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Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Helena Fiallet creía que lo peor que podía pasarle era descubrir la traición de Sebastián. Lo que no imaginaba era que, una noche, terminaría en los brazos de otro hombre.

Benjamin Scott quién parecía un error del que debía olvidarse… hasta que volvió a aparecer en su vida.

Y entonces Helena descubrió la verdad: Benjamin era el tío de Sebastián.

Lo que comenzó como una noche equivocada pronto se convirtió en una atracción imposible de ignorar. Porque cuanto más intenta alejarse de Benjamin, más descubre que aquello nunca fue un error.

Y ahora deberá decidir qué es más peligroso: enamorarse del hombre equivocado o descubrir que quizá siempre fue el correcto.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

BEN

El vapor todavía llenaba el baño cuando Benjamin abrió la puerta de la ducha y entró detrás de ella. Helena se giró, sorprendida, el agua caliente resbalándole por el cabello negro. Él no dijo nada. Solo la atrajo contra su pecho y la besó bajo el chorro, las manos recorriéndole la espalda mojada.

La levantó. Ella rodeó su cintura con las piernas por instinto. Benjamin la empujó suavemente contra la pared de mármol frío y entró en ella con un movimiento lento, profundo. El contraste entre el agua caliente y la piedra helada le arrancó un gemido a Helena. Él empezó a moverse, firme, sin prisa esta vez, disfrutando cada expresión que cruzaba el rostro de ella: los ojos entrecerrados, los labios entreabiertos, el ceño que se fruncía cada vez que él empujaba más hondo. El sonido del agua golpeando sus cuerpos mezclados llenaba el espacio. Cuando ella se corrió, lo hizo mordiéndole el hombro para no gritar. Él la siguió segundos después, enterrado hasta el fondo, el aliento caliente contra su cuello.

Salieron de la ducha en silencio. Benjamin ordenó por el teléfono interno un secador de pelo y una bandeja ligera: tostadas de aguacate, fruta y té verde. Mientras Helena se secaba el cabello frente al espejo, él se vestía con la misma eficiencia de siempre: camisa blanca, reloj, pantalones oscuros. Ella dejó el secador, se acercó por detrás y le acomodó la corbata con dedos cuidadosos. Él la miró a través del espejo y le sostuvo la muñeca un segundo más de lo necesario.

Cuando terminó, Benjamin tomó el teléfono de Helena sin pedir permiso. Activó el Face ID con el rostro de ella, abrió contactos y tecleó:

BEN

Luego marcó su propio número. El teléfono de él vibró en el bolsillo. Quedó registrado.

—Listo —dijo simplemente.

Helena comía con esa elegancia natural que parecía innata: la espalda recta, los movimientos precisos, sin prisa. Benjamin la observó desde el sillón mientras se abrochaba los puños de la camisa.

—¿Por qué Louis no le partió la cara a Sebastian por la bofetada? —preguntó de pronto.

Ella dejó el tenedor a un lado.

—Porque no le dije nada. Conozco el carácter de mi hermano. Si se entera… no se queda solo en una pelea. Y no quiero más problemas. Ya hay demasiados.

Benjamin no insistió. Solo asintió, aunque la mandíbula se le tensó apenas.

Media hora después, el auto se detuvo frente al restaurante italiano que Helena conocía de memoria. Benjamin no apagó el motor. Ella abrió la puerta y se dispuso a bajar.

—Te llamaré —dijo él.

Helena lo miró un segundo. Asintió y cerró la puerta. El auto se alejó en cuanto ella cruzó la acera.

En la mansión Scott, el ambiente del salón principal era otro. Felipe removía un vaso de whisky con expresión amarga. Oriana, su esposa, estaba sentada en el sofá con las piernas cruzadas, mientras Sebastian miraba el teléfono cada dos minutos, todavía esperando un mensaje que no llegaba.

—No me gusta —dijo Felipe de pronto—. No me gusta nada que Benjamin haya venido a “hacerse cargo”. Esa empresa era mía. Yo la estaba manejando.

Oriana soltó una risa corta.

—La estabas hundiendo, Felipe. Seamos honestos.

—Da igual —insistió él—. Mientras Benjamin no tenga esposa ni hijos, todo lo suyo termina en esta rama de la familia. En nosotros. En Sebastian. Ese es el único consuelo.

Oriana inclinó la cabeza, curiosa.

—¿Y tiene a alguien? ¿Tu hermano?

Felipe soltó una carcajada burlona y bebió un trago largo.

—Benjamin es guapo, millonario y tiene el apellido Scott. Pero ese carácter de hielo… nadie lo aguanta más de una noche. Las mujeres se aburren. O se asustan. Nunca ha mantenido a nadie más de un par de semanas. Así que no te preocupes, Oriana. Ese trono sigue vacío. Y mientras esté vacío, el dinero sigue siendo nuestro.

Sebastian no dijo nada. Solo apretó el teléfono entre los dedos, la mirada perdida en la pantalla en negro.

Ninguno de los tres sospechaba que, a esa misma hora, el hombre del que hablaban acababa de registrar su número en el teléfono de la única mujer que, por primera vez en años, no le resultaba fácil de olvidar.

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Kayra Villavicencio
Por cab*on calenturiento.
Kayra Villavicencio
Es un socio, ya me cae como patada en una tet*
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