Kaiser, un ex soldado, queda sepultado bajo los escombros de su propio hogar y despierta en un cuerpo odiado por todos y cargado con recuerdos de crueldad que no le pertenecen. Pronto descubre que la muerte de ese cuerpo, fue ejecutado por sus esposos bestia —criaturas superiores, juramentadas en sangre— y que ahora él es el villano cuya sombra piden destruir. Entre la culpa ajena que lo corroe y la furia inminente de quienes lo odian, debe decidir si aceptará el castigo o devolverá el tormento; en ese limbo, la redención puede ser más aterradora que la venganza.
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Cap 10: Rumbo al rescate
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En menos de dos minutos, la balanza había cambiado. Los guardias, reducidos y desconcertados, se rindieron definitivamente.
— Aris, cachorro, ya estoy aquí— dijo acercándose al chico
Farul se agachó junto a Aris, que tenía su respiración desigual, pero que solo era cuestión de tiempo para que se recuperara. El hombre liberó las manos del gamma, quien levantó la cabeza viendo y reconociendo a su amo.
— ¡amo!— exclamó en medio de un gruñido que se transformó en un ronroneo salvaje de alivio.
Sin perder tiempo y queriendo salvar a los demás, Farul cargó al gamma y lo llevó hacia el auto, sentandolo en el asiento trasero del sedán. Luego de esto, abrió el maletero para guardar los equipos que podían ayudarle a rescatar a los otros esposos bestias. Con las cosas guardadas, volvió junto a Aris que lloraba con su cuerpo aun paralizado.
— Amo, tuve mucho miedo…... Me golpearon y me halaron de mi cabello.
— Perdón por llegar tarde, cachorro…….. ya todos los que te lastimaron están muertos— sanando las heridas del chico
— Ti-Tienen a Raidan y Daiven.
— Lo sé, iremos por ellos en este momento. Nadie más los lastimara.
Al ver sangre en el rostro de Farul, Aris como pudo se acercó y le lamió la cara quitando la sangre.
— Gracias por salvarme, amo.
— Gracias a ti por ser valiente, cachorrito…… ahora vamos por los demás.
Dicho esto, fue a su asiento y arrancó el motor. Antes de marcharse, lanzó una última mirada a la mansión, dónde los pocos guardias que quedaban en pie, recogían a sus heridos, maldiciendo, incapaces de seguir.
Pasado un tiempo, los hombres llegaron hasta la mansión que se alzaba en la colina como una boca cerrada. Farul escondió el auto entre los setos, debían ser cautelosos para llegar hasta Raidan y Daiven. Con el auto escondido, Farul bajó del auto junto a Aris que se apoyaba en su pecho.
— Cachorro, aún no estás recuperado del todo. Lo mejor es que me esperes aquí, mientras yo voy por los demás.
— No me quedaré aquí, quiero ayudar a rescatar a los demás. También tengo miedo de estar solo.
— Bien, pero debes hacer lo que te diga ¿De acuerdo?
— De acuerdo
sin perder tiempo, los hombres se abrieron paso hacia la entrada lateral. Con sigilo, neutralizaron la primera formación de guardias e ingresaron al lugar. Estando dentro, una oleada los golpeó. Cientos de guardias en formación se desplegaron como una marea negra por los pasillos, escudos al frente, lanzas y pistolas listas para capturar a los individuos. Ya no era un grupo de centinelas casuales, sino una fuerza preparada para aplastar cualquier intento de rescate o huida.
— Cachorrito, debes tener cuidado, no des la espalda y no confíes demasiado en tu fuerza— dijo mientras escuchaba el clamor metálico de los guardias en movimiento
— Tendré cuidado, amo, lo cuidaré bien y también me cuidaré— respondió clavando su mirada al frente, para avanzar
Minutos después, el inevitable encuentro ocurrió, los guardias atacaron con todas sus fuerzas, mientras que Farul corría entre columnas y lámparas, esquivando proyectiles y lanzando cuchillos con la puntería de quien ha practicado mil veces. Aris, que había recuperado fuerza y agudeza, se transformó en su forma de lobo más salvaje, cuando el primer grupo intentó rodearlo. El enorme animal se alzó, con sus colmillos y garras al aire, rompiendo la primera línea con un empujón que hizo retroceder a los que osaban acercarse. Cada guardia que caía dejaba un hueco que Farul aprovechaba para avanzar con paso casi coreografiado.
— Aris, avanza— ordenó con su voz un poco cansada pero firme
Los corredores de la mansión se convirtieron en trampas y en terreno de caza, dónde las presas aparentemente eran Farul y Aris. Los pasillos del lugar, iluminados, por grandes lámparas proyectaban sombras, que los guardias usaban para cortarles el paso. Farul, haciendo uso de su experiencia militar, usó esas mismas sombras como refugio, emergiendo como fantasma para desarmar, distraer y neutralizar.
Mientras ellos peleaban para liberar a las bestias, Raidan y Daiven, estaban en medio de una sala siendo golpeados y humillados por Roxana y Sandro, bajo la atenta mirada de los ancianos del clan. En medio de los golpes, ambos escucharon el aullido de Aris y olfateaban el leve aroma de Farul. Sin embargo, creían que todo era producto de los golpes.
Aris y Farul seguían peleando contra los guardias que parecían aumentar su número. Aún así, se abrían paso a través de ellos, estaban decididos a llegar junto a las dos bestias, a las cuales Aris olfateaba y guiaba el camino.
— ¡Amo!— gruñó el lobo al ver que el hombre caía al suelo sangrando de su abdomen
— No te preocupes, estaré bien. Lo más importante ahora es rescatar a los chicos y salir vivos de aquí— levantándose del suelo y tratando de estar calmado para no asustar al lobo
Farul había sido herido por un francotirador, que estaba en uno de los balcones como refuerzo de los guardias, quienes a su vez trataban de capturar al lobo y someter a Farul para llevarlo ante su padre. La tensión subía a cada minuto, pero entre los dos, fueron desgastando al enemigo con estrategia y brutalidad a medida. El lobo atacaba en vanguardia, ocupando la atención de las bestias, mientras el hombre actuaba como núcleo. punzante, preciso, directo. A ratos, el combate parecía equilibrarse en una danza mortal, otras veces, una ráfaga de disparos obligaba a improvisar una retirada, para luego volver a embestir con renovada furia.