Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 2
Nina
Habían pasado semanas desde la última vez que vi a Damián.
Semanas en las que el silencio se volvió mi refugio… y también mi castigo.
Su familia no había dicho nada sobre nuestra ruptura, y eso, de alguna forma, me tranquilizaba. Había evitado preguntas, miradas incómodas, explicaciones innecesarias.
Mentí.
A todos.
Dije que todo estaba bien. Que simplemente necesitábamos tiempo.
No quería escándalos. No quería tener que responder a la pregunta que más temía:
¿Por qué terminaron?
Porque ni yo misma sabía cómo explicarlo sin sentir que todo había sido mi culpa.
Había sido una relación larga.
Y yo… había sido la que se fue.
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—Nina, ¿puedes venir un momento? —escuché la voz de la señora Camila desde su oficina.
Tomé aire antes de levantarme.
—Claro.
Entré y, como siempre, me recibió con una sonrisa impecable.
Cálida.
Perfecta.
Ensayada.
—Buenos días, Nina —dijo con suavidad.
—Buenos días, señora Camila.
Me acerqué y la abracé brevemente. Ella correspondió con delicadeza, como si realmente le importara.
Nos sentamos a trabajar.
Durante unos minutos, todo fue normal. Documentos, correcciones, observaciones.
Hasta que, sin previo aviso, habló.
—Sabes que hay muchas cosas que deberías cambiar, ¿verdad?
Levanté la mirada, confundida.
—¿Perdón?
Su sonrisa no desapareció.
—Lo digo por tu bien, cariño. Eres una chica muy capaz… pero a veces tu forma de ser puede jugar en tu contra.
Sentí un ligero nudo en el estómago.
—No entiendo a qué se refiere.
—Tu forma de vestir, por ejemplo —continuó, inclinándose levemente hacia mí—. Es demasiado… seria. No transmite cercanía.
Bajé la mirada instintivamente hacia mi ropa.
—También tu forma de hablar —añadió con dulzura—. A veces respondes como si supieras más que los demás… y eso puede parecer arrogante.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Solo intento responder con lo que he aprendido…
—Ahí está —interrumpió, alzando suavemente la mano en señal de que me detuviera—. No tienes que justificarte, Nina. Solo… escucha.
Guardé silencio.
—Eres muy callada —continuó—. Muy reservada. Poco sociable. Y en este entorno… eso no siempre es bien visto.
Cada palabra caía con cuidado.
Como si estuviera envuelta en algodón.
Pero dolía.
Dolía más porque sonaba amable.
Dolía más porque parecía preocupación.
Intenté hablar de nuevo.
—Yo no creo que—
—Shh —volvió a hacer el gesto con la mano, sonriendo—. Solo quiero ayudarte.
Mi garganta se tensó.
—A veces —añadió, con un tono casi maternal—, no se trata solo de ser buena en el trabajo. Se trata de agradar. De conectar. De ser… dulce.
Esa palabra se quedó suspendida en el aire.
Dulce.
Todo lo que yo no era.
Todo lo que nunca había podido ser.
—Además —continuó—, entiendo que lo de Damián debió afectarte.
Mi corazón se detuvo un segundo.
—Pero quizás… si hubieras sido un poco más… cercana, las cosas serían diferentes.
Esa fue la frase que terminó de romper algo dentro de mí.
No respondí.
No porque no tuviera qué decir.
Sino porque sabía… que no me dejaría.
Se levantó con elegancia.
—Piénsalo, Nina. Todo lo que digo es por tu bienestar.
Y salió de la oficina.
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Me quedé sentada unos segundos.
Inmóvil.
Luego me levanté y caminé hasta el baño.
Cerré la puerta.
Y respiré.
Una vez.
Dos.
Las manos me temblaban.
Apoyé ambas en el lavabo y bajé la cabeza.
—No llores… —susurré para mí misma.
Pero las lágrimas llegaron igual.
Silenciosas.
Controladas.
Como siempre.
Cerré los ojos y oré en voz baja, como había aprendido a hacer cuando mi mente se llenaba de pensamientos que no podía detener.
Pensamientos que ya conocía.
Pensamientos que había prometido no volver a escuchar.
Respiré.
Una y otra vez.
Hasta que el nudo en el pecho se aflojó lo suficiente como para seguir.
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Por la tarde, recibí un mensaje.
De la señora Camila.
> Nina hermosa 🌷, ¿podrías ayudar a Soraya con la organización de un evento? Confío mucho en ti 💕
Sonreí con amargura.
Siempre tan… dulce.
Siempre tan… perfecta.
Respondí con un simple:
> Claro, con gusto.
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Busqué a Soraya poco después.
—Hola, necesito la información del evento —le dije con calma— para comenzar a organizarlo.
Ella me entregó algunos documentos sin mucho interés.
El evento era importante.
Una oportunidad para expandir la empresa de transporte marítimo y atraer nuevos clientes.
Y, como siempre…
La responsabilidad terminaba en mis manos.
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Mientras revisaba todo, una idea cruzó por mi mente.
Tal vez…
Tal vez la señora Camila tenía razón.
Tal vez yo era el problema.
Tal vez… si hubiera sido diferente…
Damián no se habría ido.
O peor…
Tal vez yo no me habría ido.
Bajé la mirada hacia los documentos.
No.
Negué suavemente.
No podía pensar así.
Pero la duda…
ya estaba ahí.
Camila Grace
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro