Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 11: Las castañas están listas para romperse...
KAELYN
Sus labios. Su sabor. Eran adictivos. Suaves y difíciles de olvidar. Durante días no pude pensar en otra cosa más que en eso. La confesión de Adler me dejó desconcertada. Durante los primeros minutos fui incapaz de reaccionar.
Había esperado cualquier otra cosa de él. Una orden. Una amenaza. Una de sus tantas respuestas arrogantes y molestas.
Pero nunca aquello. Me había hablado de sus sentimientos sin intentar obligarme o presionarme a corresponderle. Había sido posesivo. Oscuro. Intenso.
Estando en mi habitación miré mi vientre. Mis bebés pateaban tranquilos. Las patadas no eran molestas. Las podía tolerar.
—Ustedes son lo más bello que me ha pasado, jamás lo olviden—Una patada. Sonreí—. ¿Saben? No me arrepiento del modo en que llegaron a mi vida. Lo haría todas las veces que fueran necesarias.
Además, como bien ya sé que han escuchado. Su padre me confesó que me ama y siendo honesta... no supe qué decir, pero... realmente estos últimos días me he dado cuenta de qué... amó a su padre. Lo amo tanto que no me arrepiento de nada— Otra patada. Sonreí—. Los espero con ansias mis niños. Deseo tanto ver sus caritas y sus sonrisas.
Seguí hablando con mis bebés cuando Adler entró a la habitación.
—¿Cuánto tiempo llevas allí?
—El tiempo suficiente—Fue hacia mí. Se acercó y se inclinó y me besó. Despacio con ternura. Sin ninguna prisa.
Correspondí. Mis manos se apoyaron sobre su pecho. El beso se volvió más profundo de a poco. La intensidad aumentó. Su mano rodeó mi cintura y la mía se deslizó hasta su nuca. Hasta que una patada nos hizo parar. Nos separamos y luego llegó otra patada.
—Creo que están exigiendo atención—Me reí.
—Estoy de acuerdo—Adler apoyó su mano en mi vientre.
—Tendrán toda mi atención cuando nazcan.
Otra patada.
—¿Ves?—Sonreí.
Esa noche dormimos en la misma habitación. No hubo necesidad de explicar o hacer nada. Simplemente permanecimos juntos. Y por primera vez desde que entré en la vida de Adler Schneider...
Sentí que con él podía tener el hogar que tanto deseé tener desde el momento en que supe que sería madre.
...****************...
Un mes después cumplí los ocho meses. La noche era perfecta y silenciosa. El escenario perfecto para ser despertada por mis hijos.
—Ay, dejen de patearme...—Respiré profundo y no fue suficiente. Siguieron las patadas.
Adler me escuchó quejarme y se despertó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
—Los bebés me están pateando—Puso su mano en mi vientre. Una patada. Luego otra. Después otra—. Están inquietos.
Entonces oímos un ruido. Un golpe. Algo que había caído en alguna parte de la casa. Adler se incorporó y su expresión cambió. Toda la calidez en él desapareció.
—Quédate aquí.
—¿Qué está pasando?—Se levantó.
—Alguien entró a la casa.
Sentí el miedo recorriendo mi cuerpo como un viento helado. Frío. Gélido y cortante.
—Adler...
—No salgas de esta habitación—Asentí. Él salió. Lo vi desaparecer por la puerta con una rapidez que me recordó a una pantera furiosa.
Me quedé inmóvil. Oía pasos. Después un golpe. Una voz desconocida. Y la voz de Adler. Fría. Amenazante. Oscura. Luego otro ruido.
Después una pelea. Me llevé ambas manos al vientre.
—Todo estará bien...—No sabía si se lo decía a mis hijos o a mí misma. Pasaron varios minutos. Después... Silencio. Un silencio absoluto. Hasta que la puerta se abrió. Adler entró.
Su camiseta estaba cubierta de sangre fresca. El olor me hizo sentir mal. En la otra mano sostenía un cuchillo. Me asusté aún más.
Pero antes de que pudiera decir algo, lo dejó caer al suelo.
—Llama a la policía.
—¿Estás herido?
—No estoy herido—Dijo quitándose la camiseta y dejándola en el suelo.
—¿Y sangre?
—No es mía—Me abrazó—. Todo está bien.
Permanecí contra su pecho.
—¿Lo mataste?
—No—Su voz era tranquila—. Está vivo. Lo até. Trató de herirme, pero no lo consiguió—. Tomé el teléfono y llamé a la policía. Mientras esperábamos, Adler no me soltó—No voy a permitir que nadie vuelva a entrar aquí.
Apoyé la cabeza contra él.
—Tengo miedo—Su mano acarició mi cabello.
—Lo sé.
—Pero estoy bien.
—Lo sé—Permanecimos abrazados hasta que finalmente escuchamos las sirenas. Cuando los agentes llegaron, encontraron al intruso perfectamente atado.
Estaba pálido. Pero cuando vio a Adler...
Pareció quedarse sin sangre. Sus ojos se abrieron con terror puro. Uno de los agentes lo levantó.
—¿Quién te contrató?
El hombre permaneció callado. Adler dio un paso hacia él. No dijo una sola palabra. No dijo una sola palabra. No hizo falta. El intruso tragó saliva.
—Una mujer.
—¿Qué mujer?
—Aída—Sentí que mi cuerpo se congelaba. Ese nombre. No lo había escuchado en años. Adler me miró. El hombre continuó hablando—. Me pagó para secuestrar a la mujer—Sus ojos se posaron en mí.—A Kaelyn.
Algo dentro de mí cambió. Aída. Mi madre. La mujer que había desaparecido después de que mi padre murió. La mujer que nos abandonó a mis hermanos y a mí. Y nunca la volvimos a ver ni saber nada. Durante años creí que ese nombre estaba en el pasado. Qué equivocada estaba. El intruso intentó levantarse.
Lo miré.
—Si la llegas a ver... dile algo de mi parte—El hombre me observo.
—¿Qué cosa?—Sonreí.
—Dile que las castañas están listas para romperse.
El hombre me miró con extrañeza. No lo entendió. No tenía qué entenderlo. Aquella frase solo significaba algo para mi familia.
Una advertencia. Un recuerdo. Una promesa.
Los agentes se llevaron al hombre. Después tomaron nuestras declaraciones. Finalmente, la casa quedó de nuevo en silencio. Adler cerró la puerta. Se giró hacia mí.
Sus ojos verdes estaban clavados en mi rostro.
—¿Quién es Aída?
No respondí inmediatamente. Miré mi vientre. Después hacia la puerta. Respiré profundo. Había esperado años para decir aquel hombre. Pero nunca imaginé que tendría que hacerlo así.
—Aída...—Mi voz se quebró—Es mi madre.
Adler se quedó inmóvil. No parecía estar sorprendido. Estaba furioso.
—¿Tu madre?—Asentí.
—La mujer que nos abandonó...—Levanté la mirada—La mujer que jamás volvió.
Adler se acercó y tomó mi mano. Su expresión se volvió oscura.
—Entiendo ahora por qué dijiste aquello.
Lo miré.
—¿Qué?
—Lo de las castañas—Una sonrisa pequeña apareció en mis labios.
—Mis hermanos y yo tenemos una historia peculiar con esa frase.
Adler entrelazó sus dedos con los míos.
—Cuéntamela.
Lo miré unos segundos. Sabía que tarde o temprano tendría que abrir aquella parte de mi pasado. Y quizá...
Ya era el momento de hacerlo. Porque Aída había vuelto.
Y no estaba sola. Mis hermanos estaban conmigo. Mis hijos. Y Adler. Y algo me decía que mi madre acababa de cometer el peor error de su vida.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂