Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
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Capitulo 16
Rosalind
Dormí apoyada sobre el hombro de Rosa durante gran parte del camino. El suave balanceo del automóvil y el murmullo del motor lograron vencer el cansancio acumulado de varias noches sin descanso.
Cuando abrí los ojos, el cielo apenas comenzaba a aclararse.
Miré por la ventanilla.
Seguíamos detenidos.
Fruncí el ceño.
—¿Todavía no llegan?
Rosa negó con suavidad.
—No, señora.
Suspiré.
La ansiedad volvía a instalarse en mi pecho.
No sabía cuánto tiempo llevaba Damien fuera del automóvil, pero la espera comenzaba a desesperarme.
Abrí la puerta.
—¡Señora! —exclamó Rosa detrás de mí—. Va a hacer mucho frío.
—Estoy bien.
El aire de la madrugada golpeó mi rostro.
Caminé unos pasos sobre la tierra húmeda.
Todo permanecía en silencio.
Solo se escuchaban algunos pájaros escondidos entre los árboles y el leve movimiento de las hojas.
Entonces levanté la vista.
El paisaje.
Mi respiración se detuvo.
Aquellas montañas.
El camino.
Los árboles torcidos.
Ya había estado allí.
O... al menos... los había visto.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
No era un recuerdo.
Era uno de mis sueños.
Sentí un fuerte dolor de cabeza.
Las imágenes comenzaron a mezclarse.
Una biblioteca inmensa.
El retrato de un hombre.
Los ojos color malva.
Una sonrisa cruel.
Mis manos comenzaron a temblar.
¿Por qué me resultaba tan familiar?
¿Quién era?
Me llevé una mano al pecho intentando controlar la ansiedad.
Respira, Rosalind...
Respira.
Escuché pasos aproximándose.
Levanté la cabeza.
Damien apareció entre los arbustos.
Traía un viejo cuaderno de tapas negras bajo el brazo.
Su expresión era distinta.
Más dura.
Más fría.
Y, por primera vez desde que lo conocía, parecía realmente perturbado.
Al verme fuera del automóvil frunció el ceño.
Sin decir una palabra, se quitó el abrigo y lo colocó sobre mis hombros.
Después comenzó a frotar lentamente mis brazos para devolverme el calor.
—¿Qué haces aquí afuera?
Bajé la mirada.
—No podía seguir esperando.
Él suspiró.
—Vamos.
Abrió la puerta del automóvil para que subiera primero.
Yo obedecí sin discutir.
Damien entró después.
Marcelo puso nuevamente el vehículo en marcha.
Durante varios minutos nadie habló.
Podía sentir el cuerpo de Damien completamente tenso.
Tenía la mandíbula apretada y observaba el paisaje sin realmente verlo.
Había algo que lo estaba consumiendo.
Con cuidado apoyé una mano sobre su rodilla.
No dijo nada.
Ni siquiera apartó mi mano.
Solo continuó mirando por la ventanilla.
Entonces comprendí que no necesitaba preguntas.
Solo compañía.
Me acerqué un poco más.
Su brazo rodeó mis hombros casi de manera inconsciente.
Permanecimos así durante el resto del viaje.
En silencio.
---
Varias horas después el aroma salado del mar invadió el automóvil.
Sonreí sin poder evitarlo.
El calor acariciaba mis mejillas.
Hacía años que no veía el océano.
Desde...
Mi sonrisa desapareció.
Desde aquel sueño.
El agua oscura.
Mis pulmones llenándose lentamente.
Las manos intentando salir a la superficie.
Y el rostro de una de mis hermanas observándome sin hacer absolutamente nada.
Sacudí la cabeza.
No.
No iba a pensar en eso.
El automóvil atravesó un enorme portón de hierro forjado.
Una elegante villa apareció frente a nosotros.
Su arquitectura renacentista tardía hacía que pareciera un pequeño palacio frente al mar.
Me quedé maravillada.
—Pensé que nos quedaríamos en un hotel.
Damien bajó primero del automóvil.
—Esa era la idea.
Pero necesito venir con frecuencia por el proyecto del hotel.
Miró la propiedad.
—Si no te desagrada... podemos comprar esta casa.
Lo observé sorprendida.
—¿Me estás preguntando mi opinión?
Él arqueó una ceja.
—Se supone que vivimos juntos.
No sería lógico comprar una casa donde ninguno quiera estar.
Sonreí.
—Qué detalle de tu parte, señor Blackwood.
—Soy todo un caballero.
—Ya perdiste el encanto.
Escuché su leve risa detrás de mí.
Cada vez era más frecuente.
Y, por extraño que pareciera, comenzaba a gustarme escucharla.
---
Mientras Damien revisaba documentos con varios arquitectos, yo recorrí la propiedad.
Al final del jardín encontré unas escaleras de piedra.
Descendían directamente hacia una playa privada.
La arena era completamente blanca.
El agua tenía un color azul imposible de describir.
Uno de los empleados hizo una reverencia.
—La playa pertenece a la propiedad, señora Blackwood.
Sonreí.
—Entonces voy a aprovecharla.
Subí corriendo a cambiarme.
Escogí uno de mis trajes de baño.
Era de lana fina color negro, con cuello alto, mangas cortas y falda hasta medio muslo, como dictaba la moda de aquellos años. Encima llevaba un cinturón claro que marcaba ligeramente mi cintura.
Cuando salí de la habitación, Damien hablaba por teléfono.
Al verme hizo una breve pausa.
Negó con la cabeza mientras contenía una sonrisa.
—¿Qué?
—Nada.
—Habla.
—Pareces dispuesta a pelear con el mar.
—Y tú pareces dispuesto a perder esa discusión.
Rodé los ojos.
—Viejo amargado.
—Bruja.
Le saqué la lengua antes de bajar corriendo.
---
Me acomodé bajo una gran sombrilla.
El sonido de las olas era relajante.
Rosa me llevó limonada fría.
No tardé en quedarme profundamente dormida.
Entonces volvió.
El agua.
Esta vez era diferente.
No podía respirar.
Mis brazos se movían desesperadamente.
El océano me arrastraba hacia el fondo.
Abrí la boca.
Agua.
Solo agua.
Una sombra apareció frente a mí.
Un hombre.
No distinguía su rostro.
Solo aquellos ojos...
Malva.
Y una voz.
Profunda.
Helada.
—Esta vez tampoco podrás escapar.
Desperté sobresaltada.
Jadeando.
Todo mi cuerpo estaba cubierto de sudor.
—¿Señora?
Era Rosa.
Me ayudó a incorporarme.
—El señor Blackwood la necesita de inmediato.
Asentí.
Tomé un pareo blanco y subí rápidamente.
---
Damien permanecía de pie junto al escritorio.
Cuando entré levantó la vista.
—Cierra la puerta.
Obedecí.
Rosa salió discretamente.
El cuarto quedó en completo silencio.
Damien sostenía el viejo cuaderno entre las manos.
Su voz sonó distinta.
Más grave.
—No hagas preguntas.
Solo escucha.
Asentí.
Abrió lentamente el cuaderno.
Comenzó a leer.
«"He vuelto a verla en sueños."»
«"No conozco su nombre."»
«"Siempre viste de blanco al principio... y de rojo al final."»
Sentí un escalofrío.
Damien continuó.
«"Muere de muchas maneras."»
«"La he visto caer desde una torre."»
«"La he visto arder mientras alguien la observa sin ayudarla."»
«"La he visto ahogarse con una serenidad imposible."»
Mis manos comenzaron a temblar.
Él siguió leyendo.
«"Pero siempre hay algo que se repite."»
«"Los ojos."»
«"Él siempre tiene los mismos ojos."»
«"Color malva."»
Contuve la respiración.
«"Ella intenta recordar su nombre."»
«"Nunca puede."»
«"Porque cuando está a punto de pronunciarlo..."»
Damien tragó saliva antes de continuar.
«"...él le rompe el cuello."»
El silencio cayó sobre la habitación.
Yo apenas podía respirar.
Pensé que había terminado.
Pero no.
Pasó otra página.
Su voz bajó aún más.
«"Si algún día una muchacha comienza a soñar exactamente lo mismo..."»
«"...no permitas que entre sola al laberinto."»
«"Porque allí no verá el pasado."»
«"Verá cómo volverá a morir."»
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
Damien cerró lentamente el cuaderno.
Ninguno de los dos habló durante varios segundos.
Finalmente conseguí preguntar con un hilo de voz:
—¿De... dónde sacaste eso?
Él me sostuvo la mirada.
Su expresión era tan seria que sentí un nuevo escalofrío.
—Ahora mismo eso no importa.
Guardó el cuaderno sobre el escritorio.
Luego dio un paso hacia mí.
—Lo único que sé...
Hizo una breve pausa.
—...es que quien escribió estas páginas describió exactamente las mismas pesadillas que tú llevas meses viviendo.
Mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza que pensé que iba a desmayarme.
Entonces Damien abrió nuevamente el cuaderno.
Había una última hoja doblada.
Nunca antes la había visto.
La desdobló lentamente.
Los dos observamos el dibujo al mismo tiempo.
Era una mujer.
De espaldas.
Vestida completamente de negro.
Frente a un inmenso laberinto de rosas.
Y, escrito debajo con una caligrafía temblorosa, había una sola frase.
"Cuando ella recuerde quién fue... todos volveremos a morir."
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱