Charlotte Callahan, una brillante científica investigadora, desaparece sin dejar rastro durante una expedición. Lo que debía ser una misión de rutina termina convirtiéndose en el mayor descubrimiento de su vida... y en el más peligroso.
Despertar en un mundo desconocido, donde la naturaleza desafía toda lógica y criaturas imposibles habitan cada rincón, obliga a Charlotte a hacer lo único que sabe hacer: observar, analizar y sobrevivir. Armada únicamente con su conocimiento, una mochila llena de instrumentos científicos y una inquebrantable curiosidad, comienza a documentar cada hallazgo mientras busca desesperadamente una forma de regresar a casa.
Pero cuanto más se adentra en aquel mundo salvaje, más difícil resulta explicar lo que sus propios ojos contemplan... y aún más difícil ignorar al enigmático hombre de alas de fuego que parece observar cada uno de sus pasos desde las alturas.
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"Un Espécimen que viola las leyes de la física"
Capítulo 24
Charlotte:
El aterrizaje en el suelo firme frente a la entrada de la cueva fue sorpresivamente suave, una maniobra ejecutada con la gracia de un depredador aéreo.
Los pies de Charlotte volvieron a tocar el terreno rocoso y, en cuanto la presión del brazo del guerrero en su cintura desapareció, la científica dio un traspié hacia atrás, inhalando aire con avidez para recuperar el aliento.
El hombre no apagó su fuego de inmediato.
Permaneció erguido en el exterior del refugio, con las alas desplegadas en todo su esplendor para estabilizar la brisa de la montaña.
La luz dorada e incandescente iluminó la entrada del lugar, proyectando sombras danzantes sobre la piedra.
Charlotte se quedó petrificada.
La indignación por haber sido transportada por los aires se evaporó al instante, aplastada por una ola de fascinación pura y desmedida.
Se le entreabrió la boca sin darse cuenta y, con un movimiento torpe e impulsivo, se acomodó las gafas sobre el puente de la nariz para enfocar mejor la imagen.
—¿Son... plumas? —murmuró, dando un paso cauteloso hacia él—. ¿Son alas de fuego plasmático con estructura plumada sólida? ¿Cómo es esto posible?
Extendió la mano por puro instinto, atraída como una polilla hacia la luz, pero la prudencia humana la hizo retraer los dedos de golpe a escasos centímetros de las llamas.
El guerrero, observando la mímica desconcertada de la mujer, inclinó levemente la cabeza.
La transparencia de su pueblo no conocía el pudor ni la reserva.
—Puedes tocarlas si gustas —dijo con voz serena y profunda—. Mi fuego no te quemará a menos que yo lo decida.
Charlotte lo miró a los ojos buscando una advertencia, pero solo encontró una calma absoluta.
Tragó saliva, se ajustó los lentes de nuevo y estiró la mano.
Cuando sus dedos rozaron la cresta exterior de las alas, no sintió una quemadura; sintió una corriente de calor afelpado, similar a la brisa de un verano intenso sobre plumas compuestas por pura energía radiante.
La curiosidad científica ahogó cualquier sentido de distancia personal.
Charlotte comenzó a darle la vuelta despacio, como si orbitara a un espécimen extraordinario.
Tocaba las puntas de las alas, observaba cómo la luz se disipaba en la piel del guerrero y monologaba en un murmullo frenético:
—No hay combustión de carbono... la transferencia térmica es controlada a nivel celular... es una manifestación de energía dirigida. Si un cuerpo humano intentara generar este nivel de exoterma por combustión espontánea, la desnaturalización de las proteínas sería instantánea. Mataría a cualquier organismo en microsegundos...
De pronto, frotó sus sienes, se dio la vuelta dándole la espalda al hombre, se cubrió la boca con una mano y negó con la cabeza con vehemencia.
—No. No, no, no. Esto es empíricamente imposible —declaró, casi enfadada con las leyes de la física que se rompían frente a sus ojos—. La termodinámica no funciona así.¡ No puedes ser una antorcha humana viviente y conservar masa muscular biológica!
El guerrero la escuchó en silencio.
Cuando ella terminó su caminata errática, él dio un paso al frente y replegó las alas.
Las llamas se extinguieron en un suave chisporroteo dorado que fue absorbido por su piel.
—No soy un hombre quemándose —habló él con una sencillez absoluta—. Soy de la estirpe de los Fénix. La llama ancestral fluye en mi sangre desde el origen de las grandes montañas. No es magia de aire, es lo que somos: fuego para defender, fuego para renacer.
—¿Renacer? —repetió ella, girándose de golpe.
La palabra resonó en su mente como un guion de las películas de ciencia ficción que tanto le gustaban a su hermana Ari.
—Si el cuerpo de un Fénix cae en batalla, la llama ancestral consume los restos y los regenera desde las cenizas —explicó él sin presunción—. Y esa misma llama en nuestra sangre y nuestras lágrimas puede cerrar la carne rota de otros seres.
Charlotte se congeló.
La palabra lágrimas encendió un foco en su memoria analítica. Instintivamente, se llevó la mano al brazo izquierdo, al lugar exacto donde la noche anterior tenía una herida profunda que hoy era solo piel sana.
Avanzó dos pasos y lo miró fijamente.
—Tú... fuiste tú quien curó mi brazo con tus lágrimas? —dijo, asimilando la idea de lo cerca que tuvo que haber estado de ella—. Eso significa que estuviste lo suficientemente cerca como para derramar tu propia sustancia sobre mi herida mientras yo dormía!!
Él asintió despacio, confirmando la deducción sin dudarlo.
Charlotte exhaló un suspiro profundo, buscando equilibrio en sus palabras, debatiéndose entre molestarse o agradecerle.
Finalmente dijo:
—Bien... En ese caso, debo agradecerte por haberme curado. De verdad, gracias —hizo una pausa, entrecerrando los ojos con firmeza—. Sin embargo, no deberías invadir el espacio personal de alguien de esa manera, y mucho menos mientras esa persona está inconsciente, por favor, recuérdalo.
El guerrero esbozó una pequeña sonrisa tenue y asintió, aceptando la observación.
Pero la mente de Charlotte ya había dado el salto inevitable.
Su mirada brilló con una chispa de obsesión científica.
—Si tus lágrimas y tu sangre tienen la capacidad de acelerar la regeneración celular a ese nivel... necesito investigarlo. Necesito ver qué ocurre a nivel microscópico. ¡Necesito una muestra!
Antes de que Charlotte pudiera buscar un frasco o explicarle el protocolo de extracción de sangre, el Fénix flexionó una de sus garras y, con un movimiento rápido y certero, se hizo un pequeño corte en la palma de la mano opuesta.
—¡Oye!! ¿Qué haces? —exclamó Charlotte, dando un brinco por la sorpresa.
—Tómala antes de que la herida se cierre —dijo él con total calma, extendiéndole la mano.
Ante los ojos atónitos de la científica, la pequeña incisión en su palma ya comenzaba a expulsar finos hilos de sangre dorada e incandescente, mientras los bordes de la piel luchaban por sellarse en tiempo récord.
Sin perder un segundo, Charlotte corrió a su mesa de trabajo, tomó un pequeño tubo de ensayo y un portaobjetos de cristal, recolectando apenas unas gotas del fluido antes de que la herida del Fénix cicatrizara por completo frente a ella, dejando la piel intacta.
Fascinada por el proceso, Charlotte corrió hacia su microscopio portátil de campo.
Montó la muestra a toda prisa, ajustó el enfoque de los lentes y pegó el ojo al visor.
Lo que vio la dejó sin aliento.
A nivel celular, las hebras de plasma y los glóbulos de la sangre del Fénix reaccionaban con una energía celular desmedida, multiplicando sus enlaces y reconstruyendo las estructuras de tejido a una velocidad imposible para la biología convencional.
—Increíble... Las mitocondrias están generando una carga de atp exponencial... No hay degeneración, hay una síntesis acelerada... —murmuraba Charlotte para sí misma, ajustando el microscopio con manos temblorosas y una sonrisa de pura emoción.
Mientras ella se sumergía en su análisis, el guerrero caminó por el interior de la cueva.
Se acercó a la zona del campamento de Charlotte y se sentó sobre la alfombra de aislamiento térmico, junto a los sleeping bags y las mantas enrolladas.
Con curiosidad serena, empezó a mirar las herramientas de metal y los suministros de expedición.
Charlotte, sin desapegar el ojo del ocular del microscopio pero sintiendo la imponente presencia del hombre a un par de metros, levantó una mano hacia el aire sin mirarlo.
—No toques nada de eso, por favor. Son instrumentos delicados.
Él retiró la mano con tranquilidad y se quedó observándola en silencio, fascinado por la forma en que la mente de ella procesaba el mundo.
Tras varios minutos de anotaciones rápidas en su libreta, Charlotte finalmente se incorporó.
La adrenalina de la muestra comenzaba a estabilizarse y la realidad de tener a un ser de dos metros sentado en su área de descanso cayó sobre ella.
—Bien... Esto es demasiado por hoy —dijo Charlotte, frotándose las sienes y ajustándose las gafas—. No puedo concentrarme ni trabajar con un espécimen... con un hombre de fuego viéndome fijamente en mi espacio, necesito procesar estos datos, te pido que salgas de la cueva, por favor.
El Fénix ni siquiera se inmutó.
Apoyó la espalda contra la pared de piedra de la cueva, cruzó los brazos sobre el pecho y la miró con absoluta firmeza.
—No me iré —declaró serenamente.
Charlotte parpadeó, tomándose un segundo para asimilar la respuesta.
—¿Perdón? Te acabo de pedir amablemente que te retires!
—Lo siento, pero no puedo permitir que estés desprotegida. Es mi deber cuidar la integridad de una Hembra como tú —dijo el hombre de forma tajante, sin alterar su tono pausado.
Charlotte respingó al instante, sintiendo que la palabra hembra le raspaba los oídos.
—¡¿Una qué?! —replicó, dando un paso al frente con la indignación encendida—. Mira, no he necesitado de tu ayuda para sobrevivir sola durante dos meses completos en este lugar.
Sé cuidarme perfectamente. Tuve la capacidad intelectual de desarrollar una solución química para neutralizar y cubrir mi rastro olfativo, y gracias a eso he permanecido a salvo en esta cueva!
El Fénix la escuchó con atención, inclinando levemente la cabeza con un brillo de genuino aprecio en la mirada.
—Lo entiendo —admitió él con honestidad—. E incluso admiro que una hembra aparentemente débil sea capaz de utilizar habilidades como esas, tu fuerza no reside en los músculos, sino en tu inteligencia, eso ha ganado mi respeto!
Charlotte entreabrió la boca, dividida entre el halago y la irritación por la categorización, pero antes de que pudiera protestar, Zaeryn continuó:
—Sin embargo, los depredadores que se guían solo por el olfato no son los únicos en estas montañas.
Hay criaturas que cazan percibiendo las vibraciones del sonido a kilómetros, y otras que detectan la emisión térmica de la piel. Hasta ahora has corrido con suerte de no cruzarte con una de ellas.
Charlotte se quedó helada por un segundo, con la boca levemente entreabierta y la mente procesando la lógica biológica detrás de la advertencia.
La frustración de saber que él tenía un punto válido la hizo apretar los dientes.
Ajustándose los anteojos sobre el puente de la nariz, masculló una protesta entre dientes antes de erguirse con todo el orgullo analítico que le quedaba.
—Muy bien —sentenció Charlotte, cruzándose de brazos—. No puedo obligarte físicamente a que te marches de esta montaña, pero definitivamente no voy a compartir mi espacio personal contigo. Considerando que ya estás perfectamente habituado a pernoctar a la intemperie fuera de la cueva, puedes tomar tu lugar donde mejor te parezca, tienes todo el terreno de ahí afuera para ti solo.
Zaeryn la miró durante un par de segundos y, para sorpresa de Charlotte, esbozó una pequeña sonrisa serena y asintió.
Sabía que no ganaría una discusión de fronteras con ella y entendía que presionar para quedarse dentro del refugio sería un atrevimiento innecesario.
Con el porte, la compostura y el orgullo que caracterizaban a la realeza de los Fénix, el guerrero se puso de pie fluidamente.
—Que descanses, hembra —dijo con voz pausada.
Dio media vuelta y caminó con paso firme hacia la salida de la cueva.
Charlotte lo observó marchar hasta que su imponente silueta se recortó contra la luz de la tarde en el exterior, dejándola finalmente a solas con sus tubos de ensayo, su microscopio y un torbellino de pensamientos que tardaría mucho tiempo en procesar.
no te podías esperar unos días mas🤭
te queremos autora🥰🥰
un maratón 💘💘👏👏☺️☺️
que emoción 💘 bueno...será que la va a reclamar?🥰
cómo que el mushasho la puso nerviosa🤭🥰
Supongo que la marca hace sentir al compañero las emociones de tristeza, alegría o peligro? porque no lo veo como una simple marca
jajajaja si el no se quema con su fuego❤️🔥 nosotras si🤭🤭
creí que fluirian como el agua
bueno...si es que funciona, no lo tendrá tan fácil este lobito🤭