Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.
Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.
Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21
Al día siguiente, Bianca se presentó en las oficinas sin avisar. Al cruzar el umbral del despacho, vio cómo Nathanael le acomodaba a Karol un mechón de pelo, con una ternura que nunca había mostrado ante nadie. Esa imagen fue el límite: ya no necesitó fingir dulzura ni compasión. Cerró la puerta con fuerza y se giró hacia ellos con los ojos encendidos de rabia.
—Ya basta de actuar —dijo con voz cortante, dirigiéndose directamente a Karol—. Veo que has logrado engañarlo también. Pero no te harás con nada de lo que me corresponde. Ni la empresa, ni su confianza, ni él.
Karol dio un paso atrás, incrédula ante ese cambio tan brusco.
—¿De qué hablas? ¿Cómo puedes decir que algo te pertenece cuando todo lo has intentado destruir?
—Porque el mundo es de quienes saben tomar lo que quieren, no de quienes lloran por las esquinas —replicó Bianca, señalándola con desprecio—. Tú eres débil, siempre lo has sido. No tienes la clase, ni la astucia, ni el estatus para estar al lado de alguien como Nathanael. Él debería estar con una mujer de su mismo nivel, no con una que mendiga ayuda para no perderlo todo.
—No mendigo nada —respondió Karol, con la voz temblorosa pero digna—. Y lo que hay entre nosotros no tiene nada que ver con posiciones ni apariencias. Tú solo ves lo que tienes fuera, y no entiendes nada de lo que importa de verdad.
—¡No me des lecciones! —gritó su hermana—. Yo he esperado años para tener mi lugar. No permitiré que tú te lleves el premio por el que no has luchado. Si te quedas con él o con la marca, te prometo que haré todo lo posible por arruinarte la vida. No me importa hasta dónde tenga que llegar.
Karol se llevó una mano al pecho, sintiendo un dolor profundo: no era solo la amenaza, era descubrir que la sangre que las unía no había sido capaz de frenar tanta maldad. Nathanael se puso de pie y se interpuso entre ellas, mirando a Bianca con una frialdad absoluta.
—Te equivocas de todo —le dijo con firmeza—. Karol vale más que todo lo que tú crees que importa. Y ni ella, ni la empresa, ni yo estamos a tu alcance. Si intentas una sola cosa más contra nosotros, responderás ante la justicia por todo lo que has hecho. No vuelvas a acercarte a ella.
Bianca los miró a ambos, con una mezcla de odio y frustración, comprendiendo que ya no tenía nada que hacer allí. Sin decir una palabra más, dio media vuelta y salió del despacho, dejando tras de sí el rastro de lo que realmente era: una mujer consumida por la envidia, dispuesta a perderlo todo por no saber compartir.
Cuando la puerta se cerró tras ella, el silencio que quedó en la sala no fue de alivio, sino de un vacío pesado y doloroso. Karol se dejó caer en una silla, sintiendo que las piernas ya no le sostenían, y se cubrió el rostro con las manos. Nunca imaginó que el rencor pudiera crecer tanto dentro de alguien de su propia sangre, hasta el punto de borrar todo rastro de afecto o de la infancia que compartieron.
—¿Cómo se puede llegar a odiar tanto? —murmuró entre sollozos—. Siempre supe que se sentía desplazada, pero creí que con el tiempo lo entendería… que al final nos tendríamos la una a la otra. No pensé que fuera capaz de desearme el mal de esta forma.
Nathanael se arrodilló a su lado, le tomó las manos para apartárselas del rostro y la miró fijamente a los ojos, con una ternura que la hizo sentir protegida a pesar de todo.
—No es odio lo que la mueve, Karol —le explicó con suavidad—. Es una ceguera terrible. Ella cree que para tener algo debe quitártelo a ti, que su valor depende de lo que logre arrebatarte. No sabe construir, solo sabe destruir. Y lamento decirte que no hay nada que tú puedas hacer ya por ella: ha elegido este camino, y no quiere ver la verdad.
—Pero es mi hermana —insistió ella, con el corazón roto—. Es la única familia que me quedaba.
—La familia no es solo quien comparte tu sangre —respondió él con firmeza—. Es quien te cuida, quien te respeta, quien está a tu lado cuando todo se derrumba. Ella ha decidido no ser tu familia. Y aunque duela, tienes que aceptarlo para poder seguir adelante. No puedes cargar con su envidia como si fuera tuya.
Karol asintió lentamente, dejando que él la abrazara y la sostuviera mientras el dolor iba transformándose en una tristeza más serena. Entendió que debía dejar ir esa ilusión de unión, porque aferrarse a ella solo le haría más daño. Bianca se había perdido a sí misma mucho antes de intentar perderlas a ellas.
—Tienes razón —dijo al fin, secándose las lágrimas—. No puedo detener mi vida esperando que ella cambie. Yo tengo que cuidar de lo que mi padre me dejó, y de lo que hemos construido tú y yo.
Nathanael le besó la frente, aliviado de ver que recuperaba su fuerza.
—Así es. De ahora en adelante, ella tendrá que responder por sus actos, pero tú estarás libre de su sombra. Vamos a cerrar este capítulo juntos.