En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
Pero al caer la noche, todo cambia.
Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
Mientras la ten
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capítulo 19
Conversaciones previas, preparativos y un café al aire libre
[Chat interno entre Santiago y Alexandra - Noche anterior]
Santiago: ¿Entonces quedamos así? Mañana nos vemos directamente en el parque y después buscamos un lugar para tomar un café.
Alexandra: Me parece bien. Aunque debo admitir que estoy un poco nerviosa. No es que no haya salido antes, pero... es la primera vez que salgo a solas contigo, sin los demás del grupo y ya sin ningún tipo de secretos de por medio.
Santiago: Tranquila, yo también estoy un poco nervioso, pero confío en que la pasaremos bien. Te veo mañana en la entrada principal.
En la habitación que compartía con sus compañeras, el ambiente era un loquero organizado. Las risas y los consejos iban de un lado a otro mientras Alexandra se miraba al espejo por enésima vez.
—A ver, te repito que el short beige con la blusita marrón claro es infalible —decía una de sus amigas mientras le acomodaba la correa marrón a la cintura—. Combina perfecto con la cartera del mismo tono y la gorra beige. Te da ese toque relajado pero arreglado que necesitas.
—Chicas, de verdad gracias por ayudarme a armar todo esto —bufó Alexandra, soltando un suspiro mientras se colocaba la gorra y revisaba que todo estuviera en orden—. Estoy que los nervios me ganan. Es la primera vez que salgo con alguien del juego en persona y a solas, sin el respaldo de los demás para disimular la tensión.
—¡Ay, relájate ya y vete, que se te hace tarde! —le respondió otra amiga empujándola suavemente hacia la puerta entre risas—. ¡Diviértete y luego nos cuentas todo con lujos y detalles!
Minutos después, Alexandra llegó al punto de encuentro acordado. Santiago la estaba esperando junto a la fuente principal del parque. Aunque ella venía de otra zona de la ciudad y él se hablara desplazado desde su propio hogar, la puntualidad de ambos fue exacta. Santiago vestía de forma casual, con una sonrisa cálida que de inmediato disipó gran parte de la tensión que Alexandra traía desde el cuarto.
—Hola, Alexandra. Qué bueno verte por aquí —saludó Santiago con total tranquilidad, dándole la bienvenida con un gesto amable.
—Hola, Santiago. Gracias por venir... la verdad es que mis amigas casi me arman un desfile de modas antes de dejarme salir de la habitación —admitió ella con una risa nerviosa, acomodándose la correa de la cartera.
Comenzaron a caminar por los senderos arbolados del parque, donde la brisa de la tarde hacía el ambiente mucho más ameno. El silencio inicial dio paso a la confianza cuando Alexandra decidió poner las cartas sobre la mesa.
—Oye, te tengo que contar algo gracioso —empezó a decir, mirándolo de reojo—. Mis amigas y yo creamos un manual con cinco reglas estrictas para invitarte a salir y descubrir de una vez por todas quién eras realmente.
Santiago soltó una carcajada sincera, metiendo las manos en los bolsillos.
—¿Cinco reglas? Vaya, me siento halagado y vigilado a la vez. ¿Y sobreviví al proceso?
—Pues la verdad... ¡no duraste ni cinco minutos! —exclamó ella gesticulando—. A los pocos minutos de empezar a hablar ya estaba discutiendo contigo por alguna tontería del juego, y ahí mismo comencé a sospechar. Pero la prueba reina fue en el cine. ¿Te acuerdas?
—Claro que me acuerdo —respondió él con una sonrisa cómplice—. Estabas muy concentrada en la pantalla... o eso intentabas.
—Exacto. Te escribí por el chat del juego como Sombra22 y, con el rabillo del ojo, te vi tecleando exactamente en el mismo segundo. ¡Ahí se cayó toda tu coartada!
Santiago sonrió con nostalgia mientras desviaban el camino hacia una cafetería cercana.
—Bueno, para ser honesto, yo sé quién eres tú desde hace dos años.
Alexandra se detuvo en seco, mirándolo con los ojos muy abiertos.
—¿Desde hace dos años? ¿Cómo es posible si yo apenas comenzaba en todo esto?
—Desde la primera vez que te escuché por casualidad —explicó él con voz pausada y calmada—. Me pareciste una persona sumamente interesante. Al principio, yo subía videos con una máscara contando mi día a día, intentando conectar con la gente, pero la verdad es que me gustaba mucho más que me vieran jugando videojuegos, sintiéndome libre de verdad. Y supe quién eras porque te escuché hablando con Vanessa sobre el nombre que usarías en el juego apenas estabas comenzando en ese mundo en línea.
Alexandra soltó una carcajada llena de incredulidad, negando con la cabeza.
—No te creo nada. ¡Qué nivel de espía!
Ya sentados en una pequeña mesa al aire libre de la cafetería, con dos tazas de café humeante frente a ellos, la conversación fluyó hacia los demás compañeros del grupo virtual.
—Por cierto —comentó Alexandra tomando un sorbo de su café—, hablando de conspiraciones y secretos en el juego, ¿es verdad que Oswaldo es cafecito03? Mis amigas y yo teníamos esa duda.
—Sí, es él —confirmó Santiago con una sonrisa tranquila—. Oswaldo sí sabe perfectamente quién es quién, pero con Adita la cosa cambia.
—¿Ah, sí? ¿Qué pasa con Adita? —preguntó ella interesada.
—Pues que Adita ni siquiera lo conoce en persona, y adicionalmente, ella ni siquiera estudia en el instituto. Se metió al grupo por casualidad a través de unos conocidos en común del internet, pero mantiene su identidad bastante al margen del mundo real que nosotros frecuentamos.
Alexandra asintió, sorprendida por cómo las piezas de ese rompecabezas digital encajaban de formas tan inesperadas. Miró a Santiago, notando que la naturalidad con la que conversaban hacía que los miedos del principio desaparecieran por completo. Estaban ahí, fuera de las pantallas, compartiendo una tarde real y sin disfraces