NovelToon NovelToon
¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: INVESTIGACIÓN

Mason Salvatore

El eco del portazo con el que Harper cerró la puerta de mi despacho privado aún parecía vibrar en las estructuras de acero y cristal del penthouse.

Me quedé sentado, en absoluto silencio, frente a la mesa de nogal donde el vaso de agua que ella había soltado con rabia aún dejaba correr un pequeño hilo de agua sobre la superficie pulida.

La mancha alcanzaba el borde de mi tableta digital. Deslicé el pulgar para limpiarla, pero la sensación de la pastilla blanca desapareciendo por su garganta, seguida de esa mirada de desprecio puro y absoluto, se me había quedado clavada debajo de la piel como una astilla invisible.

«Un error», me había dicho a los ojos, sin vacilar, sin que le temblara el mentón.

Esa franqueza salvaje y desprovista de cualquier cálculo social era algo para lo que mi mente analítica no estaba preparada. En el mundo de Wall Street, las mujeres sonreían, negociaban o cedían; Harper, en cambio, me atacaba directamente a la yugular con la verdad de sus orígenes.

Caminé hacia el ventanal que dominaba el skyline de Manhattan. La ciudad despertaba bajo una capa de niebla grisácea. Me ajusté los puños de la camisa, sintiendo la mandíbula tensa. La escena de la camioneta blindada —su cuerpo desnudo contorsionándose sobre el mío, el sudor, la ausencia de cualquier barrera de protección y la forma en que sus gemidos habían ahogado los míos— seguía pasándome por la cabeza en una secuencia incesante.

Había sido un descontrol. Una falla imperdonable en mi disciplina. Y sin embargo, la sola idea de que otro hombre volviera a rozarle la piel, como había intentado hacer el imbécil de Sterling en la gala, me provocaba una rabia física que amenazaba con hacer añicos mi frialdad ejecutiva.

El teléfono de mi escritorio vibró. Era una llamada encriptada.

Contesté en el acto, poniéndome el auricular inalámbrico mientras me sentaba en el sillón de piel del salón secundario.

—Dime, Harold —ordené.

—Señor Salvatore, tengo el informe completo que solicitó a primera hora de la mañana —respondió la voz seca y metódica de mi jefe de inteligencia privada—. Profundizamos en el historial de la familia Jones. Archivos policiales, registros médicos desclasificados, finanzas y antecedentes académicos de Harper Jones. Le he enviado el documento cifrado a su servidor personal.

—Resúmeme los puntos clave ahora mismo —dije, apoyando los codos sobre las rodillas.

Escuché el chasquido de las hojas al otro lado de la línea antes de que Harold volviera a hablar.

—El panorama de la Sra. Salvatore es considerablemente más complejo de lo que indicaba la verificación de antecedentes básica que hizo el departamento de recursos humanos cuando su abuelo la intercepto en la fundación.

—¿A qué te refieres?

—El padre, Arthur, falleció hace seis años por una insuficiencia hepática aguda vinculada a un alcoholismo severo —explicó Harold con monotonía clínica—. Pero los registros del Departamento de Policía de Nueva York en el distrito de Brooklyn revelan algo más: entre 2012 y 2019, hubo un total de catorce llamadas al 911 desde el domicilio de los Jones por violencia doméstica.

Un silencio pesado cayó sobre la línea. Sentí un ajuste frío en la boca del estómago.

—¿Violencia doméstica? —repetí, reduciendo la voz a un tono peligrosamente bajo.

—Sí, señor. La policía intervino en múltiples ocasiones. Arthur Jones agredía físicamente a su esposa, Mary Jones, y a la propia Harper cada vez que entraba en estados de embriaguez extrema. Hay dos informes de urgencias del hospital público de Kings County: uno de cuando Harper tenía quince años, con una fractura en la cúbito del brazo izquierdo y contusiones múltiples, y otro dos años después por un traumatismo craneoencefálico leve. Ninguna de las denuncias llegó a juicio; Mary Jones siempre retiraba los cargos a la mañana siguiente por falta de recursos económicos para mudarse o contratar representación legal.

Apreté el puño sobre la piel del sillón hasta que los nudillos me quedaron blancos.

Las marcas moradas que Sterling le había dejado anoche en la muñeca... La forma en que ella había reaccionado con un pánico salvaje cuando el tipo la acorraló contra el mármol del pasillo...

De pronto, las piezas del rompecabezas encajaron con una claridad macabra. No era solo la indignación de una mujer agredida; era el detonante de un trauma enterrado bajo capas de supervivencia urbana.

—Continúa —articulé, con la garganta seca.

—Debido a la situación médica de la madre y a la constante inestabilidad en el hogar, Harper no pudo terminar la escuela secundaria —prosiguió Harold—. Abandonó los estudios en el penúltimo año para ingresar al mercado laboral informal. De acuerdo con los registros fiscales, ha tenido hasta tres empleos simultáneos durante los últimos siete años: personal de limpieza en oficinas nocturnas, camarera en una cafetería de Queens y dependienta en una lavandería automática. Ella ha sido la única fuente de ingresos de ese hogar desde los diecisiete años. Todo lo que ganaba se destinaba a la manutención de la casa, el pago del alquiler en una zona de alto riesgo de Brooklyn y el tratamiento médico de Mary Jones.

Cerré los ojos por un segundo.

La imagen de la mujer que me había desafiado minutos atrás —vistiendo un camisón de seda, con la barbilla erguida y la mirada cargada de un orgullo indestructible— se superpuso con la de una niña de quince años en la sala de urgencias de un hospital de mala muerte en Brooklyn, protegiendo a su madre con el brazo roto.

Algo extraño, una opresión desconocida y punzante que se parecía peligrosamente a la lástima, me oprimió el pecho.

¿Había sido demasiado duro con ella?

La pregunta me asaltó sin previo aviso. Le había arrojado una pastilla sobre la mesa como si fuera un trámite administrativo; la había amenazado con encerrarla en el penthouse y le había recordado con una crueldad metódica que no tenía voz ni poder en mi mundo. La había tratado con la misma frialdad distante con la que gestionaba la quiebra de una empresa competidora.

Nadie le había regalado nada. Todo lo que Harper conocía de la vida era la lucha, el dolor, el trabajo pesado y la prepotencia de hombres que usaban su fuerza o su dinero para pisotearla.

Abrí la pantalla de mi tableta y descargué el archivo adjunto que Harold me acababa de enviar.

Pasé las páginas rápidamente hasta encontrar la sección de fotografías anexas: copias en blanco y negro de fichas policiales antiguas, informes médicos firmados por doctores de turno y una foto de ficha escolar de Harper a los dieciséis años. Tenía el mismo cabello pelirrojo alborotado, pero sus ojos avellana reflejaban una sombra de cansancio y miedo que me revolvió el estómago.

Inhalé aire despacio, intentando recuperar el eje.

No te dejes engañar, Salvatore, me dije a mí mismo en un pensamiento rápido y severo, forzándome a cerrar la imagen de la chica de Brooklyn para volver a la realidad de los hechos.

La lástima era una emoción inútil en mi posición. Un lujo peligroso que podía costarme la presidencia de la corporación.

Sí, su infancia había sido un infierno. Sí, su padre había sido un monstruo y su vida una cadena interminable de privaciones y abusos. Pero nada de eso cambiaba la realidad de cómo había llegado a mi vida: la desesperación económica, la necesidad urgente de pagar la diálisis y los medicamentos de su madre, era precisamente el motor que la había llevado a aceptar el juego de mi abuelo.

Mi abuelo, Horacio Salvatore, era un anciano manipulador que conocía perfectamente las debilidades humanas. Había olido la desesperación de Harper a kilómetros de distancia. Supo que con un par de promesas de cobertura médica ilimitada y una suma de dinero que ella jamás vería en diez vidas de trabajo pesado, podría convertirla en la pieza clave de su último movimiento de ajedrez contra mí.

Harper no era una víctima inocente que había caído del cielo; era una mujer acorralada que había tomado una decisión consciente. Había aceptado firmar un acuerdo de matrimonio falso, engañando al consejo de administración, a la prensa y al mercado financiero con tal de salvar a su madre. Había utilizado su vulnerabilidad para meterse en el epicentro de la familia más poderosa de New York.

—¿Señor Salvatore? ¿Sigue ahí? —la voz de Harold en el auricular me devolvió al presente.

—Sí —respondí, mi voz recuperando la firmeza de acero habitual—. ¿Hay algo más en el informe?

—Solo un detalle sobre la fundación de su abuelo, señor. El contrato dice que la Sra. Salvatore tendra un puesto de trabajo en la fundación. Las firmas fueron validadas por el notario personal de Don Horacio. Ella recibió un anticipo directo en una cuenta bancaria de custodia.

—Entendido —dije entornando los ojos—. Borra todos los registros de esta investigación de los servidores locales. Que este informe no salga de tu archivo personal bajo ninguna circunstancia. Si la prensa llega a oler una sola palabra del historial de violencia del padre de Harper, te haré responsable personalmente.

—Comprendido, señor.

Corté la llamada.

Me puse de pie y caminé a pasos lentos hacia la puerta del despacho donde Harper se había encerrado. Apoyé la mano en el pomo de madera, sintiendo la frialdad del metal. Podía oír el silencio denso que reinaba al otro lado.

El descubrimiento de su pasado no cambiaba las reglas del juego, pero transformaba el tablero.

Ahora sabía exactamente qué botones apretar. Sabía que su orgullo era el único escudo que le quedaba y que la necesidad de proteger a su madre era su único punto débil. Pero también sabía —y esa certeza me resultaba extrañamente perturbadora— que Harper no se doblegaría jamás con amenazas vacías. Había sobrevivido a un padre maltratador y a la miseria de Brooklyn; no le temía a un multimillonario de esmoquin.

La lástima y el desprecio se mezclaron en mi interior en un cóctel amargo y peligroso.

Ella creía que la estaba aislando por pura crueldad. No entendía que en este mundo de tiburones, donde hombres como Sterling estaban dispuestos a despedazar a cualquiera que no tuviera las garras lo suficientemente afiladas, este penthouse era el único lugar donde su pasado no podía tocarla.

—Harás lo que yo diga, Harper —murmuré para mí mismo en la penumbra del pasillo, retirando la mano del pomo de la puerta sin llegar a abrirla—. No porque seas mi propiedad... sino porque es la única forma de que ambos salgamos vivos de este desastre.

Giré sobre mis talones y regresé a mi escritorio, preparando las órdenes del día para mi equipo de seguridad. La guerra bajo mi techo apenas comenzaba, y por primera vez en mi vida, no estaba seguro de tener el control absoluto del resultado.

1
Eli Cardona💘💘
Así se habla niña 👋😞
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play