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El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / CEO / Padre soltero
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Pau Orozco

Alexander Sterling Blackwood lo tiene todo: poder, una fortuna incalculable y el control absoluto de un imperio empresarial. Es el Alfa dominante más poderoso del país, pero también el más solitario. Desde la noche en que su esposo murió en un trágico accidente de tránsito, su mundo se tiñó de gris. Para sobrevivir al dolor, Alexander congeló sus instintos, sepultó su aroma a madera de sándalo quemada y whisky, y se escondió detrás de una armadura de hielo y supresores, convirtiéndose en una “sombra" fría que mantiene a todos a distancia… incluido a su hijo Alistair, de apenas cinco años, un cachorro omega que crece en el silencio de una mansión vacía, ansiando desesperadamente un abrazo de su padre.

​Liam Miller es un Omega puro que solo busca un empleo estable para reconstruir su vida. Tras sufrir la dolorosa traición de su exnovio, quien lo engañó con su mejor amigo, Liam llega a la imponente Mansión Sterling con el corazón lastimado, pero con la firme intención de salir adelante.

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Capítulo 18: El rastro del miedo.

La caja negra con las rosas marchitas permanecía oculta en el fondo del armario de la habitación de Liam, pero su sombra parecía haberse expandido por todo el segundo piso. Durante el resto de la tarde, Liam se obligó a mantener una sonrisa forzada frente a Alistair. Jugó con él, lo ayudó con sus tareas y lo acostó a la hora de siempre, pero su mente no dejaba de repetir las palabras de la nota: “Te estoy observando”. Un frío persistente le calaba los huesos, y su instinto de omega puro se sentía expuesto, como si unos ojos invisibles lo vigilaran desde los jardines oscuros.

​Pasadas las diez de la noche, la señora Greyson se retiró a sus aposentos, dejando la planta baja sumida en una penumbra íntima. Alexander regresó de la corporación tal como lo había prometido, con el semblante relajado y una botella de vino premium en la mano, listo para la cena a solas que tanto habían ansiado.

​Liam lo recibió en el comedor pequeño, donde la mesa estaba iluminada por la suave luz de las velas.

​—Llegaste a tiempo —dijo Liam, forzando una sonrisa suave mientras se acercaba a recibir el saco del Alfa.

​Alexander lo miró de inmediato, y en ese mismo segundo, las cejas del magnate se juntaron sutilmente. Sus sentidos de Alfa dominante, ahora completamente sintonizados con Liam, captaron una anomalía dolorosa. El aroma de su omega ya no era esa lavanda brillante y miel dulce que lo recibía por las mañanas; ahora se sentía espeso, amargo por la ansiedad, con un deje de miedo que disparó una alerta roja en el lobo interno de Alexander.

​—Buenas noches, Liam —respondió Alexander, su voz profunda volviéndose un matiz más baja y seria. En lugar de besarlo de inmediato, le tomó suavemente de las manos. Al tacto, los dedos de Liam estaban helados y temblaban imperceptiblemente—. Estás frío. ¿Pasó algo con Alistair mientras no estuve?

​—No, no, para nada —mintió Liam rápidamente, retirando sus manos con suavidad para servir la cena, evitando el contacto visual directo—. Alistair cenó perfectamente y se durmió temprano. Solo... creo que el cambio de clima me tiene un poco agotado. Es todo.

​Alexander no se movió de su sitio. Se quedó estático junto a la mesa, observando cómo Liam acomodaba los platos con movimientos torpes, una prisa inusual que delataba sus nervios. El sándalo en el aroma de Alexander comenzó a tornarse pesado, cargado de una urgencia territorial. Detestaba sentir que el omega que acababa de devolverle la vida albergaba temor bajo su propio techo.

​—Liam —llamó Alexander, usando esa voz de mando atenuada, no para someterlo, sino para exigir honestidad—. Mírame.

​Liam tragó saliva y levantó la vista de mala gana. Encontrarse con los ojos felinos y oscuros del Alfa lo hizo tambalear.

​—No sabes mentir —sentenció Alexander, dando dos pasos largos que eliminaron la distancia entre ambos. Le tomó de la cintura con firmeza, obligándolo a pegar su cuerpo contra el suyo, permitiendo que su aroma a sándalo y whisky envolviera por completo a Liam para intentar calmar su obvia angustia—. Tu aroma está saturado de miedo, Liam. Tu lobo está temblando aquí adentro y tus manos no dejan de moverse. Dime qué pasa. Sabes que puedes decírmelo todo.

​Liam sintió que las lágrimas de frustración y miedo acumulado amenazaban con salir. Apoyó las palmas de sus manos en el pecho de Alexander, sintiendo los latidos acelerados del Alfa.

​—Es que... no quería arruinar esto, Alexander —confesó Liam en un hilo de voz, la resistencia desvaneciéndose ante el calor de su protector—. No quería traer fantasmas del pasado a esta cena. Tú estabas tan feliz y yo... yo solo quería proteger esa paz.

​—¿Proteger mi paz de qué? —la mandíbula de Alexander se tensó tanto que un músculo de su cuello se marcó con violencia—. Liam, me estás asustando. Habla.

​Sin más opciones, y sabiendo que el Alfa no lo dejaría ir, Liam se soltó de su agarre con lentitud.

​—Espera aquí —susurró.

​Liam subió las escaleras con paso rápido y regresó dos minutos después. En sus manos, sostenía la elegante caja negra. La colocó sobre la mesa del comedor, bajo la luz de las velas, y dio un paso atrás, cruzando los brazos sobre su pecho de forma defensiva.

​Alexander frunció el ceño. Se acercó a la mesa y retiró la tapa de la caja. En cuanto el olor rancio de las rosas blancas secas y marchitas llegó a sus fosas nasales, sus ojos se abrieron con una fijeza letal. Tomó la tarjeta escrita con letras recortadas y leyó el mensaje en silencio.

​“Las cosas hermosas en esta casa tienen la mala costumbre de terminar bajo tierra, Liam Miller...”

​El silencio que se apoderó del comedor fue espantoso, un vacío helado que congeló el ambiente. Liam vio cómo el rostro de Alexander pasaba de la confusión a una palidez de puro impacto, y de ahí, a una furia tan descomunal que el aire pareció volverse denso y difícil de respirar. El aroma de Alexander estalló: el sándalo se volvió un humo negro y asfixiante, y el whisky se tornó rancio, un rugido primitivo de un Alfa dominante cuyo territorio y destinado acaban de ser amenazados en lo más sagrado.

​Alexander apretó la nota con tanta fuerza en su puño que el papel se deshizo en su mano. Sus ojos, usualmente gélidos, ahora brillaban con un tinte inyectado de sangre, la mirada pura de un depredador dispuesto a matar.

​—¿Quién entregó esto? —preguntó Alexander. Su voz ya no era humana; era un siseo ronco, vibrante, cargado de una violencia contenida que hizo que las copas de cristal sobre la mesa vibraran sutilmente.

​—L-llegó por la tarde —respondió Liam, asustado por la magnitud de la reacción del Alfa, pero sintiéndose extrañamente arropado por ese instinto asesino que Alexander desplegaba para protegerlo—. Un mensajero genérico lo dejó en la entrada. Nadie vio quién lo envió. Alexander... la nota habla de que las cosas terminan bajo tierra. Habla de tu pasado.

​Alexander caminó hacia Liam con pasos pesados, atrapándolo nuevamente en sus brazos, pero esta vez con una fuerza casi dolorosa, desesperada, escondiendo el rostro en el cabello del omega mientras su cuerpo entero vibraba por la furia de su lobo.

​—Nadie va a tocarte, Liam —rugió Alexander contra su oído, su Voz de Mando vibrando en un tono que habría hecho arrodillar a cualquiera en la ciudad—. Juro por mi vida y por la memoria de mi familia que quien haya enviado esto va a desear nunca haber nacido. Pensé que lo de hace cinco años había sido un accidente... pero si alguien está jugando con nosotros desde las sombras, voy a cazarlo y voy a destruirlo. Estás a salvo conmigo, mi omega. Nadie te va a apartar de mi lado.

​Liam se aferró a la espalda de la camisa de Alexander, cerrando los ojos mientras el sándalo protector lo inundaba por completo. El primer movimiento de la villana había fallado en su intento de separarlos; en su lugar, había despertado al monstruo protector que yacía dormido dentro de Alexander Sterling. La cena romántica había quedado suspendida, reemplazada por una promesa implícita de guerra: el Alfa de la Mansión Sterling estaba listo para desatar el infierno con tal de mantener a salvo la primavera que Liam había traído a su vida y la de su hijo.

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Maru19 Sevilla
Que bonito!!!
Victoria 017
espera que ella enfrente las consecuencias está vez, no conozco el anterior omega, pero según la descripción, parece ser buena persona.
Maru19 Sevilla
Que bueno que descubrieron a la loca👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Le salió mal la jugada a la loca, los unió más 🤭
Maru19 Sevilla
Ojalá que la encuentre rápido y la haga pagar/Grievance/
Maru19 Sevilla
Rematada mente loca😱
Maru19 Sevilla
Maldita loca!
Maru19 Sevilla
No sé a sabido nada de la loca😱
Maru19 Sevilla
Haber que dice la loca después de saber cómo va la relación entre el Alfa y el Omega 😱
Maru19 Sevilla
Ya cayó ese Alfa🥰
Maru19 Sevilla
Se va a rendir ese Alfa quiera o no
Maru19 Sevilla
Que duro es ese Alfa😱
Maru19 Sevilla
Haber como le va al Omega con la loca😱
Maru19 Sevilla
Esa loca de dónde salió?
Maru19 Sevilla
El Alfa va aprender el dicho " Cae más rápido un hablador que un cojo "
Maru19 Sevilla
Es emocionante está novela 👏👏
Maru19 Sevilla
Ese par de infieles van acabar mal es ley de vida
Oly-chan
Me gusta ❤️
Marcela Ponce
estupido, que culpa tiene el bb, es el mejor regalo que le dejo su esposo
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