Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Antony Parisi 1
Siguieron conversando y Ellie se descubrió observando los ojos verdes de Antony.
Eran bonitos.
Muy bonitos.
Tenían un tono intenso que le recordaba a las piedras preciosas que había visto en algunas joyas de la mansión.
[¡Vaya!].
Apartó la mirada con naturalidad.
[El hermano de Gemma es bastante atractivo].
Se quedó pensando un momento.
[¿Cuántos años tendrá exactamente?].
No se atrevió a preguntarlo.
Por el momento, era suficiente con saber que era un hombre educado, agradable y con una sonrisa encantadora.
Además, ella solo había ido a recoger una poción.
Una poción.
No necesitaba convertir una visita breve en una investigación sobre la vida personal de un desconocido.
[Compórtate, Ellie. Has venido por tu rostro, no por los ojos verdes de nadie].
La joven tomó su bolso y se acomodó en el asiento.
Antony pareció notar su pequeño gesto.
—¿Se encuentra bien?
—¡Sí! Perfectamente.
Su respuesta fue tan rápida que él levantó una ceja.
Ellie sonrió con inocencia.
—Estaba pensando en la poción.
—¿La poción?
—Sí. Llevo varios días esperando a que esté lista.
Antony asintió.
—Entonces debe de ser importante para usted.
Ellie lo miró.
Y, por alguna razón, decidió que no tenía sentido ocultarlo.
—Lo es. Quiero verme todavía más bonita.
El hombre guardó silencio durante un instante.
Después sonrió lentamente.
—¿Todavía más bonita?
Ellie sintió una pequeña punzada de vergüenza.
Pero solo una pequeña.
Porque, después de todo, ¿qué tenía de malo reconocer sus propias virtudes?
Levantó la barbilla con elegancia.
—Por supuesto. Una debe cuidar de sí misma.
Antony se llevó una mano a la boca, ocultando una sonrisa.
—No esperaba una respuesta tan directa.
—¿Por qué? ¿Cree que no debería querer verme bonita?
—No he dicho eso.
Sus ojos verdes brillaron con diversión.
—Solo me ha sorprendido su sinceridad.
Ellie cruzó las manos sobre el regazo.
—Pues debería saber que soy una mujer muy sincera.
Antony inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso parece.
La joven lo observó.
Él la observó a ella.
Y entonces, sin que ninguno de los dos pudiera evitarlo, sonrieron.
Había algo divertido en aquella conversación.
Algo ligero.
Algo que hacía que Ellie se sintiera cómoda, como si estuviera hablando con alguien a quien conocía desde hacía más tiempo.
—¿Y qué espera conseguir con esa poción?
Ellie abrió la boca para responder.
Después la cerró.
Miró al techo durante un instante, como si estuviera considerando la pregunta con la mayor seriedad posible.
Finalmente, volvió a mirarlo.
—Espero que mi piel se vea más uniforme y bonita. Ya sabe, menos manchas, menos imperfecciones...
Hizo una pausa.
—Y, si además me ayuda a lucir radiante en mi fiesta de mayoría de edad, consideraré que ha sido una excelente inversión.
Antony rio suavemente.
—¿Una inversión?
—¡Por supuesto! El cuidado personal requiere planificación.
—No lo había considerado desde ese punto de vista.
—Pues debería hacerlo.
Ellie le dedicó una sonrisa encantadora.
—La apariencia es importante.
Antony apoyó la espalda en el asiento.
—¿Y qué sucede si la poción no produce el resultado que espera?
Ellie se quedó pensativa.
Después sonrió con absoluta tranquilidad.
—Entonces seguiré siendo hermosa de todas maneras.
El hombre soltó una carcajada.
Una risa auténtica, cálida, que hizo que sus ojos verdes parecieran todavía más brillantes.
Ellie también se rio.
[¡Ja! ¡Lo hice reír!].
Se sintió extrañamente orgullosa.
Había algo agradable en hacer sonreír a una persona que acababa de conocer.
Y Antony, por su parte, parecía cada vez más interesado en aquella joven noble que hablaba de su belleza con una seguridad encantadora, que podía pasar de una conversación sobre libros a una sobre pociones sin perder el entusiasmo y que no parecía preocupada por impresionar a nadie.
—Señorita Viceroy, creo que su familia tiene motivos para estar orgullosa de usted.
Ellie parpadeó.
—¿Por qué?
—Porque parece saber exactamente lo que quiere.
La joven se quedó callada durante un segundo.
Después sonrió.
—Lo sé.
[¡Quiero libros, vestidos, maquillaje, pasteles y una vida tranquila!].
Antony no tenía manera de saber que, detrás de aquella sonrisa, Ellie estaba haciendo una lista mental de todas las cosas maravillosas que deseaba disfrutar en su nueva vida.
Y tampoco sabía que la joven que tenía delante había pasado una existencia entera trabajando para pagar sus caprichos y ahora estaba decidida a aprovechar cada una de las oportunidades que le ofrecía su nueva posición.
Ellie, por su parte, todavía desconocía casi todo sobre Antony Parisi.
No sabía a qué se dedicaba exactamente, dónde vivía ni cuáles eran sus planes.
Solo sabía que era el hermano de Gemma, que tenía unos ojos verdes preciosos y que conversar con él resultaba sorprendentemente agradable.
Y eso, por el momento, le parecía suficiente.
Hasta que recordó el verdadero motivo de su visita.
Se levantó de repente.
—¡La poción!
Antony se quedó mirándola.
Ellie se llevó una mano a la frente.
—¡Casi lo olvido! El señor Müller me dijo que estaba guardada en un cofre y dentro de una bolsa.
Antony señaló una puerta lateral.
—Creo que mencionó que estaba en la habitación contigua. Puedo acompañarla, si lo desea.
Ellie sonrió.
—Muchas gracias, señor Parisi.
El hombre se puso de pie y caminó hacia la puerta.
Ella lo siguió.
Mientras avanzaba, no pudo evitar pensar que aquella mañana estaba resultando mucho más entretenida de lo que había previsto.
Había venido por una poción.
Había encontrado a Antony.
Y había descubierto que, además de libros, vestidos y pasteles, quizá su nueva vida también podía ofrecerle conversaciones inesperadamente agradables.
[¡Qué maravilla!].
Sin embargo, mientras caminaba detrás del hombre de ojos verdes, Ellie se recordó a sí misma que no debía sacar conclusiones precipitadas.
Solo estaba siendo amable.
Él también.
Y ella tenía demasiadas cosas que hacer antes de la fiesta de mayoría de edad como para distraerse con un desconocido atractivo.
[Primero la poción. Después la fiesta. Y después...].
Se detuvo mentalmente.
[¡Después los libros!].
Sí.
Ese era el plan.
Un plan excelente.
Un plan perfectamente organizado.
Un plan que, por supuesto, no contemplaba en absoluto la posibilidad de que Antony Parisi volviera a sonreírle de aquella manera.
Porque, si lo hacía...
Bueno.
Ellie era una mujer coqueta.
Y tampoco podía exigírsele que fuera de piedra.
Felicitaciones🌺💐