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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 — El Mundo Entre Llamas y Cenizas

Kael:

El impacto del portal fue como atravesar un océano helado y arder al mismo tiempo. Sentí cómo algo me arrancaba el aliento del pecho mientras mis brazos rodeaban a Elara, asegurándome de que no se separara de mí ni un solo instante. Ella tembló entre mis manos, no de miedo… sino por la avalancha de magia a la que estábamos siendo arrastrados.

Iluminación azul.

Sombra negra.

El grifo de bruma aullando como un eco distante.

Los lumain apretándose contra ella.

Y, de golpe, silencio.

Un golpe seco.

Tierra firme.

Mi rodilla impactó contra suelo rocoso, mantener a Elara protegida absorbió la mayor parte de la caída, pero aún así el mundo giraba como si no terminara de asentarse.

Respiré hondo.

El aire olía a ceniza… y a algo metálico.

Abrí los ojos.

No estábamos en ningún bosque, ni en ninguna extensión conocida de los reinos. El cielo era gris rojizo, como si el amanecer se hubiera quedado atrapado en un estado perpetuo de incendio lejano. Rocas negras sobresalían del suelo como dientes gigantes, y pequeños ríos de luz azul recorrían grietas que brillaban con un pulso inquietante.

Elara respiró profundamente contra mi pecho.

—Kael… —susurró, levantando la vista.

Su cabello estaba revuelto por el salto, su piel brillando con esa luz intensa que despertaba mis instintos más profundos de protección… y algo más. Una atracción ardiente que siempre se intensificaba cuando la veía frágil y fuerte al mismo tiempo.

Me agaché para acomodarla mejor entre mis brazos.

—¿Estás bien?

Ella asintió, aunque su mirada seguía recorriendo el nuevo mundo con una mezcla de asombro y angustia.

—Creo que sí. Pero… el aura aquí es tan distinta. Es como si el aire vibrara.

Le acaricié la mejilla con el pulgar.

—Estamos vivos. Eso es lo importante.

El grifo apareció segundos después, materializándose en un torbellino de bruma. Sacudió sus alas, expulsando un brillo tenue que nos envolvió como una protección momentánea.

Los lumain se distribuyeron alrededor de Elara, flotando como pequeñas chispas guardianas.

Pero no había señales de Sarem.

Elara se tensó al darse cuenta.

—Kael… ¿y Sarem?

Tragué saliva.

Sabía la respuesta, aunque no quería decirla.

—No cruzó —respondí, levantándome mientras la sostenía—. El portal se cerró detrás de nosotros. Él se quedó conteniendo la oscuridad.

Vi cómo la expresión de Elara se quebraba por un momento. Un hilo de dolor atravesó sus ojos.

—Prometió que volvería a encontrarnos —dije, intentando suavizarle la herida con mi voz—. Y Sarem cumple sus promesas. Él es fuerte, Elara.

Ella respiró hondo, intentando equilibrarse.

—Sí… lo sé.

Pero no era solo dolor. Había algo más dentro de ella: una tensión nueva. Una vibración suave que emanaba de su abdomen y resonaba en sus manos.

Coloqué mis dedos sobre su vientre.

—¿Sientes algo distinto?

Ella asintió lentamente.

—Es como si este lugar… despertara algo. Como si el pequeño reaccionara al cambio de energía.

Una mezcla de asombro y un deseo intenso por protegerla se agitó dentro de mí.

—Entonces no nos quedaremos aquí —dije con firmeza—. No mientras no sepamos qué es este mundo.

Antes de avanzar, dejé que mis dedos se entrelazaran con los suyos. Ella apretó mi mano y el vínculo vibró dentro de mi pecho. No era solo magia. Era una sensación visceral, profunda… un hilo ardiente que me unía a ella más allá del cuerpo.

Un viento fuerte sopló desde el horizonte, levantando una polvareda de ceniza brillante.

Elara entrecerró los ojos.

—Hay… voces en esa dirección.

Me puse alerta inmediatamente.

—¿Voces? ¿Humanas?

—No estoy completamente segura —dijo mientras su mirada celeste se iluminaba—. Suenan como ecos. Como si alguien estuviera llorando o… llamando.

El grifo bajó la cabeza, como si también lo escuchara.

Los lumain se movieron inquietos.

Respiré hondo y caminé primero, manteniéndola cerca.

—Vamos. No dejaremos que nada nos separe.

Elara:

El camino se inclinaba hacia una especie de valle. A cada paso, sentía el aire más denso, cargado de una energía antigua que me recorría la piel como pequeñas descargas. Algo vibraba dentro de mí, no solo magia, sino una intuición más profunda… casi instintiva.

La mano de Kael alrededor de la mía era mi ancla. Su presencia me rodeaba, y su cercanía calentaba mi pecho con una seguridad que no podía explicarse con palabras. Su mirada, cada vez que se giraba a observarme, me hacía olvidar por unos segundos que estábamos rodeados de un mundo desconocido y posiblemente hostil.

El vínculo entre nosotros no dejaba de latir.

Era como si ambos respiráramos dentro del mismo pecho.

El valle se abrió ante nosotros de pronto.

Y lo que vimos heló mi sangre.

Había criaturas arrodilladas alrededor de un círculo de piedras. No eran bestias ni soldados de oscuridad. Parecían humanos… pero más delgados, como si la luz hubiera sido drenada de sus cuerpos. Sus ropas estaban raídas, y sus ojos, vacíos, miraban el suelo.

Alrededor de ellos flotaban esferas negras, como pequeños fragmentos de sombra viva.

Kael dio un paso adelante, interponiéndose entre ellos y yo.

—No se mueven —murmuré.

—Eso no significa que no sean peligrosos —respondió él con su voz baja y tensa.

Una de las esferas se movió repentinamente. No hacia nosotros… sino hacia el círculo de piedras.

Elara… no, yo… sentí un tirón en el pecho, como si algo intentara absorber mi energía.

Los lumain se alinearon en frente de mí inmediatamente, formando una barrera luminosa.

El grifo gruñó, levantando las alas.

Kael apretó mi mano con fuerza.

—Están intentando alimentarse de magia —dijo él—. De cualquier tipo de luz.

Tragué saliva.

—Tenemos que alejarnos…

Pero entonces uno de los humanoides levantó lentamente el rostro.

Tenía ojos blancos, sin pupilas.

Y cuando habló, su voz sonó partida.

—¿Luz…?

—¿Luz…?

—¿Dónde está la luz?

Los demás repitieron la palabra como un eco desgarrado.

Kael me empujó ligeramente detrás de él.

—No se acerquen —ordenó con voz grave.

Pero la figura dio un paso torpe hacia nosotros.

La esfera negra que flotaba sobre su hombro se agitó… y el dolor volvió a atravesarme el vientre.

Caí de rodillas.

—¡Elara! —Kael se agachó enseguida, su brazo rodeando mi cintura.

—No… no es físico —jadeé—. Es magia… quieren… quieren absorber lo que llevo dentro.

El grifo rugió.

Los lumain se alinearon sobre mí como soldados diminutos.

Kael levantó una mano y su magia se encendió en un negro brillante.

Un escudo envolvió mi cuerpo, protegiéndome del tirón.

Las criaturas retrocedieron con un siseo.

—No podemos quedarnos —dijo él, cargando mi peso contra su pecho—. Este lugar nos está arrancando energía.

Asentí, aún temblando.

Pero antes de que pudiéramos movernos…

Un sonido rasgó el aire.

Una línea de luz dorada cayó del cielo como un rayo.

Golpeó el suelo entre nosotros y las criaturas.

El golpe generó una onda expansiva que las empujó hacia atrás.

Las esferas negras chillaron, disolviéndose como humo.

Y entonces lo vimos.

Una figura encapuchada caminando hacia nosotros, su bastón iluminado con un brillo cálido.

El corazón me dio un vuelco.

—No puede ser…

Kael entrecerró los ojos, sin bajar la guardia.

—¿Sarem…?

La figura levantó la capucha.

Y sí.

Era él.

Aunque su rostro estaba más pálido, marcado por líneas luminosas que no tenía antes.

—Los encontré —dijo con voz cansada, pero firme—. Y llegué justo a tiempo.

Corrí hacia él, aliviada, aún sosteniendo mi abdomen.

—Maestro… pensé que…

—No podía dejarlos solos aquí —sonrió suavemente—. Este mundo es una grieta entre planos. No pertenece ni a la luz ni a la oscuridad. Está hecho de restos, de ecos… y peligros que ni siquiera la oscuridad se atreve a despertar.

Kael lo observó con una mezcla de respeto y sospecha protectora.

—¿Por qué trajiste aquí el portal?

Sarem apoyó el bastón en el suelo, exhalando con dificultad.

—Porque aquí no pueden encontrar lo que ella lleva —respondió mirando mi vientre—. La oscuridad no puede rastrear la vida dentro de este plano. No de momento.

Mi pecho se apretó.

—¿De momento?

Sarem asintió.

—Este mundo está… inestable. Necesitan seguir moviéndose. Yo abriré otro portal cuando encuentre un punto donde no colapse.

Kael me tomó de la mano otra vez.

Su calor me estabilizó de inmediato.

Sarem nos miró a ambos, con una seriedad que atravesó el aire.

—Lo que llevan dentro… no es solo un hijo. Es un núcleo de luz y sombra. Un equilibrio que jamás existió antes. Y los dos deberán protegerlo con todo lo que son.

Kael se tensó a mi lado, como una bestia lista para defender a su familia.

Yo respiré hondo.

—Maestro… haremos lo que sea necesario.

Sarem asintió.

—Entonces sigan caminando. Y manténganse juntos. Si se separan… este mundo los romperá.

Kael apretó mi mano.

Y el camino frente a nosotros se extendió, oscuro, incierto… pero con una chispa de esperanza latiendo entre nosotros tres.

Entre nosotros… y la vida que llevaba dentro.

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