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BUSCA MI FELICIDAD

BUSCA MI FELICIDAD

Status: En proceso
Genre:ABO
Popularitas:648
Nilai: 5
nombre de autor: Tumiult

Paulo Withmore aprendió muy joven que el amor hay que ganárselo con silencio, con trabajo, con nunca pedir de más.
Siendo muy joven se casó con su mejor amigo de toda la vida, convencido de que por fin había encontrado un hogar propio.
Pero algunas promesas se rompen en silencio y duelen tanto que sientes morir.
Esta es la historia de todo lo que alguien tuvo que perder para finalmente encontrarse a sí mismo y su felicidad.

NovelToon tiene autorización de Tumiult para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

19

Se encontraron en una cafetería del centro que Paulo no conocía, elegida por Valeria con una precisión que después, mirando en retrospectiva, entendería como deliberada, lo suficientemente concurrida como para que ninguno de los dos hiciera una escena, lo suficientemente alejada del barrio de ambos como para que nadie conocido los reconociera juntos por casualidad.

Llegó diez minutos antes de la hora acordada, con el corazón latiéndole de una forma que no lograba controlar del todo, sin saber bien qué esperar de esta conversación. Se sentó en una mesa junto a la ventana, pidió un té de manzanilla que no tenía ninguna intención real de tomar, y se quedó observando la calle afuera, con las manos entrelazadas sobre la mesa para disimular el temblor que no terminaba de desaparecer.

Valeria llegó puntual, cruzando la puerta de la cafetería con una elegancia calculada que Paulo notó de inmediato, alta, con el cabello rubio recogido en un moño impecable, vestida con ropa que claramente costaba más de lo que cualquier persona común ganaba en un mes entero de trabajo. Se movía con la seguridad de alguien acostumbrada a que el mundo se acomodara a su paso, y cuando localizó a Paulo junto a la ventana, caminó hacia él sin ninguna vacilación, sentándose frente a él con una calma que contrastaba brutalmente con el nudo que Paulo sentía apretándosele en el estómago.

—Gracias por venir. —Su voz sonaba tranquila, casi cordial, del tipo de tono que se usaría para una reunión de negocios sin ninguna carga emocional real detrás—. Sé que esto es incómodo para los dos.

—No sé ni porqué estoy aquí, qué podríamos tener que hablar tú y yo.

—Tenemos más de lo que crees. —Valeria abrió la cartera que llevaba consigo, sacando con calma un teléfono, y buscó algo en la pantalla antes de girarlo hacia Paulo, deslizándolo sobre la mesa—. Antes que nada, quiero que conozcas a alguien.

Paulo bajó la vista hacia la pantalla, sin entender del todo qué estaba mirando al principio, la foto de un niño pequeño, de unos cinco años talvez, con el cabello oscuro y de pronto algo encanjó y Paulo sintió todo su cuerpo temblar.

—Se llama Victor. —Valeria lo dijo sin ninguna vacilación, con esa misma calma inquebrantable de antes—. Es hijo de Henry y mío. Pronto cumplirá seis años.

Paulo sintió que el suelo se le movía de nuevo bajo los pies, esta vez con una violencia distinta a la de la oficina meses atrás, no era solo la traición reciente lo que le caía encima, era la magnitud completa de todo lo que llevaba ignorando sin saberlo, un niño creciendo en algún lugar de la ciudad, con la misma edad casi exacta que Lucas, sin que él hubiera tenido ni la más remota idea de su existencia.

—¿Seis años? —repitió, con la voz quebrándose apenas—. Eso significa que—

—Que nació apenas cuatro meses después que tu hijo, sí. —Valeria guardó el teléfono de vuelta en la cartera, sin ninguna incomodidad visible por la crueldad matemática de lo que acababa de confirmar—. Los dos casi al mismo tiempo. Curioso, ¿no te parece?

Paulo se quedó sin palabras, con esa información acomodándose despacio y dolorosamente sobre todo lo demás que ya cargaba, mientras él llevaba a Lucas en el vientre, feliz, sin ninguna sospecha, Henry ya estaba construyendo otra vida en paralelo, otro hijo naciendo casi al mismo tiempo que el suyo propio.

—Voy a ser directa, porque no le veo sentido a andar con rodeos innecesarios. —Valeria pidió un café a la mesera que se acercó, con una naturalidad que a Paulo le pareció casi obscena dado el contexto, y esperó a que se alejara antes de continuar—. Estoy embarazada otra vez.

El ruido de la cafetería pareció alejarse de golpe, reducido a un zumbido lejano e indistinguible, mientras Paulo procesaba la segunda revelación encima de la primera, cada palabra cayéndole encima con el peso acumulado de una losa que no dejaba de crecer. Miró su propio vientre, apenas visible bajo la ropa holgada que había empezado a usar, y sintió una ironía tan cruel que casi le sacó una risa amarga, los dos, embarazados casi al mismo tiempo, del mismo hombre, en circunstancias tan diametralmente opuestas que le costaba procesar que ambas realidades pudieran coexistir en el mismo mundo.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó, con la voz que apenas lograba mantener firme.

—Doce semanas.

Paulo hizo la cuenta mentalmente, con una precisión fría que no sabía de dónde sacaba en medio de tanto caos interno, y confirmó lo que ya sospechaba, esto había pasado durante los meses en que él mismo llevaba a su propio hijo en el vientre, mientras Henry, en algún momento de esos mismos meses, encontraba tiempo para concebir otro bebé con otra persona.

—¿Lo sabe Henry?

—Se lo dije hace una semana.

—¿Y qué dijo?

Valeria se removió apenas en su asiento, la primera grieta de incomodidad genuina que Paulo le veía desde que se sentó frente a él.

—Dijo que necesitaba tiempo para procesarlo. Que las cosas con ustedes estaban complicadas ahora mismo, y que no sabía cómo manejar todo al mismo tiempo.

—Complicadas. —Paulo repitió la palabra con un desprecio que no logró disimular del todo—. Qué forma tan suave de nombrarlo.

—No vine aquí a pelear contigo, Paulo. Vine porque creo que mereces tomar tus propias decisiones, y decisiones definitivas, no a medias, como Henry parece preferir manejarlo todo.

Paulo se quedó mirándola, buscando en su cara alguna señal de crueldad deliberada, algún indicio de que esto fuera un ataque calculado, una farsa que buscará lastimarlo, algo, en vez de lo que Valeria insistía en presentar como una cortesía incómoda, pero no encontró nada más que esa misma frialdad calmada de antes, casi profesional, como si estuviera comunicando cualquier información logística sin ninguna carga emocional de su lado.

—¿Por qué haces esto? —preguntó finalmente—. ¿Por qué me buscas para contarme esto, en vez de simplemente dejar que Henry decida cuándo y cómo decírmelo?

—Porque yo también tengo derechos en todo esto, Paulo. Y porque estoy cansada de ser el secreto que nadie quiere reconocer completamente, mientras tú sigues teniendolo a él. Yo también lo necesito.

Ahí, en esa frase, Paulo escuchó algo que sonaba menos a cortesía genuina y más a una jugada calculada, aunque en ese momento, con el shock todavía instalado con toda su fuerza en el pecho, no tuvo ninguna capacidad real de analizarlo con la distancia que hubiera necesitado. Se puso de pie, con las piernas todavía inestables, dejando unos billetes sobre la mesa que ni siquiera contó bien.

—Necesito irme.

—Paulo—

—No tengo nada más que hablar contigo ahora mismo.

Salió de la cafetería casi corriendo, sin mirar atrás, con el aire frío de la calle golpeándole la cara de una forma que apenas lograba registrar entre tanto caos interno. Caminó varias cuadras sin ningún destino claro, solo con la necesidad urgente de moverse, de gastar de alguna forma física toda la energía devastadora que le quemaba por dentro, hasta que finalmente, sin haberlo decidido del todo de forma consciente, se encontró parado frente al edificio donde trabajaba Henry, con una determinación fría reemplazando, por primera vez en semanas, toda la confusión anterior.

Esta vez no llevaba flores. Esta vez no había ninguna sorpresa feliz que dar.

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