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El Juego De Las Apariencias

El Juego De Las Apariencias

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:322
Nilai: 5
nombre de autor: E.white Verdun

​¿Hasta dónde llegarías para sobrevivir en un mundo de mentiras?
​Elara Varela ha perdido su herencia y su dignidad a manos de su propia familia, pero tiene una última carta que jugar, un matrimonio arreglado con el hombre más poderoso y enigmático de la región. Damian Montecristo vive confinado a una silla de ruedas, rodeado de enemigos que acechan su imperio.
​Lo que nadie sospecha es que ambos guardan secretos letales. Elara oculta una mente brillante tras su fragilidad, y Damian esconde una fortaleza que desafía a la parálisis que todos creen real. En esta red de engaños, traiciones y ambición, lo único prohibido es confiar... y, sin embargo, es lo único que podría salvarlos.
​Bajo una misma máscara, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de E.white Verdun para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Semillas de un nuevo reino

Los primeros rayos de sol cruzaban los grandes ventanales de la mansión Montecristo iluminando un mundo renovado. Ya no había secretos pesados ocultos entre las paredes, ni miradas llenas de sospecha, ni miedo a ser descubiertos. Federico estaba bajo custodia judicial, enfrentando cargos graves de fraude, intento de homicidio y corrupción; su red de cómplices se desmoronaba rápidamente al caer el principal sostén de sus mentiras.

Damian se despertó con la sensación extraña y maravillosa de estar en paz por primera vez en años. Al girarse, encontró a Elara recostada sobre su brazo, observándolo con esa mirada dulce y brillante que ya conocía tan bien. Acarició su cabello con infinita ternura, sintiendo cada hebra, cada curva de su rostro, como si quisiera grabar para siempre la imagen de la mujer que lo había salvado de la soledad y la ruina.

—Buenos días, mi reina —susurró con voz suave, rozando apenas sus labios —Hoy ya no hay nada que nos impida ser quienes realmente somos.

Se levantaron despacio, sin prisa, disfrutando de la intimidad que solo les pertenecía. Mientras se vestían, Damian le mostró con orgullo su paso firme y seguro, sin necesidad de ningún apoyo, recuperando la plenitud de su cuerpo y su fuerza. Al verlo caminar erguido, alto y magnífico frente a ella, Elara sintió una oleada de admiración y amor tan fuerte que casi le faltó el aire.

—Eres aún más impresionante de lo que imaginé —le dijo con voz emocionada, tomando sus manos entre las suyas —Y ahora todo el mundo lo sabrá también.

Ese día tenían dos asuntos importantes que resolver: el destino de la madrastra de Elara y la reorganización del imperio Montecristo. Bajaron juntos, hombro con hombro, hacia la sala donde esperaba Adelaida, pálida y temblorosa, consciente de que su poder y su influencia se habían desvanecido por completo. Al verlos entrar él caminando con autoridad natural, ella caminando con dignidad y seguridad, apoyada levemente en el brazo de su esposo la mujer cayó de rodillas, suplicando perdón y clemencia.

—Fui una mala mujer, lo sé… cegada por la codicia —decía entre sollozos —Pero te ruego, Elara, ten piedad de mí… no me dejes en la calle.

Elara la miró con serenidad, sin rastro de rencor enfermizo pero tampoco de debilidad. Había sufrido mucho por su culpa, llevaba la marca de su crueldad en la pierna para siempre, pero no quería convertirse en alguien que dañara por placer.

—No te haré daño como tú me lo hiciste a mí —dijo con voz firme y clara —Pero tampoco te daré más de lo que mereces. Recuperaré cada bien que me robaste, volverá a mi nombre todo lo que perteneció a mi padre. Te daré lo justo para vivir con modestia y dignidad lejos de aquí, una oportunidad para empezar de nuevo honradamente. Pero si vuelves a intentar engañar o dañar a alguien, no tendré piedad.

Adelaida asintió, agradecida por no haber recibido un castigo mucho peor, y se marchó pronto de la propiedad, dejando atrás toda su falsedad y ambición desmedida. Al quedar solos de nuevo, Damian abrazó a su esposa con inmenso orgullo.

—Tienes un corazón noble y una sabiduría que muy pocas personas poseen —le dijo al oído — Eres la mejor reina que este imperio podría tener jamás.

Pasaron las semanas siguientes trabajando codo con codo, día y noche, reconstruyendo cada rincón de la fortuna y la influencia familiar. Elara demostró una capacidad extraordinaria para las finanzas, la estrategia y la relación con las personas; Damian aportaba su visión de largo alcance, su valentía y su capacidad de liderazgo. Juntos modernizaron empresas, recuperaron tierras y negocios abandonados, ayudaron a trabajadores leales que habían sufrido bajo la gestión corrupta, y devolvieron el nombre Montecristo a la gloria y el respeto que merecía.

Una tarde, mientras descansaban en el balcón más alto de la mansión, mirando el valle extendido bajo ellos cubierto de luz dorada, Damian tomó de nuevo la mano de ella y acarició con cuidado la pierna que alguna vez fue su debilidad aparente.

—He hablado con los mejores especialistas del país —le comentó con voz tierna —Hay tratamientos y terapias que podrían aliviar mucho tu dolor, incluso hacer que camines sin dificultad ni bastón. Si quieres, empezaremos cuanto antes.

Elara sonrió, emocionada, apoyando la cabeza en su hombro.

—Lo haré… pero no por lo que piensen los demás, sino por mí misma, y por ti. Gracias por creer en mí incluso cuando yo misma dudaba.

Se quedaron allí mucho tiempo, abrazados, viendo caer el sol y aparecer las primeras estrellas. Habían recorrido un camino lleno de espinas, engaños y peligros, habían tenido que esconderse tras máscaras pesadas para sobrevivir… pero al final, todo dolor había servido para encontrarse el uno al otro, para descubrir que eran las piezas perfectas que faltaban en la vida del otro.

Esa noche, bajo la luz suave de las velas, renovaron su promesa de amor y fidelidad, no ante papeles ni leyes, sino ante sí mismos y ante el destino que los había unido. Se entregaron con una dulzura y una pasión más profundas que nunca, conscientes de que cada caricia, cada beso, cada susurro era un regalo ganado con valentía y paciencia.

—Lo mejor de todo es que esto es solo el principio —le dijo Damian mientras la abrazaba fuerte contra su pecho, sintiendo su respiración acompasada con la suya — Nos quedan años, historias, sueños por cumplir juntos… y estaré a tu lado en cada paso, amándote, protegiéndote, admirándote por siempre.

Y así, con el corazón lleno y la esperanza brillante en la mirada, supieron que su historia, nacida en la mentira y la desesperación, se había convertido en la más hermosa y sólida de todas las realidades posibles.

Poco después, la noticia de su valentía y su justa forma de gobernar se extendió por toda la región; gentes de lugares lejanos empezaron a acercarse buscando consejo o protección, sabiendo que bajo el amparo de los Montecristo encontrarían honestidad y apoyo sincero. Lo que había sido durante años una fortaleza cerrada y llena de sombras se transformó en un centro de progreso, generosidad y esperanza, donde se abrieron escuelas, talleres y centros de ayuda para quienes más lo necesitaban.

Cada tarde, al volver a la intimidad de su hogar, se miraban y recordaban con asombro todo lo recorrido: desde el primer encuentro lleno de desconfianza y secretos, hasta esta plenitud absoluta donde ya nada los separaba. Comprendieron entonces que cada prueba, cada herida y cada mentira que tuvieron que soportar no fueron más que el camino necesario para que sus almas se fortalecieran lo suficiente y pudieran encontrarse tal como eran, listas para construir una vida digna, feliz y eterna juntas.

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