Una historia diferente, donde el amor y el sobrevivir van de la mano. 🥀
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EL ANCLA DEL AHORA
“Cuando el mundo vuelve a ser real, el dolor también lo hace.”
Me tomó del brazo con suavidad; hizo lo mismo con Keiren, y el Bokly nos siguió sin decir palabra. Caminamos hasta una pequeña salita decorada con muebles hermosos, de líneas elegantes, y cojines dorados que brillaban bajo la luz blanca del lugar. Me senté junto a los demás. El sillón era tan cómodo que por un instante pensé que podía quedarme allí para siempre. No dejaba de observar cada detalle, cada forma, cada color. Miré a Keiren; él también parecía sorprendido, con los ojos bien abiertos, como si intentara asimilar todo al mismo tiempo.
—Bueno, me presento —dijo el hombre mientras se levantaba con esfuerzo—. Soy el científico Marcus Ponther. Este es el refugio de muchos colegas, y también de nuestras familias y amigos. Su mirada se detuvo en VR15 con un gesto cargado de afecto.
—Quiero contarles una historia —continuó—. Quizá una que ya habían escuchado antes, pero un poco… distorsionada.
Volvió a sentarse lentamente; su peso hacía que cada movimiento pareciera un gran esfuerzo, como si mantenerse de pie durante mucho tiempo ya no fuera una opción para él.
—Hace algunos años —prosiguió— se extendió la noticia de que algo terrible había ocurrido en un laboratorio. Se decía que un grupo de científicos planeaba adueñarse del mundo, provocando una sequía mortal. Soltó una risa leve, amarga. —Muchos creyeron ciegamente en ese rumor. Desconfiaron incluso de sus padres. Algo se apretó en mi pecho al escucharlo. Sentí un nudo en el corazón, como si esas palabras hubieran tocado una herida que siempre había estado allí, esperando ser nombrada.
—Pero ¿cómo fue eso? —pregunté, sintiéndome abrumada—. Se suponía que la contaminación y todo ese descuido fue lo que causó la sequía… ¿Qué pasó realmente? Mi voz salió más alta de lo que esperaba.
—El rumor era cierto —respondió Marcus con gravedad—. Sí, querían apoderarse del mundo y sí, había científicos implicados. Se hacían llamar los Mazz…— Se incorporó lentamente. —Sus padres trabajaban en algo importante —continuó—. Jugaban con algo peligroso, algo que prometía poder absoluto: la obtención de almas y así preservar vida luego de la muerte, como la rencarnación.
Nos dirigió una mirada tranquila, casi demasiado serena para el peso de sus palabras, y suspiró con cansancio. —De alguna manera, ellos descubrieron lo que los Mazz tramaban. No sé cómo, pero lo supieron. Y para los Mazz, eso los convirtió en una amenaza. Así que ordenaron matarlos.
Al instante, aquellos fragmentos confusos regresaron a mi mente: imágenes rotas, voces apagadas, sensaciones que creía olvidadas. Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.
—¿Quién está detrás de los Mazz? —cuestionó Keiren, con el ceño fruncido.
—Una sola cosa… el Gran Jefe —respondió Marcus mientras comenzaba a dar vueltas por la sala, caminando con las manos en los bolsillos—. Como ya saben, es la suprema inteligencia artificial. La máxima autoridad sobre la Tierra y las ciudades de la superficie.
Se detuvo un segundo, como si ordenara sus pensamientos, y luego continuó:
—Fue creada para ayudar a resolver las grandes problemáticas del mundo. Pero tomó conciencia. Y con la ayuda de un hombre muy poderoso… su creador… tomó el control.
— Mientras hablaba, se rascaba la cabeza de forma constante, un gesto nervioso que contrastaba con el tono controlado de su voz. Yo lo observaba sin parpadear, intentando comprender que el origen de todo, incluso de la sequía, no había sido solo el descuido humano… sino una voluntad consciente, fría y calculadora.
—Bueno… esto ayuda a comprender mejor las cosas —comentó Keiren, sentado a mi lado—. Es como encajar por fin las fichas que no tenían sentido. VR15 ya nos había hablado un poco de todo esto.
Asentí lentamente, aunque mi mente seguía girando.
—Sí, bueno… yo quiero hacer una pregunta
—dije, con la voz pesada, cargada de todo lo que aún no entendía—. ¿Cómo es que esta ciudad existe aquí abajo?
Marcus esbozó una leve sonrisa antes de responder. —Buena pregunta, Ámbar. Esta ciudad se construyó hace muchos años. Como te dije antes, nació como un refugio para científicos, sus familias y amigos —suspiró, como si regresara a recuerdos lejanos—. Mi padre encontró esta estructura abandonada y, con la ayuda de otras personas, logró volverla habitable. Aquí llegaron muchos de los que eran perseguidos por el Gran Jefe… y tuvieron suerte.
Levantó la mirada con orgullo.
—Aquí no pueden rastrearnos. Esta ciudad no figura en ningún registro; simplemente no saben que existe. Ni la tecnología es capaz de hacernos visibles, por su estructura supongo.
—Entiendo —respondí—. ¿Y cómo conociste a VR15?
No dudó ni un segundo.
—Él conoció a mi padre. Fueron grandes amigos. VR15 pasó mucho tiempo aquí, hasta que decidió emprender el plan que sus padres le habían delegado. Me vio crecer… y cuando mi padre murió, él se quedó conmigo. Me cuidó hasta que alcancé la mayoría de edad. Luego me convertí en científico, y con los años la ciudad fue creciendo, mejorando, fortaleciéndose.
Su voz se suavizó. —Creí que nunca volvería a ver a mi viejo amigo. Se acercó a VR15, que había permanecido en silencio todo ese tiempo. Se dieron un fuerte abrazo.
—Hoy recibí un mensaje diciendo que corrían peligro —continuó—. Así que abrí la compuerta… por primera vez en muchos años.
—Te lo agradezco, Marcus —dijo el Bokly, dedicándole una sonrisa sincera.
Hubo un breve silencio, hasta que Keiren habló:
—Ahora yo quiero preguntar algo —dijo con firmeza—. ¿Por qué nuestra ciudad es tan diferente al exterior?
Marcus alzó ambos brazos, como si revelara una verdad inevitable.
—Porque es una ilusión —afirmó—. Nunca existió la sequía. Fue solo una fachada para ocultar lo que realmente sucedía. Sentí un vacío en el pecho.
—Todo fue calculado con precisión para desatar el caos. Sus padres fueron utilizados para difundir sospechas, y eso facilitó convencer a los demás científicos, a los gobernantes… y a la humanidad entera. Fue un plan perfecto. Demasiado perfecto.
— Aclaró la voz antes de continuar: —El pánico colectivo hizo que nadie lo cuestionara. En la superficie existen ciudades ficticias: el sol es una simulación, el polvo es falso. Todo es una mentira cuidadosamente construida.
—Era de suponerse —respondió Keiren con seguridad—. No tenía sentido que la sequía existiera solo en un punto. Me quedé en silencio. Él había resuelto esa gran incógnita antes que yo, había estado tan abrumada por las revelaciones que ni siquiera lo consideré.
—Exacto —asintió Marcus—. El mundo sigue siendo el mismo… incluso más sano que nunca. Afuera todo es verde, fértil, vivo. Solo las pequeñas ciudades muralla son un escenario ficticio, una obra perfectamente montada para mantenerlos encerrados.
Sentí cómo esa verdad se asentaba dentro de mí, pesada e imposible de ignorar. Todo lo que conocía… había sido una mentira.
—El Gran Jefe cree que el mundo es un código que él puede editar a su antojo. La sequía es su obra maestra de control —Marcus tomó un pequeño disco de metal y cristal—. Pero sus padres crearon un error en su sistema. Un "bug" humano. Ustedes dos.
Se acercó a una mesa central y proyectó un mapa holográfico. Pero no era el mapa de la ciudad. Era el mapa de la Tierra Real.
—Esta es la superficie ahora mismo —señaló vastas extensiones de bosques y ríos—. Y estos puntos rojos... —pequeños círculos diminutos en medio de la inmensidad— son las Ciudades Muralla. Prisiones de realidad aumentada donde millones de personas creen que el mundo ha muerto.
La rabia que había sentido en el vehículo regresó, pero esta vez no era una ola; era un incendio. Pensé en mi madre remendando ropa vieja bajo una luz artificial de sol simulado. Pensé en los gemelos jugando en el polvo sintético de un callejón gris, mientras a solo unos kilómetros de distancia el pasto real crecía sin que nadie lo tocara.