Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 23: Estamos jodidos
Salí de la universidad cuando ya había terminado la jornada. Todavía tenía en la cabeza todo lo que había pasado durante la clase.
No podía creer que la nueva profesora fuera precisamente Valeria, la exesposa de Santiago.
Caminaba con mi amiga hacia la salida cuando ella se quedó mirando hacia el parqueadero.
—Amiga, ¿ese no es el carro de tu novio?
Miré hacia donde señalaba.
Reconocí inmediatamente el carro.
—Sí, amiga. Es él.
Mi amiga me miró con preocupación.
—¿Y la profesora no viene por acá?
Miré hacia atrás.
—No la veo.
—Pues pilas, porque si ella se entera de que vos y Santiago están juntos...
—No me lo digás —respondí nerviosa—. No quiero ni imaginarme.
Mi amiga suspiró.
—Vos tenés que tener cuidado.
—Sí. Porque si esa mujer se pone brava conmigo, capaz me hace la vida imposible.
—Ojo con eso.
—Yo no quiero perder el semestre por problemas personales.
En ese momento vi que Santiago me hacía una señal desde el carro.
—Bueno, amiga, después hablamos.
—Sí. Y manteneme informada.
—Claro.
Me despedí y caminé rápidamente hasta el carro.
Abrí la puerta del copiloto y me subí.
—Hola, amor.
Santiago sonrió.
—Hola, mi reina. ¿Cómo te fue?
Me puse el cinturón y lo miré.
—Necesito contarte algo.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasó?
—¿Te acordás de la profesora que se jubiló?
—Sí.
—Bueno, ya pusieron a la nueva.
—¿Y?
Respiré profundamente.
—Es Valeria.
Santiago se quedó completamente quieto.
—¿Qué?
—Valeria.
—¿Mi exesposa?
—Sí.
Él me miró sorprendido.
—No puede ser.
—Pues sí.
—¿Y ella sabe que sos vos?
—No creo.
—¿Estás segura?
—Sí. Hoy se presentó y no dijo absolutamente nada.
Santiago se pasó una mano por la frente.
—Ay, amor... estamos jodidos.
—Eso mismo pensé.
—Si ella se entera de que vos y yo estamos en una relación, la situación puede ponerse bastante complicada.
—Tengo miedo de que me trate diferente en la universidad.
Santiago guardó silencio unos segundos.
—No quiero que tengás problemas con tus estudios por esto.
—Yo tampoco.
—Y mucho menos que una situación personal termine afectando tus calificaciones.
—Exactamente.
Me quedé mirando por la ventana.
—Yo no quiero esconder nuestra relación para siempre, Santiago. Pero tampoco quiero que esto termine perjudicándome.
—Lo entiendo.
—Además, ella es mi profesora.
—Entonces tenemos que manejar esto con mucha prudencia.
Asentí.
—Hoy, cuando me llamó por mi nombre, pensé que en cualquier momento iba a reconocerme.
—¿Te preguntó algo?
—No. Solamente se presentó y empezó la clase.
—¿Y vos qué hiciste?
—Nada. Me comporté como cualquier estudiante.
Santiago sonrió ligeramente.
—Eso estuvo bien.
—Pero tengo un presentimiento horrible.
—¿Qué presentimiento?
—Que tarde o temprano se va a enterar.
Santiago suspiró.
—Puede pasar.
—¿Y qué hacemos?
—Primero, no vamos a hacer nada impulsivo. Vos vas a seguir estudiando normalmente y yo voy a respetar tu decisión sobre cómo manejar esto.
—¿Y si ella intenta perjudicarme?
—Si alguna vez sucede algo así, habrá que manejarlo por los canales correspondientes de la universidad. Nadie puede simplemente perjudicarte por una situación personal.
—Eso espero.
Santiago me miró.
—Pero quiero que tengas algo claro.
—¿Qué?
—No quiero que abandonés tus estudios por esto.
Sonreí.
—No pienso hacerlo.
—Esa es mi muchacha.
—Además, yo no le he hecho nada.
—Lo sé.
—Y tampoco voy a buscar pelea con ella.
—Me parece lo mejor.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
Después Santiago encendió el carro.
—¿Querés comer algo?
—Sí, bastante.
—Entonces vamos a buscar algo.
Me reí.
—Siempre que estoy preocupada me querés alimentar.
—Porque sé que cuando tenés hambre te ponés de mal genio.
—Mentira.
—¿Ah, no?
—Bueno... un poquito.
Los dos nos reímos.
Mientras salíamos del parqueadero, miré por la ventana hacia la universidad.
Sabía que desde ese día tendría que ser mucho más cuidadosa.
Valeria todavía no sabía que yo era la pareja de su exesposo.
Y, sinceramente, prefería que no se enterara todavía.
No porque estuviera avergonzada de Santiago, sino porque quería proteger algo que para mí era muy importante: mis estudios y mi futuro.
Ahora tenía que enfrentar una situación bastante complicada.
Mi novio era el exesposo de mi profesora.
Y ella todavía no tenía ni idea.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴