Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Disparos
Vivían se levantó más temprano de lo habitual, era el día de la boda, aunque no había dormido nada bien, tenía que ir a ver a su madre. Ya tenía una pequeña mochila con la ropa que llevaría. No tenía humor de ser meticulosa empacando, no le importaba nada.
Llegó al hospital preguntando en la administración que estaba pasando con su madre.
— La operación se llevaría acabo por la tarde, - le informó el doctor a cargo.
Claro quería asegurarse que no se echara para atrás. Si supiera que quería desaparecer de la faz de la tierra, si no fuera porque su madre le importaba, y aún también su hermano aunque fuera un completo idiota.
Su madre estaba cededa como las últimas veces que la fue a visitar.
— Mamita me aseguraré de qué te pongas bien, te quiero muchísimo. - murmuró entre lágrimas. Espero que la próxima vez que venga a verte ya estés mejor y tengas una esperanza de vivir.
Miró la hora, tenía que llegar al hotel donde Elliott le dijo que la esperarían para que la maquillaran, desde ahí saldrá a la capilla, le dio un beso en la frente y salió rápidamente.
Cuando llegó al hotel, la esperaba un furioso Elliott.
— ¿Donde demonios andabas? - preguntó dirigiéndose hacia ella con rabia, tomándola bruscamente de un brazo.
Vivían hizo un gesto de sorpresa, quejándose.
— ¡Suéltame idiota! ¿que te pasa? - intentó safarse le dolía.
— ¡Me estás lastimando! - gritó
Lo miró con desprecio.
— Fui a ver a mi madre. - comentó, ¿acaso también te tengo que pedir permiso?
— Tengo que enterarme de hoy en adelante dónde te metes.
—No señor Elliott, ese no fue el acuerdo. - le recordó de frente.
— Eso acaba de cambiar, desde hoy serás mía.
— Estás demente si crees que voy a ceder, me casaré contigo porque me estás obligando. Y si estuviera en mis manos, y tuviera ese dinero que necesita mi madre para ponerse bien, jamás voltearía a mirarte.
Elliott enfureció más, ninguna mujer se le había revelado.
Le dio una fuerte bofetada haciendo que la chica cayera al suelo, la levantó con brusquedad.
— Nunca vuelvas a desafiarme. - le dijo mirándola con rabia.
— Si quieres dejo morir a tu madre y asunto arreglado. Yo soy el que está invirtiendo su dinero.
Vivían se tensó, la tenía entre sus manos.
— Lo siento, por favor no retires el dinero, te lo suplico. - Vivían accedió con los ojos rojos, y un hilo de sangre del labio inferior, el golpe había sido fuerte.
— Así me gusta. Le besó los labios en un descuido de la chica.
Vivían odiaba que lo hiciera, la mujer que siempre lo acompañaba no se le separaba y siempre vivía colgada de él. Ni una pizca de respeto.
Cuando Elliott salió, le advirtió que no debía llegar tarde, todo estaba preparado para dentro de dos horas, y aún no estaba maquillada.
Cuando ya no lo vio, se soltó a llorar su tragedia, pero no podía ni siquiera darse ese lujo, se lavó la cara, yendo a donde esperaban los expertos en maquillaje.
Le taparon los golpes que aún le dolían, pero prefería a pensar qué su madre pudiera morir.
Se miró al espejo, se veía espectacular. Pero la tristeza en su rostro, no la borraba ningún maquillaje. Avisó que ya estaba lista. La escoltaron hasta el auto que esperaba por ella, partiendo inmediatamente.
Cuando llegó a la capilla Santa María. Sintió sus pies adheridos al suelo. Estaba a punto de volver a llorar, pero no debía, tuvo que tomar fuerzas de donde ya no había.
— Dios mío. - pronunció con la garganta cerrada, ¿de verdad me tendré que casar con un hombre como lo es Elliott Foster?
— Veces me reusó a que existen los milagros, ¿podría ocurrir algo así por mí? - suplicó hasta el cielo. Era tanto su dolor que deseaba que algo pasara.
Observó a Lizeth la amante de Elliott llorando en un rincón, esa mujer no se respetaba ni un céntimo, cuando la vio de frente le sorprendió verla con golpes también en la cara.
— Señorita ya le esperan dentro. - le avisó uno de los hombres de Elliott.
Vivían solo asintió siguiéndole inhalando y exhalando, su respiración estaba agitada.
Observó a su hermano sentado en un rincón con la cabeza baja, la mirada que le dio era de disculpa, pero ya no podía retroceder. Quiso cerrar los ojos pues sentía que caía a un abismo.
Pero la mano de Elliott recibiéndole y jalándole hacia él, la sacó de su ensoñación.
Había llegado la hora, el sacerdote estaba llegando y un representante de ley estaba en un costado.
Vivían dio una rápida mirada hacia todos los presentes, eran puros hombres que de seguro eran amigos de Elliott.
Un carraspeó la hizo poner atención hacia el sacerdote.
— Vamos a empezar. - avisó el párroco.
— Prosiga, - contestó Elliott mirando hacia su futura esposa, con una sonrisa de suficiencia.
— Estamos aquí para presenciar la unión de Elliott Foster y Vivían Ward.
Pero de pronto, todo se quedó en silencio, ni siquiera un murmullo se escuchó. Un momento después unos pasos fuertes se encaminaban hasta ellos.
Pero lo que llamó la atención de Vivían fue ver la palidez y terror en el rostro de Elliott.
— Vaya vaya Elliott Foster, no recibí la invitación a tu boda. - pronunció Dominic con dos hombres a cada costado suyo.
— Fuuue, fue apresurado. - pronunció balbuceando.
Dominic se plantó en frente de ambos.
Vivían no entendía porque sentía satisfacción ver a Elliott en ese estado. Ni en sus sueños más remotos pensó verlo de esa forma.
— Vine por mi dinero, - declaró, me han dicho que no haz querido pagarme y son muchos millones. Nunca he sido beneficencia pública.
— No no, yo lo sé, te pagaré, sólo dame unos días más.
— No… ya te esperé un año, y quiero mi dinero ahora, saco una pistola beretta bañada en oro, miro a la chica, levanto una ceja, eso llamo la atención de Elliott.
— Llévatela, te la entrego a cambio. - se apresuró a decir.
— Maldito bastardo, - maldijo Vivían. Eres un maldito cabron. No soy mercancía.
— ¡Cállate! - quiso volver a golpearla. Pero Dominic se atravesó impidiendo otro golpe, disparandole en un pie, haciéndolo gritar de dolor.
Dominic se acercó a Vivían.
Es virgen aún, te atenderá bien, Dominic le recorrió con la vista, hermosa, dijo para él.
Vivían no podía creer lo que ese imbesil estaba haciendo, estaba tratando con ella. La jaló del brazo haciéndole quejarse del dolor.
— No acepto corruption en mis mujeres. - respondió viendo los moretones en sus brazos.
— No no , está limpia, yo se los hice.
Dominic volvió a dispararle en otra pierna.
— ¡Agredes a mujeres miserable!
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