juego de tres cuchillos arrojadizos de hoja fina que encontré sobre la mesa de la tienda.
Con una sonrisa, me recojo el cabello en una trenza alta y despeinada, dejando solo unos pocos mechones sueltos encuadrando mi rostro y me miro en el pequeño espejo de bronce pulido de la mesa. La combinación del lino blanco, el cuero negro ajustado y la chispa desquiciada en mis ojos azules me hace ver como una auténtica reina de la guerra.
—Adiós a la santita rosa pastel... Hola a la verdadera pesadilla del enemigo.
Murmuro para mí misma con una sonrisa maliciosa.
Tomo una capa ligera de lana gris oscuro para cubrirme los hombros y salgo de la tienda con una felicidad inmensa, pero todo se desvanece al ver a la persona que está frente a mi tienda.
—¡Arabella! Que alegría que estás bien.
Dice acercándose a mí y me envuelve en sus brazos tomándome desprevenida.
—Estuve muy preocupado por ti, pero que bueno que estás bien.
Dice separándose de mí para luego poner sus manos en mis hombros y mirarme de arriba abajo haciendo una mueca de asco.
—Mira que llevas puesto ¿Ese imbécil te obligó a llevar este horrible atuendo? No te preocupes, te compraré todos los vestidos que gustes... Arabella te escribí varias cartas pero...
No lo dejo terminar y lo miro frunciendo el ceño con una mirada fría.
—Alteza en primer lugar, duquesa de Eisen para usted, no somos cercanos y soy una mujer casada. Y en segundo lugar, quite sus manos de mis hombros, detesto que me toquen sin mi permiso.
Valerius
eso Lyra pon en práctica las técnicas que te dice la duquesa🤭
pero si Lyra esos consejos te servirán