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AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

Aylany, al cumplir quince años, comienza a descubrir su propio camino, enfrentando nuevos sueños, emociones y decisiones que marcarán el inicio de su propia historia.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: El regreso y las bromas que hieren más hondo

El lunes amaneció claro y fresco, pero para Aylany, al cruzar la puerta principal del colegio, esa sensación de paz que había traído de casa se desvaneció en cuestión de segundos.

El aire le pareció más denso, los pasillos más ruidosos y las miradas de algunos compañeros más cargadas de malicia.

En cuanto dobló la esquina, lo vio: Tomás estaba apoyado contra la pared, con las manos en los bolsillos, la espalda erguida y esos ojos verdes que brillaban con una frialdad absoluta.

No había confusión, ni duda, ni nada parecido a la preocupación: solo había rencor acumulado durante todo el fin de semana y ganas de cobrarse lo que él creía que le debía.

Al verla llegar con su uniforme impecable, su mochila ordenada y esa expresión tranquila que tanto le molestaba, una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.

Sabía que había descansado, que había estado rodeada de comodidades y afecto, y eso solo aumentaba su ira.

Mientras yo me esfuerzo por cada cosa, ella tiene todo servido en bandeja, pensaba, y con esa idea en la cabeza, no le quedaba ninguna duda de que tenía que hacerle la vida imposible.

—Mira qué bien se le ve después de dos días de descanso en su mansión —

Dijo en voz alta, para que todos los que pasaban pudieran escucharlo—.

Seguro que no le faltó nada, como siempre.

Aylany apretó los libros contra su pecho, respiró hondo y siguió caminando sin responder.

No quería darle el gusto de ver que le afectaba, pero en su interior ya sentía cómo se le tensaban los nervios. Sabía que algo venía, y no se equivocó.

Las clases comenzaron con aparente normalidad, pero Tomás no perdía detalle.

Esperaba el momento justo, cuando ella bajaba la guardia o estaba concentrada en sus apuntes, para actuar sin dejar huellas claras.

En la primera hora de matemáticas, cuando Aylany salió un instante al baño, él aprovechó para cambiar las hojas de su carpeta, mezclarlas con otras y borrar las anotaciones que había hecho con tanto cuidado durante la semana anterior.

Al volver y ver el desorden, sintió que se le subía la sangre a la cabeza, pero al mirarlo, él solo fingía prestar atención a la pizarra, con cara de inocente.

—Seguro que te equivocaste al ordenarlas —le dijo en voz baja cuando ella se quejó en un susurro—.

Con tantas cosas que tienes, es normal que no sepas organizarlas.

Pero eso fue solo el principio.

A la hora del almuerzo, cuando fue a buscar su bandeja, encontró su comida vertida sobre la mesa, manchando el mantel y dejando restos pegajosos.

Nadie había visto nada, pero ella sabía exactamente quién había sido.

Y cuando quiso ir a buscar agua al bebedero, alguien había puesto una sustancia resbaladiza en el suelo justo al lado; si no hubiera agarrado con fuerza el borde, habría caído de bruces y probablemente se habría lastimado mucho más que antes.

—Cuidado, princesita —le dijo Tomás al pasar a su lado, sin detenerse, con ese tono cortante que le helaba la sangre—.

Aquí el suelo no es de alfombra suave como en tu casa.

Lo más doloroso no eran los daños materiales ni los sustos, sino los comentarios que empezó a difundir por todo el curso.

Decía que ella se creía superior, que se quejaba por cualquier cosa para llamar la atención, que no tenía capacidad para estudiar sin que le ayudaran sus padres o que se sentía dueña del lugar por tener dinero.

Poco a poco, algunos compañeros empezaron a mirarla con desconfianza, otros se apartaban por miedo a meterse en problemas, y el círculo de confianza se redujo solo a Valeria y Camila, que permanecían a su lado sin importarles nada.

—Esto ya no es juego —

Le dijo Valeria, furiosa, mientras limpiaba con ella el desastre de su mochila, que alguien había abierto y desordenado de nuevo—.

Cada día es peor.

Está decidido a hacerte sentir que no perteneces aquí.

—Y lo hace sin que podamos demostrar nada —agregó Camila, con voz preocupada—.

Siempre espera que no haya nadie mirando, siempre tiene una excusa lista.

Aylany miraba cómo su cuaderno favorito tenía las esquinas rotas y algunas páginas dobladas con mala intención.

Sentía el cansancio acumulándose en sus hombros, pero también una rabia silenciosa que le daba fuerzas para no derrumbarse.

Sabía que Tomás no tenía otro sentimiento que no fuera odio, que cada acto suyo nacía de esa convicción equivocada de que ella era su enemiga.

No había confusión, ni remordimiento, ni nada que pudiera ablandarlo por ahora.

Solo quería verla vencida, verla pedir irse, verla dejar el lugar que él consideraba que le pertenecía por mérito propio.

Esa tarde, al salir del colegio, lo esperó cerca de la puerta, decidida a hablarle con claridad, aunque sabía que no serviría de mucho.

—¿Qué quieres conseguir con esto?

—le preguntó mirándolo fijamente a los ojos verdes —.

¿Crees que si me haces daño, te sentirás mejor?

No te he hecho nada, Tomás.

Nada de lo que te pasa es culpa mía.

Él se acercó un paso, con la mandíbula tensa y la mirada llena de desprecio.

—No necesito que me des explicaciones —le respondió con voz grave y fría—.

Tú estás aquí, ocupando un lugar que no te corresponde, y mientras sigas en este colegio, voy a hacerte la vida tan difícil como pueda.

No es odio, es solo que me molesta ver a alguien que lo tiene todo sin haber luchado por nada.

Y no pienso parar hasta que te des cuenta de que no eres bienvenida.

Dicho esto, dio media vuelta y se alejó, dejándola allí con el corazón apretado.

Aylany comprendió que la calma del fin de semana había sido solo una pausa breve.

Ahora venía lo más difícil: aguantar día tras día el peso de ese odio, demostrar que no se rompería y esperar el momento en que, tarde o temprano, esa situación tendría que cambiar.

 

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Dany 🇨🇱🥰
Mi chilito hermoso, espero que se abuena👏
Lois fuentes coloma: hay me cuenta si le gusta
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