Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.
NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
Capítulo 14
Teresa empujaba el carrito por los pasillos del supermercado mientras Mauricio caminaba a su lado.
Avanzaban con toda la lentitud posible.
Querían darle tiempo a Valeria para negociar a solas con Gabriel la propiedad de Residencial Los Encinos.
Teresa tomó una caja de cerezas importadas y la examinó varias veces.
Mauricio se sorprendió.
—Mamá, eso es carísimo. ¿Desde cuándo gastas tanto?
Una expresión calculadora cruzó los ojos de Teresa.
—Valeria está embarazada y ahora hay que tratarla con mucho cuidado. Debemos consentirla con algo bueno.
Miró de reojo a su hijo y, temiendo que notara su favoritismo, cambió de tono:
—La verdad, también quería comprarle cosas así a Cami…
Dejó escapar un suspiro triste.
—Pero antes nunca me hacía caso. Cuando ustedes vivían en la primera casa, estábamos a una calle de distancia y hasta me daba miedo visitarlos por si se molestaba. Contaba los días y esperaba cualquier oportunidad para verlos un poco más.
Apretó la caja de cerezas. Su voz se volvió opaca.
—Luego se mudaron y perdimos el contacto por completo. Ni siquiera tuvimos la oportunidad de aprender a convivir.
Mauricio sintió una punzada de culpa tan falsa como el relato.
Después de casarse con Camila, sí se había alejado poco a poco de su madre. Ahora se veía como un mal hijo que había olvidado a la mujer que le dio la vida por complacer a su esposa.
Durante años creyó que vivir con Camila era una bendición.
Sin embargo, sus relaciones se hicieron cada vez más escasas y en las fiestas apenas enviaba algún regalo.
Cuando apareció Valeria y comenzó a admirarlo, complacerlo y obedecerlo en todo, Mauricio descubrió el placer de que una mujer lo tratara como el centro de su mundo.
Por fin sentía que su vida estaba completa.
Se felicitó por haberse divorciado de Camila.
Valeria era dócil y manejable. Con seguridad se llevaría bien con Teresa.
Al fin tendría la vida perfecta que merecía.
—Has sufrido demasiado por mi culpa, mamá. Soy un mal hijo. Nunca te traté como debía.
Mauricio le pasó un brazo por los hombros.
Teresa aspiró por la nariz. Tenía los ojos rojos y parecía a punto de llorar.
—No importa. Ya pasó. De ahora en adelante trataremos bien a Valeria. Creció rodeada de lujos y no debemos hacerla sentir menos.
Cambió de tema con aparente descuido:
—Por cierto, veo que te interesa mucho la propiedad de Los Encinos. ¿De verdad es tan buena?
Una sonrisa segura apareció en el rostro de Mauricio.
—Por supuesto. Está en una de las mejores zonas, el entorno es de primer nivel y vale treinta millones de pesos.
Los ojos de Teresa se iluminaron.
—¿Treinta millones?
La sonrisa amenazó con partirle el rostro.
—Qué generosa es Valeria. Está dispuesta a darte una casa tan cara.
Arrojó otra caja de cerezas al carrito.
—Tenemos que tratar muy bien a esa muchacha. Es un encanto.
De pronto se detuvo, sujetó a Mauricio del brazo y miró alrededor antes de bajar la voz.
—Hijo, ¿no será arriesgado poner la escritura directamente a tu nombre? ¿Qué pasa si…?
—Mamá —la interrumpió él con impaciencia—, Valeria hace todo lo que le digo. No va a pasar nada.
—¿Cómo que no? Cuando te casaste con Camila también decías eso. ¿Y qué pasó? Siete años sin darte un hijo y al final buscaste a Valeria.
Teresa se acercó un poco más.
—Esta vez es diferente. Valeria espera un hijo tuyo y, por muy poderoso que sea Gabriel, tendrá que aceptar a su nieto. Pero debemos proteger la casa.
Su voz se volvió conspiradora.
—Hazme caso y ponla a mi nombre. Si algún día ustedes se pelean y se divorcian, una propiedad a tu nombre podría entrar en la división. Pero si está a mi nombre, será patrimonio de los Zamora y Valeria no podrá tocarla. ¿Crees que tu madre sería capaz de perjudicarte?
Mauricio frunció el ceño y guardó silencio.
Teresa tenía razón.
En su primer matrimonio ya había sufrido una pérdida enorme. Camila se llevaba la mitad de los bienes y quinientos mil pesos adicionales.
No podía cometer el mismo error.
Su madre adoptó de pronto una expresión seria.
—Mauricio, ¿estás seguro de que el bebé es tuyo?
Él la miró con desagrado.
—¿Qué estás diciendo? Desde que Valeria está conmigo sé adónde va. No tendría el valor ni la oportunidad de engañarme.
—Mejor así. Pero cualquiera puede mentir. Imagina que algún día descubres que el niño no es tuyo. Se pelean, pierdes la casa y encima resulta que mantuviste durante años al hijo de otro.
Teresa asintió con firmeza.
—Nunca está de más protegerse. Si eso ocurriera, la propiedad serviría como compensación por el engaño. Y todavía podrías exigirle algo más, como hiciste con Camila. Si pedimos más, es porque nos corresponde; si no lo hacemos, será por generosidad. No podemos permitir que vuelvan a tomarnos por tontos.
Mauricio reflexionó unos segundos.
Sus ojos se movieron con inquietud antes de asentir.
—Está bien. Pero primero debe quedar a mi nombre. Después haré una donación a tu favor. No conviene apresurarnos o Valeria podría sospechar.
—Eso es lo correcto.
Teresa sonrió, satisfecha, y tomó una bolsa de nueces.
—Esa muchacha es demasiado sencilla. Todo se le nota en la cara. Dijo que hablaría con su papá. ¿Crees que pueda convencer a Gabriel? Ese hombre no es fácil de engañar.
Mauricio soltó una risa despectiva.
—Que haga un escándalo. Mientras más llore, más le dolerá a Gabriel. Hasta el padre más astuto termina cediendo cuando su única hija amenaza con irse de la casa.
Los ojos de Teresa volvieron a brillar.
—Exactamente. Gabriel solo tiene una hija y la consintió toda la vida. Si Valeria hace suficiente drama, tendrá que rendirse. Después de conseguir esa casa, podremos pedirle que transfiera las otras…
—Mamá.
La voz cortante de Mauricio la hizo callar.
—Paso a paso. No seas tan impaciente. Gabriel no es tonto. Si mostramos demasiada hambre, sospechará.
Teresa sonrió con incomodidad y le dio unas palmadas en el hombro.
—Tú sí sabes cómo manejar a las mujeres. Esta vez no me decepcionaste. ¿Y el divorcio con Camila? ¿Ya está todo resuelto? No quiero sorpresas de último momento.
—Es una interesada. Mientras reciba dinero, obedecerá. Además, ella no puede acusarme de nada más que la infidelidad. Si hace demasiado ruido, tampoco le conviene. Le daré la mitad y quinientos mil pesos para que firme. Le está saliendo barato.
Teresa agitó una mano con indiferencia.
—Sí, sí. Deshazte de ella cuanto antes y no permitas que estorbe nuestra felicidad. Quinientos mil no son nada al lado de una casa de treinta millones.
—Cuando me vuelva realmente poderoso, se arrepentirá. Regresará de rodillas a pedirme perdón y podremos hacerle pagar todo. Claro que nunca volvería con ella. Solo quiero darme el gusto de rechazarla.
Mauricio habló con seguridad, aunque una sombra de inquietud se ocultó en sus ojos.
Teresa ya hacía otras cuentas.
—Cuando te cases con Valeria, tarde o temprano Gabriel se retirará. Entonces las empresas de los Beltrán serán tuyas. He soportado demasiado. Por fin nos toca disfrutar.
Tomó un folleto de artículos para bebé y lo revisó con entusiasmo.
No podían comprarle a Valeria cosas demasiado baratas. Si se ofendía, podía arruinar el plan.
—Mamá, deja eso. Regresemos. Valeria está esperando.
Teresa soltó el folleto con desgano.
—Cuando tengamos la casa, les organizaré una boda espectacular. La hija de Gabriel Beltrán va a casarse con un Zamora con todos los honores. Todo el mundo tendrá que verlo.
Mientras se alejaba, continuó soñando en voz baja:
—Cuando Gabriel se retire y tú quedes al frente de su patrimonio, él y yo tendremos tiempo de sobra para acercarnos…
El olor a desinfectante llenaba el pasillo del hospital.
Una enfermera pasó de prisa empujando un carrito mientras Teresa y Mauricio regresaban con dos bolsas de víveres y artículos de uso diario.
Teresa aún sonreía.
Al abrir la puerta, ambos se quedaron inmóviles.
Valeria estaba sola en la cama.
Tenía los ojos hinchados y los labios le temblaban.
Gabriel ya se había ido.
—Valeria, ¿qué pasó?
Teresa llenó el rostro de preocupación y corrió hacia ella.
—No llores, mi niña. Vamos a hablarlo. Te compré cerezas importadas, las más dulces y caras. Ya no llores.
Valeria guardó silencio mientras las lágrimas caían sobre la sábana.
—Mamá, tú sí me quieres.
—¿Dónde está tu papá? —preguntó Teresa mientras inspeccionaba rápidamente la habitación para asegurarse de que nadie más estuviera presente—. ¿Discutieron?
Mauricio cambió de expresión y se acercó.
—¿Qué pasó? ¿No aceptó?
Valeria se mordió el labio y negó con la cabeza.
—Dijo que no tocará la casa de Los Encinos y que deje de pensar en ella. También dijo…
Le lanzó una mirada insegura a Mauricio y calló.
—¿Qué más dijo? —preguntó él entre dientes.
—Que si vuelvo a amenazarlo con irme de casa, fingirá que nunca tuvo una hija.
Valeria rompió a llorar.
—Dijo que si quiero huir contigo y criar sola a nuestro bebé, no hará nada. No pondrá la casa a mi nombre. Mi papá ya no me quiere.
El corazón de Teresa dio un vuelco.
¿Treinta millones perdidos de un momento a otro?
Así que las lágrimas y amenazas de Valeria no servían con Gabriel. En vez de ceder, estaba dispuesto a romper con ella.
Primero debían calmar a la muchacha.
Si de verdad terminaba separada de Gabriel, ¿para qué querrían que Mauricio se casara con ella? ¿Solo para tener hijos?
Camila, por lo menos, trabajaba y además atendía a Teresa.
Valeria había sido consentida toda la vida. Al final, Teresa tendría que convertirse en su sirvienta.
Respiró hondo y cubrió su decepción con ternura.
Tomó la mano de Valeria y la palmeó.
—Ay, niña, no llores. No importa, de verdad. Si tu papá se negó, tendrá sus razones. Todos los padres quieren proteger a sus hijas. Seguramente teme que salgas lastimada. Todavía desconfía un poco de nosotros. Cuando estén casados, podrán ganarse su confianza poco a poco.
Valeria negó entre sollozos.
—Señora Teresa, no cumplí lo que le prometí a Mauricio. Yo…
—No digas tonterías.
Teresa la interrumpió y sacó la caja de cerezas.
—Mira. Las compré especialmente para ti. Son importadas y carísimas porque sé que te encantan. Si tu papá no quiere, no hay prisa. Ya encontraremos el momento. No te pongas así. Estás embarazada y no debes llorar.
Mientras la consolaba, hacía nuevos cálculos.
La postura de Gabriel era demasiado firme. Enfrentarlo directamente no serviría.
Tendrían que buscar otra estrategia: insistir varias veces por medio de Valeria o atacar desde otro punto.
Mauricio estaba de pie al otro lado de la cama.
Un músculo le tembló en la mejilla mientras contemplaba los ojos hinchados de Valeria.
Sentía una piedra en el pecho.
Treinta millones.
Ya había planeado la remodelación, las reuniones con sus amigos y hasta la forma en que presumiría la propiedad frente a Camila.
Todo se había desvanecido.
—Mau… —lo llamó Valeria con cautela.
Él se obligó a sonreír.
El gesto parecía más doloroso que el llanto.
Se acercó y le acarició el cabello.
—No pasa nada. Si tu papá dijo que no, olvídalo. No llores. Le hace daño al bebé. Yo me encargaré de conseguir una casa. Tú solo preocúpate por cuidarte.
Teresa miró rápidamente a su hijo.
Las venas del cuello se le marcaban, pero su voz seguía bajo control.
Respiró aliviada.
Con los años, Mauricio por lo menos había aprendido a ocultar sus intenciones.
—Eso es. Mira, también te traje nueces y almendras. Todo es bueno para ti. Ya no eres una sola persona y debes alimentarte bien. Con tu papá iremos despacio. No por mucho madrugar amanece más temprano.
Valeria contempló las compras y por fin sonrió entre lágrimas.
Extendió la mano hacia las cerezas.
—Gracias, mamá. Es tan buena conmigo.
Mauricio se sentó y bebió del vaso que estaba en el buró.
Guardó silencio unos segundos antes de preguntar con demasiada indiferencia:
—Valeria, ¿hace cuánto se fue tu papá?
—Como media hora.
Mauricio dedujo que la pelea había sido terrible.
Gabriel solía pasar entre treinta minutos y una hora con su hija cada vez que iba a verla. Si aquella vez se marchó tan pronto, Mauricio no podía presionarlo.
Tendría que demostrarle poco a poco que amaba a Valeria de verdad y no por dinero.
Después de la boda aceptaría que registraran al bebé como Beltrán Zamora, con el apellido materno primero.
Así Gabriel conocería su sinceridad y podría confiarle sin miedo todo el patrimonio a su hija.
—Valeria, dime la verdad —pidió Teresa con una dulzura pegajosa—. ¿Tu papá tiene alguna idea equivocada sobre Mauricio? Puedes contármelo. Yo te ayudaré a entenderlo.
Necesitaba saber hasta qué punto Gabriel desconfiaba de ellos.
¿Solo sospechaba que buscaban su dinero o, en el fondo, los despreciaba?
Valeria repitió todo lo ocurrido.
Mientras la escuchaba, el rostro de Teresa cambió varias veces de color.
Mauricio sintió que algo le bloqueaba el pecho.
Cerró los puños hasta que las venas de sus antebrazos se hincharon.
Gabriel siempre había adorado a Valeria.
¿Con qué derecho se negaba? ¿Por qué desconfiaba de ellos? ¿Por qué no aceptaba que lo suyo era amor verdadero?
Treinta millones de pesos.
Los había tenido al alcance de la mano y Gabriel los hizo desaparecer con unas cuantas palabras.
Mauricio lo insultó en silencio.
Viejo miserable.
Si no fuera porque Valeria llevaba en el vientre a un Zamora, nadie querría aquella casa de porquería. Cuando Gabriel terminara peleado con su hija, ya vería quién se ocupaba de él en la vejez.
Recuperó el control: si se apresuraba, perdería.
—Valeria…
Mauricio la miró con una tristeza que le quebró la voz.
—No sigas. Ya entendí. Soy un desgraciado y no te merezco. Es lógico que tu papá desconfíe de mí. No lo culpes.
Valeria sintió que el corazón se le hacía pedazos.
—Mau, no digas eso. Me duele escucharte.
Mauricio aspiró por la nariz.
Una lágrima resbaló desde el rabillo de su ojo.
—No importa.
Le tomó la mano.
—Manejé todo tan mal que ahora te llaman amante. Tu papá se siente humillado por mi culpa. Lo nuestro es amor verdadero. Cuando nos casemos, vamos a demostrarle con hechos que somos buenos hijos. ¿Sí?
La súplica de su voz terminó de conmover a Valeria.
Se lanzó a sus brazos y lloró a gritos.
—Sí. Gracias, Mau, por comprenderlo. Voy a esforzarme para convencer a mi papá.
Mauricio le acarició la espalda y la consoló.
—Solo lamento que tengas que sufrir. No podré darte una gran boda porque necesitamos ahorrar para comprar la casa.
Las lágrimas de Valeria cayeron con más fuerza.
—No importa, Mau. Solo quieres construir un buen futuro para nosotros. Haremos algo sencillo. No necesito una celebración enorme.
Teresa escuchaba a un lado con una sonrisa apenas visible.
Su hijo sí que sabía jugar sus cartas.
De ese modo, además, humillarían a Gabriel y sembrarían resentimiento en el corazón de Valeria.
Si algún día reclamaba que Mauricio no le había dado la boda que merecía, ellos podrían culpar abiertamente a su padre.
Fue Gabriel quien arruinó su celebración.
Mientras más lo odiara, más dependería de la familia de su esposo.
Y Teresa se ahorraría mucho dinero.
Cuando Valeria se casara, sería todavía más fácil controlarla.
Si aceptaba una boda miserable y después sufría en casa de los Zamora, ni siquiera se atrevería a divorciarse y regresar con su padre.
Ella misma había insistido en casarse.
Volver divorciada solo avergonzaría a los Beltrán.
¿A quién podría culpar?
A nadie más que a sí misma por estar ciega de amor.
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
👏👏👏👏🤣