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Madrastra por contrato, esposa de verdad

Madrastra por contrato, esposa de verdad

Status: Terminada
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Padre soltero / Completas
Popularitas:418.8k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Ruby_Blair

Renata Paredes siempre ha sido la hija menos querida de su familia. Cuando el negocio de su padre queda al borde de la ruina, la obligan a aceptar un matrimonio de conveniencia con Damián Valcárcel, el frío e inalcanzable presidente del poderoso Grupo Boreal.
El acuerdo parece sencillo: mantener las apariencias, no enamorarse y cuidar de Toñito, el pequeño hijo de Damián, que está decidido a convertirle la vida en un infierno.
Pero Renata no esperaba que aquel niño rebelde fuera el primero en elegirla. Tampoco que, detrás de la indiferencia de Damián, hubiera un hombre dispuesto a protegerla cuando todos los demás le daban la espalda.
Entre secretos familiares, celos, heridas del pasado y una mujer decidida a recuperar el lugar que abandonó, Renata tendrá que luchar por el único hogar que alguna vez sintió suyo.
Él se casó con ella por un acuerdo.
El niño la llamó mamá.
Y, sin darse cuenta, los tres se convirtieron en una familia de verdad.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11 — Fiebre y ternura

El estudio de Damián olía a madera cara y a distancia. Yo estaba de pie frente a su escritorio, con las manos cruzadas para que no se notara que me temblaban.

—¿Cuál es tu responsabilidad exactamente? —dijo él, sin levantar del todo la voz, que era peor que si gritara—. ¡Dime para qué me casé contigo!

*Ah. La pregunta favorita de esta familia.* La había escuchado de doña Herminia esa misma tarde, y ahora volvía a mí en la boca de él, como un eco que nadie quería apagar.

—Damián, no te pases de la raya —respondí, y me sorprendió lo firme que salió—. Toda persona merece ser tratada con respeto. Yo también.

Él dejó la pluma sobre el escritorio. Me miró como se mira un número en una factura.

—¿Y tú crees que te lo mereces?

El aire se me fue del pecho de golpe. No por lo alto, sino por lo tranquilo. Lo dijo sin rabia, casi con curiosidad, como si de verdad esperara que yo dijera que no.

*¿Que si me lo merezco? Llevo tres días fregando el barro de una casa que no es mía, esquivando la resortera de tu hijo y sonriéndole a tu bisabuela mientras ella me clava el bastón en el orgullo. ¿Y tú me preguntas si merezco respeto?*

No alcancé a contestar. Leonor entró como una ráfaga de perfume tibio, cruzó el estudio y le dio a su hijo un manotazo en el brazo, seco, de madre.

—Damián Augusto —dijo—. Ya basta.

Él apretó la mandíbula y desvió la mirada hacia la ventana. Yo aproveché el silencio para hacer lo único digno que me quedaba: darme la vuelta y salir.

En el pasillo, cuando ya nadie podía verme, cerré el puño y lo estrellé contra la pared. El golpe me subió por el brazo hasta el hombro. *Mejor. Que duela algo que yo pueda controlar.*

Respiré. Una vez. Dos. Y entonces, desde el fondo del corredor, me llegó un quejido delgado.

—Toñito.

La puerta de su habitación estaba entreabierta. Lo encontré hecho un ovillo sobre la cama, con las mejillas encendidas y el pelo pegado a la frente. Le toqué la carita y retiré la mano como si me hubiera quemado.

—Está ardiendo —murmuré.

Corrí por el termómetro. Treinta y nueve con cinco. El niño abrió los ojos vidriosos y, aun así, aun enfermo, tuvo fuerzas para el desprecio:

—Tía fea... vete...

—Sí, mi amor, ya me voy —le dije—. Pero primero te voy a poner bien.

Salí gritando el nombre de Damián por primera vez sin usted, sin señor Valcárcel, sin ninguna de las murallas que yo misma me había puesto.

—¡Damián! ¡Toñito tiene fiebre alta, treinta y nueve y medio!

No sé qué esperaba. Que dudara, que me acusara de exagerar. En cambio se movió tan rápido que casi me tira al pasar. Ya tenía el teléfono en la oreja.

—Nacho, es Toñito. Fiebre alta. Ven ya.

Lo dijo con una voz que no le conocía. Sin hielo. Con miedo.

*Ahí estabas. El hombre que hay debajo del témpano. Tarda un incendio en aparecer, pero aparece.*

El doctor llegó en menos de veinte minutos, despeinado, con la camisa mal abotonada, como si hubiera salido corriendo de la cena. Era joven, de sonrisa fácil, con esa clase de cara que tranquiliza a las madres en las salas de espera. Me tendió la mano sin protocolo.

—Mucho gusto. Cuñada, ¿no? —dijo, y me guiñó un ojo—. Soy Nacho. Bermúdez, para las recetas.

—Renata —contesté, medio aturdida de que alguien en esa familia me llamara con una palabra que sonara a pertenecer.

Se sentó en el borde de la cama, le habló a Toñito de superhéroes mientras le tomaba la temperatura, le hizo reír aun con la fiebre y, en medio de la risa, le clavó la inyección tan limpio que el niño ni protestó.

—Prematuro este chiquito, ¿verdad? —me dijo por lo bajo—. Se le suben las fiebres de nada. Hay que estar encima. Paños tibios, líquidos, y esto que le puse va a bajarle en un par de horas.

Asentí y me quedé al lado de la cama con un paño húmedo, pasándoselo por la frente. Damián estaba de pie contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la vista fija en su hijo. No me miró ni una vez. Pero tampoco se fue.

Cuando la respiración de Toñito se hizo pareja y el termómetro empezó a ceder, me di cuenta de que no había comido nada desde el mediodía. Bajé a la cocina a buscar un vaso de agua, más por escapar de aquel cuarto tenso que por sed.

Leonor ya estaba ahí. Con un delantal encima del vestido caro, picando cebolla, con una olla al fuego.

—Suegra —dije, sin saber qué hacía yo en medio de esa escena.

—Mamá —me corrigió, sin voltear—. Siéntate. No has probado bocado.

Me sentó en la mesa de la cocina y me puso delante un plato de sopa hecha con sus propias manos. La primera vez en tres días que alguien de esa casa cocinaba para mí y no al revés. El vapor me subió a la cara y me picaron los ojos, y me dije que era el vapor, que era la cebolla, que era cualquier cosa menos lo que era.

—Para mí no eres solo mi nuera, Renata —me dijo, sentándose enfrente, apoyando la barbilla en la mano—. Eres como una hija. Esta familia tiene la lengua dura y el corazón lento. No te confundas con la superficie.

*No llores. No delante de ella. No delante de nadie.*

—Gracias... mamá —murmuré, y la palabra me salió rota.

Ella me apretó la mano por encima de la mesa y no dijo nada más, que fue exactamente lo que yo necesitaba.

Desde el pasillo, mientras subía después con un té para Toñito, alcancé a oír a Nacho recogiendo su maletín en el recibidor, hablándole a Damián en voz baja.

—Tu esposa es buena gente, Damián —le dijo—. De la de verdad. Cuídala.

Hubo un silencio. Y luego la voz de él, plana como una losa:

—Es la niñera. Le pago para eso.

Me quedé quieta en la penumbra de la escalera, con la taza caliente entre las manos, y sentí que el pequeño incendio de antes, el del miedo por Toñito, ya se había apagado del todo en él. Otra vez el témpano.

*Claro. La niñera. Qué tonta fui por creer, aunque fuera por un segundo, en el hombre asustado del teléfono.*

Esa noche, cuando la casa por fin durmió y Toñito respiraba fresco y limpio, me encerré en mi cuarto y llamé a Juli. Fue lo único que se me ocurrió para no ahogarme.

—Rena —contestó al primer tono—. ¿Es tan malo como me imagino?

—Peor —dije, y me tapé la boca para que no me oyeran—. Juli, hoy me arrastraron a la Hacienda porque él lo ordenó. "Vamos." Y fui. Sonreí. Aguanté a la bisabuela llamándome no sé cuántas cosas. Pero mañana tengo que ir a la Casa Paredes, a la visita de recién casados, y no me atrevo ni a pedirle que me acompañe. Porque sé lo que va a decir. "No tengo tiempo."

—¿Es en serio? —estalló ella al otro lado—. ¿Cuando él manda, tú saltas, y cuando tú pides, él no tiene tiempo?

—Exacto —dije, y por fin me temblaron las palabras—. ¿Por qué tengo que ir yo a su mundo cada vez que se le antoja, y a él le da lo mismo pisar el mío? ¿Por qué siempre soy yo la que corre?

Juli seguía hablando, indignada, leal como siempre, pero yo ya casi no la oía. Colgué prometiéndole que descansaría, me sequé la cara y me quedé mirando el techo, esa mancha de humedad que iba a ser mi única compañera fiel en esa casa.

Lo que yo no sabía, lo que no supe hasta mucho después, era que del otro lado de mi puerta, en el pasillo a oscuras, con una mano a punto de tocar y sin llegar a hacerlo, Damián lo había escuchado todo.

Cada palabra.

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Mary Olivera
muy larga cuando termina?
Mary Olivera
se le traspapelan las horas y los dias
Ángeles Alvear
muy buena narración
Patricia Luna
Ayyy nooooo, que le va a pedir este orangután 🤣
Irene Passeri: Siii 🤣🤣🤣🤣🤣 nuestra imaginacion vuela..😂😂😂😂
total 1 replies
Rosaura Román
Buenísima trama.
Excelente trabajo
Rosaura Román
Tanto secreto 🤔🤔🤔
Dany 😎🇨🇱
Que falta de respeto y modales del niño, se nota que el no le enseña y nadie
Dany 😎🇨🇱
Al menos le respondió 😂
Dany 😎🇨🇱
Será una hija adoptada??? 🤔
Dany 😎🇨🇱
Que al menos algo salga como ella quiere
Ana Camargo
cuando regaño a Toñito si se la paso todo el día con la mamá, autora a veces se te va el hilo
Ali
muy bonita tu novela te felicito espero poder leer otra 👏🥰
Alba Hurtado
a dormir con el ogro 👹👿👁️ si todo lo que sale cuando abre su boca ,son palabras cortantes humillantes con doble sentido,el le gusta ella pero el orgullo narcisismo vale mas,eso es que le rompieron el ❤️ corazon
Alba Hurtado
como se le ocurre a esa señora a las tres de la mañana dos horas de camino por un desayuno, no piensa le puede pasar algo malo es una joven sola en carretera que peligro
Alba Hurtado
para que leen si no les gusta dando malos comentarios insultando a la escritora que no gana sino los comerciales que ponen se esfuerza con ilusion que den buenos consejos comentarios NO LEAN,👁️👁️🧐🤨
Irene Passeri: Siii obvio Alba.. Si no te gusta o te aburres..no lo leas y no mandes msj difamatorios..la AUTORA tambien es un ser humano y tiene una familia que mantener gracias a los comerciales entonces no leas y listo se te termino el problema.. A mi me gusta tu historia escritora..te felicito..❤🌸❤🌸❤🌸❤
total 1 replies
Ana Camargo
y también ya Damián sabía q la mamá le había ofrecido plata para q se fuera la escritora como q se le olvida lo q escribe
Yolanda Valdivieso
Me encantó 🥰🥰🥰🥰
Yolanda Valdivieso
Me encanta,
Escritora muy buena, diferente, fresca una excelente versión de lo q debería ser una familia 🥰🥰🥰
Irene Passeri: ❤🧚🏽‍♀️🌸🌻🥀💮❤❤
total 2 replies
Alba Hurtado
le dijo que ella no merece nada solo es niñera
Alba Hurtado
las zorrasssss aparecen en todas partes ,a muchos hombres no les gustas las mujeres faciles,
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