Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 18 "La carta de triunfo"
El día de la gran exposición de Valentina se acercaba y con ello la organización del lugar donde se celebrará dicho evento, tenían cuatro días de límite para tener el montaje final de las obras y evidentemente la artista se involucraba en todo pues no quería que hubiese contratiempos, cuando de repente; el silencio de la galería se rompió con el estallido violento de un cristal templado, uno de los marcos de roble más grandes y pesados se resbaló de las manos de los cargadores; en un reflejo automático por salvar su pintura, Valentina estiró los brazos tratando de sostenerlo, pero el marco impactó contra el suelo, rompiendo el vidrio protector y un fragmento afilado salió disparado, cortando de forma directa el dedo meñique de su mano izquierda ; la sangre comenzó a brotar de inmediato, manchando el suelo pulido y desatando el pánico entre los empleados y el director de la galería.
Afortunadamente, el supervisor del traslado de las obras era un empleado directo de la división corporativa de Alexander; conociendo el carácter implacable de su jefe con los incidentes de la empresa, el hombre ordenó llevar a la señora De la Vega al hospital y marcó directamente al celular privado del vicepresidente, el hombre recibió la llamada en medio de su despacho a punto de ir a una junta, pero al escuchar que Valentina estaba sangrando, su cordura de hierro se evaporó, sin tiempo que perder salió como alma que lleva el diablo y le ordenó a su chofer dirigirse de inmediato al 'Hospital Mount Premium'.
Alexander calculó cada segundo con la mente fría de un estratega: no llamaría a Leonardo de inmediato, quería ganar tiempo, necesitaba llegar primero para asegurarse de que ella estuviera bien y tener unos minutos a solas con Valentina antes de que el esposo apareciera y él se viera obligado a retirarse por evidentes razones. Solo cuando el auto estuvo a una calle de distancia del hospital, Alexander tomó su teléfono, marcó su número y aunque lo intentó varias veces solamente lo mando directo a buzón, entonces marco en la oficina de su sobrino para dejar el aviso con la secretaría, simulando que acababa de enterarse.
En una de las salas VIP, el ambiente era esterilizado y silencioso. Valentina permanecía sentada en la camilla, observando con tranquilidad cómo el médico le aplicaba anestesia local para coserle la herida, no había sido un corte profundo, pero la piel de la mano izquierda era delicada y requería cuatro puntos de sutura para cerrar correctamente.
Minutos más tarde....
Valentina exhaló con alivio, manteniendo la vista fija en su propia herida ahora ya cosida.
—¿Cuánto tardará en cerrar? Tengo una exposición de pintura en unos días.
—Si te cuidas bien, en dos semanas estarás sosteniendo los pinceles otra vez— dijo él médico con una sonrisa de simpatía.
De pronto, la puerta de la sala se abrió con brusquedad, entrando Alexander al cubículo. Su respiración estaba ligeramente alterada y sus ojos oscuros, brillaban con una preocupación tan intensa que el médico dio un paso atrás, asumiendo que se trataba de un familiar.
Alexander esperó a que el doctor terminara de dar las últimas indicaciones y se retirara para dejarlos solos, en cuanto la puerta se cerró, se acercó a la camilla a grandes zancadas, quiso tomarle la mano herida, pero se contuvo al ver el vendaje blanco, optando por acariciarle suavemente el rostro con los dedos temblorosos.
—¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? —preguntó con su voz impregnada de una angustia contenida—En cuanto me llamaron de la galería sentí que el mundo se detenía, mi reina.
—Estoy bien Alex, de verdad, ya no duele —respondió ella con una sonrisa suave, intentando calmar el torbellino de emociones del hombre—Fue solo un accidente con el vidrio de un marco, nada de que preocuparse, aunque el doctor dice que debo cuidar muy bien esta muñeca izquierda durante la exposición.
Alexander exhaló un suspiro largo, intentando recuperar el control de su cuerpo, se apartó un mechón de cabello de la frente y cruzó los brazos, recuperando esa postura firme de líder, aunque sus ojos seguían fijos en ella.
—Ya llamé a la oficina de Leonardo para avisarle —confesó, bajando el tono de la voz— Marqué justo antes de entrar al hospital para ganar tiempo y poder estar contigo a solas— dijo, con una mirada seria—Pero cuando salí rumbo al hospital , me di cuenta que él no estaba en su despacho y su secretaria me aseguró que no ha podido localizarlo por ninguna parte desde hace dos horas.
Valentina asintió con un sutil gesto de indiferencia, sin tomarle tanta importancia a la ausencia de su marido; para ella, que Leonardo no estuviera disponible en un momento de emergencia era un comportamiento irrelevante y habitual.
—No me sorprende, seguro está metido en alguna junta intentando maquillar los números rojos del proyecto del norte—murmuró con frialdad en su mirada.
Alexander guardó silencio durante un par de segundos, una expresión calculadora y sumamente sombría cruzó por sus facciones. Dio un paso más cerca de la camilla, inclinándose hacia ella para que sus palabras no salieran del cubículo médico.
—No Valentina, él no está en ninguna junta de negocios —sentenció, con una seriedad que le erizó la piel a la artista—Leonardo está aquí, en este mismo hospital.
—¿Aquí? ¿Acaso ya sabe que estoy en urgencias?
—No lo sabe —respondió, apretando los puños con una furia contenida— Entré por el estacionamiento VIP y mi chofer vio su auto estacionado en el área privada, mandé a uno de mis hombres de confianza a investigar discretamente en recepción— concluyó con una mirada firme—Tu esposo está en el tercer piso del hospital, en la sala de espera del área de ginecología y obstetricia.
Las palabras flotaron en el aire de la sala de urgencias como un veredicto definitivo, Valentina no ocupó saber más, no necesitó que Alexander pronunciara otro nombre ni que le explicara qué hacía su marido en esa planta médica. Su mente de pintora, siempre rápida para conectar las piezas del lienzo, dibujó la realidad de inmediato: sabía que Valeria había regresado de su viaje a Europa hace dos semanas y Leonardo estaba allí, encerrado con ella, confirmando un embarazo muy probablemente.
— Bueno, ahora ya no me presionará para someterme a ningún tratamiento para concebir.
Una sonrisa ligera y aterradoramente fría apareció en sus labios, el dolor de la sutura en su muñeca izquierda desapareció por completo, reemplazado por una certeza absoluta.
— Y nosotros tenemos la carta de triunfo para finalizar tu matrimonio sin levantar sospechas con mi padre — dijo él con una sonrisa calculadora en su rostro.
El final de los De la Vega como matrimonio estaba firmado y ambos estaban listos para ver el imperio arder.