Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 16: Nuestra primera foto
Ese día todavía me parece increíble cuando lo recuerdo.
Después de tres años hablando con Lilibeth por mensajes, llamadas y videollamadas, por fin la tenía a mi lado en persona.
Sentada conmigo.
Caminando conmigo.
Riéndose conmigo.
Era algo que muchas veces imaginé, pero nunca pensé que se sentiría tan real.
Desde que nos vimos en el parque no podía dejar de mirarla.
Era exactamente como en las videollamadas, pero en persona todo era diferente.
Más bonito.
Más real.
Más nervioso también.
A ratos nos quedábamos en silencio y solo nos mirábamos, como si todavía estuviéramos entendiendo que por fin había pasado.
Esa tarde caminamos bastante.
Hablamos de todo.
De la finca, de su vida en la ciudad, de nuestras conversaciones antiguas, de cuando nos conocimos por TikTok.
Y cada cosa nos hacía reír.
Era como si el tiempo no hubiera pasado.
Pero al mismo tiempo sí.
Porque ahora estábamos juntos.
De verdad.
En un momento nos sentamos en una banca del parque.
Yo estaba nervioso, pero feliz.
Y no podía dejar de pensar:
“Por fin está aquí”.
Saqué mi celular porque sentí la necesidad de guardar ese momento.
La miré y sonreí.
—Amor —le dije.
Ella me miró de inmediato.
—¿Sí?
Yo me reí un poco.
—Nos tomamos una foto.
Ella se rió también.
—Claro.
—No tenemos ninguna todavía.
—Es verdad.
Los dos nos quedamos viendo por unos segundos.
Era raro.
Después de tanto tiempo hablando, no teníamos ni una sola foto juntos.
Pero ahora íbamos a tener muchas.
Nos levantamos de la banca y buscamos un lugar con mejor luz.
Había unos árboles cerca y el sol ya estaba bajando.
El cielo se veía bonito.
—Aquí está bien —dije.
—Sí —respondió ella.
Levanté el celular.
—Listo.
Ella se puso a mi lado.
Y en ese momento sentí algo extraño.
Una mezcla de nervios y felicidad.
—Mire aquí —le dije.
—Estoy mirando —respondió.
—No está mirando.
—Sí estoy mirando.
Yo me reí.
—Ahora sí.
Tomamos la primera foto.
Cuando la vi, me dio risa.
—Salimos raros.
—Sí —dijo ella riéndose.
—Pero está bonita.
—No.
—Sí.
—No.
Los dos nos reímos otra vez.
Volvimos a intentarlo.
Esta vez salimos mejor.
—Esa sí quedó buena —dije.
—Sí.
Después tuve una idea.
—Amor.
—¿Sí?
—Hagámonos una besándonos.
Ella se quedó callada un segundo.
Y luego se rió nerviosa.
—¿Qué?
—Una foto besándonos.
—Ay no…
Yo me reí.
—Solo una.
—Me da pena.
—¿Después de todo lo que hemos vivido?
Ella me miró y sonrió.
—Bueno…
—¿Sí?
—Pero rápido.
Yo asentí.
—Rápido.
Nos acomodamos de nuevo.
El corazón me latía más rápido.
No por nervios malos.
Sino por emoción.
Porque era algo que también habíamos esperado.
Después de tanto tiempo juntos, todo se sentía natural.
Ellao Levanto el celular.
—Listo.
Ella cerró los ojos un segundo.
Y nos dimos un beso corto.
Sencillo.
Pero lleno de todo lo que habíamos vivido.
Cuando nos separamos, nos miramos y nos reímos.
—Uy —dije.
—Me dio pena —respondió ella.
—Pero salió bien.
—Sí.
Revisamos la foto.
Y nos quedamos en silencio unos segundos.
Era extraño.
Pero bonito.
—Esa sí no la borre —dijo ella.
—Jamás —le respondí.
Guardé el celular.
Y luego tomé su mano.
—Ahora otra así.
—¿Cuál?
—Agarrados de la mano.
Ella sonrió.
—Me gusta.
Nos pusimos uno al lado del otro.
Y tomé varias fotos mientras caminábamos despacio.
Algunas salieron movidas.
Otras perfectas.
Pero todas tenían algo especial.
En todas se veía la felicidad del momento.
La gente pasaba a nuestro lado, pero no nos importaba.
Nosotros estábamos en nuestro mundo.
Después de tomar varias fotos, nos sentamos otra vez.
Yo miraba el celular y no podía creerlo.
—¿Qué pasa? —me preguntó ella.
—Nada.
—Sí pasa.
Yo sonreí.
—Es que no me creo que esté aquí.
Ella me miró.
—Yo tampoco.
Nos quedamos en silencio.
Un silencio tranquilo.
De esos que no incomodan.
Solo acompañan.
Yo le tomé la mano otra vez.
—¿Sabe algo?
—¿Qué?
—Esperé mucho este día.
Ella sonrió.
—Yo también.
—Demasiado.
—Yo igual.
Nos miramos.
Y en ese momento sentí algo muy fuerte.
No era solo emoción.
Era algo más profundo.
Algo que había crecido durante tres años.
Y ahora estaba frente a mí.
Real.
Ella.
Lilibeth.
La miré y le sonreí.
—Estoy feliz.
—Yo también —me dijo.
Nos quedamos así unos segundos más.
Hasta que el tiempo empezó a avanzar de nuevo.
Pero para mí, ese momento ya se había quedado guardado para siempre.
Porque no era solo nuestra primera foto.
Era el inicio de todo lo que vendría después.
Y mientras caminábamos de regreso, supe que ese día no solo había conocido a Lilibeth en persona.
También había confirmado que todo lo que sentíamos era real. :::