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La esposa que dejó de esperar

La esposa que dejó de esperar

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: gigiwww

Sabrina Elvara lo tuvo todo: una mansión, un apellido de prestigio y un esposo que cualquier mujer envidiaría. Lo único que nunca tuvo fue el amor de León Ardián.

Casados por obligación tras una noche que ninguno de los dos recuerda con claridad, su matrimonio no fue más que una jaula dorada. León la ignoraba. Sabrina lo perseguía. Y cuando descubrió que estaba embarazada, él se alejó aún más.

Hasta que un día Sabrina dejó de esperar.

Sin avisar, sin pedir permiso, huyó a Europa con su hija en el vientre. Dio a luz sola en Holanda durante una tormenta de nieve, reconstruyó su vida en Roma con un pequeño negocio de flores y crió a Liora —una niña de ojos enormes y risa contagiosa— sin la sombra de los Ardián.

Tres años después, León la encuentra por accidente. Pero la mujer que lo recibe ya no es la Sabrina que conoció: no suplica, no sonríe por compromiso, no necesita que él la salve. Y Liora, la hija que no sabía que existía, lo desarma con una sola frase:

—¿Tú eres el señor del parque?

Porque el amor no se demuestra con grandes gestos.

Se demuestra quedándose.

NovelToon tiene autorización de gigiwww para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 — La niña en el parque

La mañana en Roma llegó cálida, bañada por la luz suave de la primavera. El parque de la ciudad empezaba a llenarse de niños correteando, parejas mayores paseando sin prisa y el canto tranquilo de los pájaros.

En una de las bancas, León estaba sentado solo, revisando documentos en su tableta.

Su reunión del día había terminado antes de lo previsto.

Pero por alguna razón...

Prefirió caminar sin rumbo en vez de volver al hotel.

Llevaba ya tres días en Roma por negocios. La ciudad era hermosa, pero ni siquiera su belleza lograba llenar el vacío que lo perseguía desde hacía tres años.

Alzó la vista al escuchar una risita aguda.

—¡Pajarito, no te vayas!

León giró la cabeza.

Una niña pequeña corría con pasos torpes detrás de una paloma, el rostro radiante de alegría. Su cabello negro ondulado se agitaba desordenado con el viento.

Las mejillas redondas, encendidas por el esfuerzo.

Y sin saber por qué...

León no pudo apartar los ojos.

Era una niña preciosa.

La pequeña terminó deteniéndose justo frente a su banca, con la respiración entrecortada.

—Ay...

Uno de sus zapatitos se le había salido.

León se inclinó por instinto y recogió el zapato.

—Toma.

La niña levantó la cara al instante.

Unos ojos grandes y luminosos.

Y en ese segundo, algo se estremeció en el pecho de León.

Esos ojos...

Le resultaban terriblemente familiares.

—¡Gracias, señor!

La vocecita lo trajo de vuelta a la realidad.

Sin darse cuenta, una sonrisa leve le curvó los labios. Algo que casi nunca ocurría.

—¿Estás solita?

La niña negó con la cabeza enérgicamente.

—¡Lio tiene a tía Kate!

León asintió despacio.

Era demasiado pequeña para andar sola en un parque.

—¿Cómo te llamas?

La niña le regaló una sonrisa orgullosa.

—¡Lio es Liora!

El corazón le dio un vuelco.

No entendía por qué, pero ese nombre le resultó desconocido y cálido al mismo tiempo.

—¿Liora qué más?

—¡Liora Alessa!

León contempló a la pequeña un largo instante.

Cuanto más la observaba...

Más le oprimía el pecho.

La línea de los ojos.

El cabello negro.

Y esa expresión al sonreír...

Se parecía demasiado a alguien.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó en voz baja.

—¡Tres!

Liora levantó tres deditos con entusiasmo desbordante.

León soltó una risa queda.

Esta niña era irresistible.

—¿Y tu papá dónde está?

La pregunta hizo que Liora arrugara la frente, pensativa.

—Papá lejos.

La respuesta, tan inocente, dejó a León en silencio un momento.

—¿Lejos dónde?

Liora negó con un gesto gracioso.

—No sabe.

León se quedó mirándola sin darse cuenta de cuánto tiempo llevaba haciéndolo.

Había algo en esa niña que le impedía desviar la atención.

Una calidez extraña.

Y una sensación de consuelo que no sabía explicar.

—¡Liora!

La voz de una mujer irrumpió a lo lejos, cargada de pánico.

Una joven de cabello castaño claro venía hacia ellos a paso acelerado, el rostro tenso.

Kate.

La amiga cercana de Alya que llevaba años ayudándola con la floristería.

En cuanto vio a Liora sentada junto a un desconocido, palideció.

—¡Dios mío, Lio!

Kate jaló a Liora de inmediato y la estrechó contra su cuerpo.

—¡No puedes hablar con extraños así como así!

Liora hizo un puchero.

—Pero señor bueno...

La pequeña negó con insistencia.

Kate apenas entonces reparó en el hombre que se ponía de pie frente a ella.

Y en ese instante, el color le abandonó el rostro por completo.

Demasiado apuesto. Demasiado imponente para olvidarlo.

Traje caro.

Un aura gélida.

Mirada cortante.

Kate había visto una foto de León años atrás, en el teléfono de Sabrina.

Y ahora un escalofrío le recorrió el pecho.

No puede ser...

¿León Ardián?

León entrecerró los ojos al notar el cambio en la expresión de aquella mujer.

—¿Pasa algo?

Kate forzó una sonrisa nerviosa.

—No... disculpe, es solo que me preocupé.

Liora tironeó la blusa de Kate con suavidad.

—Tía Kate, ¡señor ayudó zapato de Lio!

A Kate casi se le detuvo el corazón.

—Sí, sí... vámonos ya, ¿quieres?

—Pero Lio no jugó...

—Otro día.

Kate alzó a Liora en brazos antes de que la niña pudiera decir nada más.

Pero justo antes de que se alejaran, León habló:

—¿La mamá de Liora dónde está?

Kate se quedó helada un segundo.

El pulso se le disparó.

—Está trabajando —respondió deprisa.

Sin esperar un instante más, se marchó con Liora, alejándose del parque lo más rápido que pudo.

León permaneció de pie, inmóvil, siguiendo con la mirada sus figuras que se perdían entre los árboles.

No entendía por qué...

Pero desde que posó los ojos en esa niña, algo dentro de su pecho no dejaba de latir distinto.

Algo muy extraño.

Y por primera vez en años—

León sintió algo que creía haber olvidado.

Calidez.

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