Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 5
Scarlett caminó sin rumbo fijo hasta que sus piernas ya no pudieron más, y se sentó en el banco de un parque solitario, bajo la luz tenue de las farolas. No lloraba; tenía el corazón tan apretado que las lágrimas no lograban salir. Sacó su teléfono y buscó el número de su abogado, la voz aún firme aunque la mano le temblaba al marcar.
—Soy Scarlett Harrington —dijo apenas contestaron—. Necesito que prepares los papeles de divorcio. Inmediatamente.
Al colgar, se quedó mirando el vacío, hasta que al cabo de unas horas regresó a su casa, cuando el silencio ya lo invadía todo. Entró despacio, fue al despacho, tomó los documentos que el abogado le había enviado por correo y una pluma. Ethan apareció en la puerta, con los ojos hinchados y el rostro demacrado.
—¿Qué haces? —preguntó con voz ronca, viéndola sentarse y empezar a firmar hoja por hoja.
—Lo que debí hacer en cuanto vi la verdad —respondió ella sin levantar la vista.
—¿De verdad vas a firmarlo? —dio un paso hacia adelante, como si no pudiera creerlo—. ¿Tres años de nuestra vida se terminan así, con una simple firma?
—Nuestra vida terminó hoy, Ethan —dijo ella, poniendo la última rúbrica con un trazo seguro—. Esto solo es el trámite legal. Ya no hay nada que nos una.
—¡Por favor, no lo hagas! —suplicó él, intentando arrebatarle los papeles, pero ella los apartó con rapidez—. Podemos arreglarlo, podemos empezar de nuevo… haré lo que tú quieras, me alejaré de ella para siempre…
—No se trata de ella —lo miró a los ojos, y él tuvo que retroceder ante esa mirada vacía—. Se trata de ti. De que ya no puedo creerte ni una sola palabra. De que cada vez que te mire, solo veré la mentira y la traición. ¿Quieres vivir así? ¿Yo? ¿Pasar la vida entera dudando de todo lo que digas o hagas? Eso no es vida. Eso es una tortura.
—Te lo ruego, Scarlett… —se apoyó en el escritorio, casi sin fuerzas—. Te lo suplico con todo lo que tenemos…
—Ya no tenemos nada —lo cortó ella con calma—. Tú te encargaste de que así fuera.
Dobló los papeles con cuidado, dejó una copia perfectamente ordenada sobre la mesa frente a él y guardó la otra en su bolso.
—Ahí tienes tu ejemplar —dijo al ponerse de pie—. Tienes tres días para devolvermelo firmado. Si no lo haces, el juez lo dictaminará sin tu consentimiento. No volveré a hablar de esto contigo.
Ethan se quedó mirando los documentos sobre la madera, como si fueran una sentencia de muerte.
—¿Es que nada de lo que tuvimos te importó? —preguntó con un hilo de voz.
Scarlett se detuvo un instante en la puerta del despacho.
—Me importó tanto, que no voy a permitir que lo ensucies más con mentiras. Adiós, Ethan.
Y salió de la habitación, dejándolo solo con su culpa y los papeles que marcaban el final definitivo de todo lo que habían construido.
Ethan se quedó clavado en el sitio, con la mirada fija en los papeles que parecían brillar bajo la luz de la lámpara como una sentencia irrevocable. Dio unos pasos torpes hacia el escritorio, y alzó la vista hacia ella con el rostro desencajado, como si acabara de recibir un golpe directo al pecho.
—¿De verdad es así de fácil para ti? —preguntó con la voz quebrada, agarrándose al borde de la mesa para no desplomarse—. ¿Tres años de risas, de noches enteras hablando de nuestro futuro, de todo lo que prometimos construir juntos… se borran de un solo trazo de pluma?
Scarlett apretó el asa de su bolso con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, pero su voz siguió siendo firme, sin quebrarse.
—No se borran —respondió despacio—. Se quedan aquí —se tocó el pecho—, como una cicatriz que jamás desaparecerá. Pero no voy a quedarme esperando a que vuelvas a hacerme sangrar. Lo que tuviste lo destruiste tú, no yo. Yo solo firmo lo que ya murió hace tiempo.
—¡Fue un error! ¡Un solo momento de debilidad que no volverá a ocurrir! —gritó él, desesperado, golpeando la mesa con el puño—. ¡¿Es que no puedes entenderlo?! ¡Te necesito, Scarlett! ¡Mi vida no tiene sentido sin ti!
—Entonces aprende a vivir con esa verdad —lo miró a los ojos, y en ellos ya no había rastro de la mujer que lo adoraba—. Yo también necesitaba a la persona en la que confiaba ciegamente. Y esa persona ya no está. La reemplazaste por mentiras y secretos.
—¿Y qué hay de todo lo que te di? ¿De mi casa, de mi apellido, de todo lo que te he dado? —balbuceó él, intentando aferrarse a cualquier argumento que le quedara.
—Nada de eso me sirve si no viene acompañado de lealtad —respondió ella con frialdad—. No quiero tus cosas, ni tu dinero, ni tu apellido. Solo quería tu verdad. Y te negaste a dármela.
Ethan intentó tomarle la mano por última vez, con un movimiento casi suplicante.
—Por favor… dame una sola oportunidad de demostrarte que puedo ser el hombre que mereces…
Scarlett retiró su mano despacio, con una tristeza infinita pero inquebrantable.
—Ya te di todas las oportunidades que se pueden dar. Y las desaprovechaste. Adiós, Ethan. No me busques.
Y dio media vuelta, caminando hacia la puerta sin mirar atrás, dejándolo solo, con los papeles del divorcio frente a él y el peso de su error cayéndole encima de golpe, mientras el silencio de la casa se cerraba sobre él como una tumba.