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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: En el laberinto de hierro

«Los túneles de la ciudad guardan aquello que los hombres prefieren sepultar: los desperdicios, las tuberías y las memorias que nadie quiso comprar.»

— Tratado de la Arquitectura Olvidada»

El motor rugió en la penumbra.

Las ruedas de hierro masticaron la grava húmeda del túnel.

El vehículo salió disparado justo cuando las primeras detonaciones resonaron a sus espaldas.

Chispas de metal rebotaron contra la carrocería de la camioneta.

Los hombres de la Orden habían abierto fuego desde la pasarela superior.

Kael apretó el volante con los nudillos blancos.

No había faros encendidos.

Solo la tenue luz azul de la esfera en el salpicadero iluminaba el salpicadero y el rostro pálido de Lyra.

—A la derecha —dijo Lyra de golpe, sin alterar la voz.

—No veo nada, Lyra —respondió Kael, ajustando la vista a la negrura.

—Gira a la derecha en tres metros. Hay un conducto de ventilación secundario.

Kael obedeció a ciegas.

Dio un volantazo violento.

El vehículo derrapó sobre el suelo resbaladizo y se internó en una galería más estrecha.

El eco de los disparos se amortiguó al instante.

El olor a humedad se volvió casi asfixiante.

—¿Cómo sabes que esto estaba aquí? —preguntó Kael, intentando estabilizar la marcha.

—Hace once años vi un mapa de la red hidráulica durante cuatro segundos en el despacho de tu madre.

Lyra se ajustó el abrigo sin mirarlo.

—Está en el sector tres. Sigue recto.

Kael sintió un escalofrío.

Para Lyra, cuatro segundos vistos hace más de una década eran tan nítidos como si tuviera el plano desplegado entre sus manos.

El vehículo avanzó a través de la red de tuberías subterráneas.

Tramos de óxido, rejas caídas y sombras oscilantes pasaban a toda velocidad.

Poco a poco, el ruido de la persecución comenzó a perderse en la distancia.

El laberinto bajo la ciudad los devoraba con gusto.

Kael redujo la velocidad.

El pulso, que le había retumbado en las sienes durante toda la huida, comenzó a desacelerarse.

Dejó que el vehículo avanzara a medio gas.

El silencio volvió a ser denso.

Un silencio pesado, cargado con el peso de la ausencia de Elena.

—Se ha ido —susurró Kael.

Las palabras salieron de su garganta como un aliento amargo.

No miró a Lyra. Mantivo la vista fija en la penumbra del túnel.

—Elena conocía las probabilidades —dijo Lyra.

Su tono era seco, casi clínico, pero Kael notó un leve temblor en sus dedos.

—Tenía un ochenta y siete por ciento de posibilidades de ser capturada si se quedaba. Y un cien por ciento si intentaba bajar con nosotros.

—No me hables de estadísticas, Lyra —dijo Kael, endureciendo la voz.

—No son estadísticas, Kael. Es la verdad.

Lyra giró la cabeza hacia él. Sus ojos reflejaban la diminuta luz azul de la esfera.

—A ti te borraron el dolor. A mí me lo dejaron todo.

Kael se quedó en silencio.

El remordimiento lo golpeó con fuerza.

Ella tenía razón.

Él había olvidado durante dos décadas.

Lyra había contado cada segundo de la ausencia de su madre, cada detalle del día en que la red de los Custodios se desmoronó.

—Lo siento —murmuró Kael.

El vehículo emergió finalmente a una caverna más amplia.

Allí, el techo se elevaba decenas de metros.

Haces de luz sucia descendían desde enormes rejillas situadas en las calles de la ciudad alta.

Bajo esa luz cenicienta, las estructuras de la vieja infraestructura parecían esqueletos metálicos.

Habían llegado a las Subestructuras.

La zona cero de la ciudad abandonada.

Kael apagó el motor.

El silencio los envolvió por completo, interrumpido solo por el goteo constante del agua.

Tomó la pequeña esfera de cristal azul que descansaba en la caja.

Al tocarla, una pulsación cálida recorrió la palma de su mano.

Una resonancia.

No era una memoria del pasado.

Era un murmullo de algo que aún no había ocurrido.

—Nivel Cero —dijo Kael, mirando hacia la penumbra del fondo de la caverna.

—Ahí es donde empezó todo —añadió Lyra.

Kael guardó la esfera en su chaqueta y bajó del vehículo.

Miró hacia arriba, hacia la luz distante de la ciudad que acababan de dejar atrás.

El juego había cambiado.

Ya no eran fugitivos buscando respuestas.

Eran la última pieza de una guerra que apenas empezaban a comprender.

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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