Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.
Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.
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Capítulo 19
SR. ENRICO
Llego a casa aún por la mañana. El sol está fuerte iluminando el día de verano.
Como siempre corro a ver a mi niño. Pero ni Pedro ni Clara estaban en la sala de televisión.
No estaban en el cuarto, ni en la cocina. Sigo entonces hasta el parque... pero estaba vacío.
Oigo voces y risas a lo lejos. Sigo por el sendero entre los arbustos hasta la zona de la piscina. Y allí estaban ellos.
Pedro, Clara y... Nico.
Me quedo parado en silencio entre los arbustos y árboles observando.
Nico estaba sin camisa y en bermudas dentro de la piscina. Pedro estaba con él dentro del agua pero con un chaleco salvavidas y Clara sentada en el borde de la piscina con los pies en el agua, vestida con su uniforme.
- Clara, tienes talento con los niños. ¿Eres niñera desde hace mucho tiempo?
- Siempre cuidé de mis hermanos, así que digamos que sí. Pero terminé el curso hace poco.
- Tu sonrisa es realmente linda. Dice Nico y eso es suficiente para mí. Clara es mía y no voy a permitir que ningún hombre la corteje... principalmente Nico.
- ¡¡SRTA. CLARA!! Grito, todos se asustan, principalmente ella.
- Sí, Sr. Enrico. Responde dando un brinco y poniéndose de pie.
- Retire a mi hijo de esa agua ahora mismo. Dele un baño, cámbiele y búsqueme en la oficina, necesitamos conversar. Digo y me alejo antes de que ella responda.
Voy para la oficina con la sangre hirviendo.
Ella no debería estar allí. Mi hijo no debería estar en la maldita piscina. Podría haberse ahogado, es peligroso y...
A quién quiero engañar.
Estoy así por causa de ella. Por ella estar cerca de un lobo en piel de cordero. Incluso ella estando de uniforme dentro del agua... Nico...
Nico es un peligro para ella.
Agarro un vaso y coloco un poco de whisky con una piedra de hielo. Doy un sorbo y miro por la ventana aquel jardín inmenso, intentando mantener la calma y el control. Y me pierdo en mis propios pensamientos.
"Toc, Toc"
- ¡Entre! Respondo sin ni siquiera mirar.
- ¿Sr.? Pedro ya se ha bañado, está cambiado y almorzando con el Sr. Nico. ¿Qué necesita el señor?
Las palabras Nico y con él... me hacen explotar.
- ¿QUÉ PIENSA QUE ESTÁ HACIENDO? Grito.
Ella abre mucho los ojos.
- Usted fue irresponsable de colocar a mi hijo... mi hijo... en aquella piscina. Debería haberme preguntado.
- Sr., como estaba libre para decidir y el Sr. Nico se comprometió a ayudarme, pensé que sería bueno para Pedrinho.
- ¡¡PEDRO!!! ¡¡PEDRO!!! ¡¡JODER!! Grito y ella da un paso para atrás.
- Disculpe, Sr. Como el Sr. Nico es el tío, pensé que no habría problemas.
- ¡A usted no se le paga para pensar! Digo con firmeza.
Ella traga saliva y se queda callada.
- Y tiene más, no acepto empleada ofreciéndose a mis invitados, por interés.
Ella abrió mucho los ojos. Se aproximó a mí.
- No comprendí. ¿Puede repetir lo que dijo? Habló tranquilamente.
- Usted oyó. Interesada, no consiguió nada conmigo, está intentando con él.
- Yo no soy interesada y tampoco estoy intentando nada. ¿El señor se ha vuelto loco? Retire lo que acaba de decir.
- ¡Ja, ja, ja! Pero es insolente de verdad. El jefe soy yo. No me arrepiento de lo que dije. Es lo que pienso y si se ofendió es porque es verdad.
"Pah"
Ella me da una bofetada en la cara llorando.
- ¡¡ME DIMITO!! Grita y sale de la oficina rápidamente.
Me llevo la mano a la cabeza. Me doy cuenta de que exageré y me dejé llevar por las emociones.
Cuando salgo para ir tras ella. Me encuentro con Nico cerca de la puerta. Secándose el pelo con una toalla.
Él me mira de arriba abajo.
- ¡Tío! Sólo haces mierda.
- Vete a la mierda. Digo y voy tras Clara.
Llego al cuarto y ella estaba colocando las cosas en la mochila.
- Clara, vamos a conversar.
- ¡¡NOOOOO!! Grita ella.
Entro en el cuarto y cierro la puerta tras de mí.
- Escúchame...
- ¿Oír? Sr. Enrico, yo entiendo que el Sr. tiene mucho dinero y yo soy... soy apenas una empleada más. Pero... no es justo tratarme así.
Por más que odie admitir... Clara tiene razón. Y necesito decir eso.
- ¡Sí! Usted tiene razón. Me equivoqué, me perdone. Digo con la voz presa en la garganta.
Ella se asusta, para de guardar las ropas en la mochila. Es como si no estuviese esperando eso. Y creo que realmente no lo estaba.
- Yo... odio admitir... pero a mí... no me gustó ver a usted... eh... a gusto con Nico.
Ella me mira pensativa. Me siento incómodo e intento mantener la posesión, pero no estoy consiguiendo mantenerla.
- Sr. Enrico, al contrario de lo que el Sr. pueda haber pensado... yo no estaba interesada en su hermano. Estoy aquí para traer el sustento para mi familia. Y por más que yo ame cuidar de Pedrinho... y que sea bien natural eso... yo sé muy bien que estoy en mi ambiente de trabajo. Dice ella buscando las palabras correctas.
- Como dije... me disculpe. Y... por favor, no se vaya. ¡No se dimita!
- Pedro la ama. Y... ni sé lo que su ausencia haría en mí... eh... en él. Corrijo rápidamente.
- Sr. Enrico, yo no soporto más su manera de ser. Es imposible convivir con ese su temperamento.
Las palabras de ella me asustan. Ella fue sincera... hasta demasiado.
- Por favor. Prometo que voy a intentar ser mejor.
Ella respira hondo.
- ¡Ok! Yo voy a quedarme, pero por Pedro y porque yo realmente necesito de este trabajo. Yo exijo respeto. No voy a aceptar ser ofendida y maltratada porque el Sr. tiene problemas personales con otras personas. Mi carácter es incuestionable.
- Sí. Tiene toda la razón. Yo... yo no haré eso nuevamente. Y me disculpe, yo realmente no debería haber dicho aquello.
Ella respira hondo. Suelta la mochila en la cama y sale sin mirar para atrás.
Respiro hondo, me siento por un momento en el borde de la cama y percibo que por poco no la pierdo para siempre.