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La Gordita en la Vida del CEO

La Gordita en la Vida del CEO

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Grandes Curvas / Romance de oficina / Romance oscuro / Completas
Popularitas:908.9k
Nilai: 5
nombre de autor: AUTORAATENA

Aurora Collins nunca agachó la cabeza ante nadie.
Gordita, hermosa, segura de sí misma y con una lengua lo bastante afilada como para cortar acero, pasó toda su vida escuchando que no estaba “dentro del estándar”. Pero eso nunca le impidió saberse maravillosa y dejar bien claro que nadie la pisa.

Después de perder su empleo en la antigua empresa de cosméticos, Aurora necesita desesperadamente un nuevo puesto. Cuando surge una entrevista en L’Oréal Company, la mayor potencia de belleza de Estados Unidos, asiste sin imaginar que su destino está a punto de chocar de frente con un hombre guapo, musculoso, multimillonario y el más arrogante, sin compasión por los demás.
Ella es fuego 🔥
Él es gasolina.
El mundo entero arderá cuando sus mundos colisionen.

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

LA LLEGADA DE AURORA COLLINS

El despertador suena a las seis de la mañana.

Aurora abre los ojos lentamente, respirando hondo mientras mira el techo simple de su pequeño apartamento. Un día más comenzaba... pero aquel no era solo un día más. Era el día.

El día en que finalmente tendría una nueva oportunidad profesional.

El día en que entraría en una de las mayores empresas del país.

El día en que, por primera vez desde que perdió su antiguo empleo, algo parecía salir bien.

Se levanta de la cama con determinación, aunque el estómago frío delate el nerviosismo que intentaba esconder. Camina hasta el baño y abre la ducha, dejando que el agua caliente caiga sobre su cuerpo, relajando sus músculos tensos.

Cierra los ojos, apoyando las manos en la pared mientras el agua moja sus cabellos rubios.

—Vamos, Collins... hoy demuestras quién eres —murmura para sí misma.

Después del baño, se envuelve en una toalla suave y va frente al espejo. Se peina los cabellos largos, naturalmente ondulados, y comienza su maquillaje —y maquillaje para Aurora no era vanidad. Era armadura.

Capa ligera de base.

Una iluminación suave.

Rímel para realzar la mirada impactante.

Y un labial rojo discreto, casi vino, que dejaba su boca carnosa aún más bonita.

Cuando termina, mira su reflejo.

Linda.

Fuerte.

Lista.

Aurora siempre supo quién era. Nunca fue víctima de su propio cuerpo. No permitía que números en una balanza decidieran su autoestima. Y, principalmente, no dejaría que el CEO arrogante —de quien Joseph había hablado— destruyera su confianza.

Se puso la falda lápiz negra que moldeaba cada curva con perfección. La blusa de satén blanca —elegante y provocativa en la medida justa. Zapatos negros. Perfume amaderado dulzón. Y cabello suelto, cayendo como una cortina dorada.

Al bajar a la cocina minúscula, preparó su desayuno de siempre: huevos revueltos, tostadas y una taza bien fuerte de café.

En el orfanato, siempre decían que "la gente gorda come mucho".

Ella sonreía siempre que recordaba eso.

Aurora no comía mucho.

Aurora comía bien.

Y no iba a cambiar eso por nadie.

Después de lavar los platos rápidamente, tomó su bolso, cerró el apartamento y llamó un taxi.

Mientras el coche atravesaba Manhattan, ella observaba los edificios altos reflejando la luz de la mañana, el movimiento frenético, las personas apuradas... Aquello era diferente de todo. Era vida. Era ambición. Era la prueba de que, a pesar de todo, ella había vencido.

Cuando el taxi finalmente paró frente al edificio, Aurora perdió el aliento por un instante.

La L'Oréal Company.

Veinte pisos de puro vidrio espejado, reflejando el cielo como si fuera parte de él. El brillo plateado, la fachada impecable, el diseño moderno —todo gritaba poder, riqueza y perfeccionismo.

—Dios mío... —susurró, incluso sin querer.

Era mucho más grandioso de lo que ella imaginaba.

Pagó el taxi, se acomodó la ropa y entró. El vestíbulo era gigante, iluminado por lámparas modernas, con suelo de mármol negro espejado. Funcionarios impecablemente vestidos caminaban para todos los lados.

Y, como siempre hacía, Aurora sonrió y saludó a cada persona que cruzaba su camino.

—¡Buenos días!

—¡Hola!

—Hola, ¿todo bien?

Algunos miraban sorprendidos. Otros, encantados. Uno u otro analizaba su cuerpo con discreción —algunos con admiración, otros con juicio. Ella ya estaba acostumbrada.

Aurora no necesitaba que nadie aprobara su cuerpo.

Ella misma lo aprobaba.

Y eso bastaba.

Entró en el ascensor y apretó el botón del 20º piso. El piso del CEO. El piso del hombre arrogante que gritaba a los funcionarios. El piso del hombre que no toleraba "gente fuera del estándar".

Ella suspiró hondo.

—Él que lo intente conmigo —murmuró—. Va a aprender hoy.

Cuando las puertas se abrieron, Aurora dio el primer paso en el último piso —y casi sonrió con la elegancia del ambiente.

El 20º piso era silencioso, lujoso y organizado. Las paredes de vidrio ofrecían vista panorámica de la ciudad. Había arreglos florales frescos, muebles sobrios y tecnología por todas partes.

Una mesa vacía llamaba su atención —probablemente la suya. Sobre ella, una tableta nueva, teléfono fijo inalámbrico, notebook y una impresora personal.

Tomó una bocanada profunda.

Se acomodó el blazer.

Tomó la tableta.

Y caminó en dirección a la puerta negra enorme al final del corredor.

Cerradura dorada.

Acabado impecable.

Y presencia.

La puerta del CEO.

Aurora levantó la barbilla, golpeó dos veces.

Una voz ronca, baja e increíblemente sexy respondió:

—Adelante.

La voz hizo que su estómago se revolviera —no de nervios, sino de puro impacto.

Cuando abrió la puerta...

su mundo se detuvo por tres segundos.

Ethan Cavallieri estaba sentado a la mesa, la camisa social parcialmente levantada, revelando tatuajes profundos, geométricos, sombríos, que subían por el brazo hasta el pecho definido. Él era alto, imponente, barba perfectamente arreglada, cabellos oscuros ordenados con precisión.

La piel clara contrastaba con los tatuajes.

La mandíbula era tan fuerte que parecía esculpida.

Y el perfume... madera con café.

Un olor pecaminoso.

Un olor que dejaba a cualquier mujer mareada.

Aurora tragó saliva.

—Buenos días, señor Ethan —dijo con firmeza—. Soy Aurora Collins, su nueva asistente personal. ¿Comenzamos?

Él levantó el rostro lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo para analizarla.

Y analizó.

De los zapatos al cabello.

Sin ningún pudor.

Sin ninguna gentileza.

Con una mirada que mezclaba desprecio, indiferencia y... algo más difícil de descifrar.

Su mandíbula se apretó.

Los ojos se entrecerraron.

Y su primera frase fue un golpe.

—Espero que esté preparada para quedarse sin comer —dijo con desdén—. Yo no paro para el almuerzo. Y estoy seguro de que usted... no puede perder una comida, ¿no es así?

Aurora se congeló.

Por un segundo.

Solo uno.

Después... ella sonrió.

Una sonrisa lenta.

Peligrosa.

Afilada.

—No se preocupe, señor Cavallieri —dijo con voz calmada—. Yo puedo trabajar sin comer, sí.

Él levantó la barbilla, satisfecho, pensando que había vencido.

Aurora completó:

—Pero usted... ¿consigue trabajar sin ser imbécil?

El silencio quedó tan denso que parecía palpable.

Ethan parpadeó una vez. Apenas una.

Como si nunca, jamás, en toda su vida, alguien hubiera osado responder así.

Aurora dio un paso adelante, mirando directo dentro de sus ojos.

—Porque aquí, señor Ethan, es lo siguiente:

si usted me humilla, yo humillo de vuelta.

Si usted levanta la voz para mí, yo levanto la mía también.

Si usted intenta disminuirme... yo lo pongo en su lugar.

Ella apoyó la tableta en la mesa de él sin desviar la mirada.

—Yo soy su asistente, no su esclava. Y mientras yo esté aquí, usted va a tener que aprender a convivir con alguien que no tiene miedo de usted. Y que no está pidiendo su aprobación. ¿Está claro?

Ethan quedó inmóvil.

Inmóvil.

Observando a aquella mujer que no se doblegaba.

Que no temblaba.

Que no se disculpaba por existir.

Aurora Collins era una afrenta viva al perfeccionismo de él.

Y ella ni parecía notarlo.

O parecía... y no le importaba en absoluto.

Finalmente, Ethan habló, con la voz baja, tensa, irritada:

—Usted no sabe con quién está hablando.

Aurora respondió en el mismo tono:

—No lo sé mismo. Pero va a mostrarme. ¿O va a continuar escondido detrás de ese título ahí?

El aire vibró.

Llamas invisibles.

Choque eléctrico.

Química prohibida.

Ethan respiró hondo, irritado, provocado, instigado.

Aurora sonrió, victoriosa.

—Ahora que ya hemos dejado la jerarquía clara, ¿podemos trabajar?

Ethan apretó la mandíbula.

—Siéntese —ordenó.

Ella se giró lentamente, segura, empoderada, con la cadera balanceándose naturalmente.

Y Ethan...

Ethan acompañó cada paso.

Con rabia.

Con fascinación.

Con prejuicio.

Y con curiosidad.

La guerra había comenzado.

Y ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

1
Alicia Santini
Me encantó tu historia. Felicitaciones.
MARTITA
ME TEMO QUE EL BRIGADEIRO NO SERÁ EL POSTRE.🫣🤭
MARTITA
LA NEGACIÓN DE AMBOS HACE QUE TODO SEA MAS EVIDENTE🤭
MARTITA
HOOO! TAL VEZ DEJE AL HNO Y REGRESE🤭🤭🤭🤭
MARTITA
AMBOS ESTÁN BIEN ROSTIZADOS 💘
MARTITA
ETHAN FUE SÓLO PORQUE AURORA IBA A IR.
LOS DOS SE ESTÁN DESEANDO PERO ENTRE PELEA Y PELEA EN LOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS SE RENDIRÁN😂😂
MARTITA
YA HASTA SE MANOSEA SOLO PENSANDO EN "SU" SECRETARIA.
PIENSA 24/7 EN ELLA 🫣🤭😂
MARTITA
ETHAN ESTÁ CELOSO DE SU HNO, PORQUE PUEDE CHARLAR TRANQUILAMENTE CON "SU" SECRETARIA🤭
MARTITA
SERÁ MUJER "EMPONDERADA" PERO NO DEBE TUTEAR AL JEFE, ESA DISTANCIA, ES LÍMITE JAMÁS SE DEBE ROMPER.
MARTITA
¿QUÉ COMPLEJO LO LLEVA A QUERER DEMOSTRAR CONTINUAMENTE QUE ÉL ES EL JEFE, QUE PUEDE GRITAR, HUMILLAR Y QUE SIEMPRE DEBE TENER LA ÚLTIMA PALABRA?
MARTITA
DÉSPOTA! ¿BUSCA A ALGUIEN EFICIENTE O ALGUIEN PARA LA CAMA?
Gladys Dona
Realmente me gustó mucho mira que a esta hora to no leo me como las novelas por eso siempre busco que sean cortas y interesantes pero para las próximas novelas ponerle rostro me encanta las novelas con fotos de los personajes las vestimenta los hombres guapísimo Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Muy linda tú novela tienes mucha imaginación pero te falta ponerle rostro a tus personajes y sería el broche de oro Felicitaciones 👏
Ana bertha Mijangos
no tiene fotos
Gladys Dona
Pero si Rafael ya conocía a Aurora es el Arquitecto de la Empresa más cuando se presentó no le gusto como hablaba con Aurora si quiza estuvo mal en andarle un abrazo pero tampoco es para arruinar una cena en casa ajena es bastante Posesivo y Celoso y si Aurora no le pone los límites después no lo paras más
Gladys Dona
Toda mentira tiene patas cortas realmente una mujer no puede atar a nadie para que se quede menos mintiendo y si realmente hubiese sido el hijo de él se habla se llega a un acuerdo porque el amor se acabó pero se puede hacer cargo del bb la mujer no tiene porque mentir ni despreciarse tiene que seguir y valorarse como mujer si realmente quiere ese bb eso es amor no la de un hombre
Gladys Dona
Realmente como se dio cuenta de que ese hijo no era de él si no del chófer porque no se lo contó a Aurora solo unos papeles pero no dijo nada
Gladys Dona
Era sabido que algo se traía entre mano ahora un embarazo espero que no sea tan estúpido y le diga que le va hacer un ADN cuando nazca pero ese bb no lo ata
Gladys Dona
Lo que pasa que no quiere dejar la gallina de huevo de oro ni vo va dejar que le sea fácil dejarla ahora empieza los problemas
Mariscal Morin
Me encanta esta historia, me encantó mucho, gracias escritora y que Dios siga bendiciendo tu vida con mucha salud y mucha felicidad 🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷🌷
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