Un hombre común de la Tierra muere atropellado y reencarna en la prehistoria, en el salvaje mundo de Pristokia. Pero no despierta indefenso: viene acompañado por el "Sistema del Árbol Sagrado Primordial", el cual fusiona en su cuerpo el poder divino absoluto de Kaguya, Hagoromo y Hamura Otsutsuki. Con el control total del espacio, el tiempo y la energía universal, su primera misión será detener el meteorito que amenaza con extinguir a los dinosaurios. En lugar de destruirlos, decidirá esparcir el chakra en el planeta y cultivar a las bestias prehistóricas como sus plantas de energía. Cada criatura que muera le devolverá un poder inimaginable. Su objetivo final: devorar la energía de estrellas y galaxias, fusionar el universo en un solo mega-mundo y fundar el clan Otsutsuki definitivo. ¡Nadie podrá detener al ancestro supremo!
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Capítulo 10: Los Clanes Sagrados y los Reyes de la Sangre Divina
Con el paso de los eones eternos y la consolidación del Megamundo, el linaje del Dios Supremo, Dragon, continuó expandiéndose y dando forma a la jerarquía de la creación. Tras el nacimiento de Ishiki y Kaguya, la energía primordial del Ancestro Supremo dio vida a sus dos últimos hijos divinos de sangre pura, quienes se convertirían en pilares fundamentales de la mitología planetaria: Amaterasu, la imponente Diosa Suprema del Fuego y el Sol, cuyo nacimiento hizo que diez soles espirituales iluminaran el cosmos, y Susanoo, el Dios de las Tormentas y la Guerra Inmortal, portador de una espada hecha de chakra concentrado capaz de rebanar constelaciones enteras.
A partir de la descendencia de estos dioses y de la dispersión de la sangre divina de Dragon, la humanidad en la Tierra Suprema se dividió en facciones y clanes de un poder aterrador, rivalizando directamente con las civilizaciones de las Bestias Sagradas.
En el Continente del Fuego, bajo la bendición de la diosa Amaterasu, floreció el Clan Uchiha, guerreros de ojos carmesí que dominaban el fuego cósmico. En las tierras de la vitalidad infinita, surgieron el Clan Senju y el Clan Uzumaki, poseedores de una fuerza vital tan masiva que su chi y sangre podían regenerar extremidades en segundos y sellar deidades menores. En los picos nevados, el Clan Hyuga custodiaba la visión absoluta, mientras que en el firmamento, el Clan Otsutsuki de la Luna vigilaba el Megamundo desde el satélite de plata.
En este universo de cultivo supremo, la escala de poder desafiaba la lógica mortal. Debido a la densidad del chakra primordial que Dragon absorbía de los residuos universales, el nivel más bajo y debilitado dentro de estos clanes sagrados era el Rango Kage. Cualquier niño nacido en el Clan Uchiha o Uzumaki despertaba con un poder destructivo que en épocas pasadas habría dominado continentes.
Lo mismo ocurría en el reino de las Bestias Sagradas. Las criaturas ya no peleaban como animales; se habían organizado en imperios divinos. Los Dragones Occidentales y Orientales se arrodillaban ante el Dios Dragón, un ser colosal de Rango Súper Kage avanzado. Los Fénix celestiales obedecían al Rey Fénix, una deidad de fuego eterno que renacía de sus cenizas con más poder.
En la cúspide de cada una de estas facciones, tanto humanas como bestiales, los líderes y patriarcas se encontraban estancados en el cuello de botella más estricto del cosmos: el Rango Medio Paso Rey Dios.
Estos líderes ancestrales habían llegado al límite absoluto de su cultivo mortal. Sabían que para dar el medio paso restante y sentarse en uno de los Tronos Divinos Primordiales, necesitaban regresar a sus ancestros. Mediante meditaciones que duraban millones de años, los patriarcas intentaban purificar sus linajes diluidos para heredar aunque fuera una sola habilidad original de su creador, Dragon. Algunos buscaban despertar una fracción del poder espacio-temporal de Ishiki, otros una técnica de sellado de Kaguya, o un rastro del Rinne Sharingan Supremo de su Padre. Sin embargo, Dragon mantenía el límite calculado con frialdad desde su palacio; nadie subiría a Rey Dios a menos que el Dao Celestial lo permitiera. El equilibrio estaba fijado, las facciones estaban armadas hasta los dientes y el Megamundo estaba listo para que la verdadera guerra cósmica estallara.