En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 4 — Examen de Talento de Magia y Cuerpo.
Finalmente llegamos a la Catedral Potenvia.
Desde el exterior, la enorme construcción parecía más un palacio que un templo.
Sus torres blancas se elevaban hacia el cielo y los enormes ventanales dejaban entrar una luz clara que hacía brillar las paredes de mármol.
Pero aquello no era lo que más llamaba mi atención.
Dentro del gran salón había una multitud.
Decenas de familias nobles se encontraban reunidas.
Padres.
Madres.
Hijos.
Hijas.
Todos esperaban ansiosamente su turno.
Algunos niños parecían emocionados.
Otros estaban aterrados.
Y algunos padres observaban a sus hijos con una expectativa que resultaba casi insoportable.
Yo sabía perfectamente qué estaban esperando.
El resultado de la prueba podía cambiar una vida entera.
En el centro del salón se encontraba la estatua.
Una enorme figura de piedra cubierta por numerosas manos talladas que parecían aferrarse a su superficie.
En el centro se encontraba la piedra de evaluación.
Antiguas letras y símbolos estaban grabados sobre ella.
Aquella piedra podía revelar cuatro resultados.
Si brillaba de color dorado...
Talento mágico.
Si brillaba de color café...
Talento físico.
Si brillaba de color verde...
Poseía ambos.
Magia y cuerpo.
Un talento extremadamente raro..
Y finalmente...
Ningún brillo.
Cero talento.
Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido.
Aunque mi padre era un duque, al ser una niña debía esperar a que los niños realizaran primero la prueba.
Me quedé junto a mi familia observando.
Junto a la estatua se encontraba un anciano vestido con una larga túnica blanca.
Su cabello y su barba eran completamente blancos y descendían sobre su pecho.
Era uno de los magos encargados de verificar los resultados.
Yo sabía que aquella prueba solo podía realizarse una vez.
Por eso todos estaban tan nerviosos.
Aunque por distintas razones.
......................
—¡Siguiente!
Un niño avanzó.
Era hijo de un barón.
Caminó hasta la estatua acompañado de su padre.
El pequeño tragó saliva.
—No tengas miedo —le susurró su madre.
El niño asintió.
Levantó la mano.
Y la colocó sobre la piedra.
Durante un instante no ocurrió nada.
Entonces...
¡BRILLÓ!
Las antiguas letras grabadas en la piedra se iluminaron con un intenso color dorado.
—¡Talento mágico!
El barón abrió los ojos.
Su esposa se llevó ambas manos a la boca.
—¡Mi hijo tiene talento mágico!
El niño sonrió.
Su padre lo tomó por los hombros, visiblemente orgulloso.
—Sabía que lo lograrías.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
—Un talento mágico...
—Si continúa desarrollándose podría convertirse en un gran mago.
—O un archimago.
El niño abandonó la estatua sonriendo.
Siguiente.
Otro niño avanzó.
Colocó la mano.
Esperamos.
Nada.
La piedra permaneció completamente apagada.
El silencio fue incómodo.
El niño bajó lentamente la cabeza.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—No tengo talento...
Su padre se agachó frente a él.
—Eso no significa que seas inútil.
La madre también lo abrazó.
—Puedes encontrar otro camino.
—Exactamente —dijo su padre—. Aún puedes convertirte en alguien importante.
El pequeño asintió mientras lloraba.
Yo observé la escena en silencio.
Qué diferente era aquello.
Un niño podía carecer de talento y aun así recibir palabras de aliento.
Una niña no tendría la misma suerte.
Y pronto lo comprobaría.
Uno tras otro, los niños fueron pasando.
Algunos obtenían talento mágico.
Otros talento físico.
Ninguno tuvo ambos.
Y otros...
Nada.
......................
Finalmente llegó el momento de que comenzaran las niñas.
Una pequeña hija de un marqués fue llamada.
Caminó lentamente hacia la estatua.
Era evidente que estaba nerviosa.
Miró a su familia.
Su padre le hizo un gesto para que continuara.
Ella respiró profundamente.
Levantó la mano.
Y la colocó sobre la piedra.
¡BRILLÓ!
Pero no dorado.
La piedra comenzó a emitir un intenso resplandor color café.
—Talento físico.
El anciano pronunció aquellas palabras con absoluta tranquilidad.
La niña sonrió.
—¡Tengo talento!
Su pequeña voz estaba llena de felicidad.
Pero entonces miró a su familia.
Nadie sonreía.
Su padre permanecía inmóvil.
Su madre había palidecido.
Los demás nobles comenzaron a observarla.
Y en sus rostros no había orgullo.
Había desprecio.
La sonrisa de la niña desapareció lentamente.
—¿Padre...?
Nadie respondió.
El mago anciano dio un paso hacia ella.
La niña retrocedió.
—¿Qué sucede?
El anciano levantó una mano.
—No temas.
Pero aquella voz no transmitía tranquilidad.
Entonces comenzó a recitar un hechizo.
Las palabras pertenecían a una lengua antigua.
Una lengua que muy pocos podían comprender.
—¿Qué...?
Una luz azul envolvió el cuerpo de la niña.
—¡Ah!
Sus pies abandonaron el suelo.
La niña comenzó a elevarse.
—¡Padre!
Sus ojos se llenaron de terror.
—¡PADRE!
Pero nadie se movió.
La luz se hizo más intensa.
Entonces...
CRACK.
Un sonido seco atravesó el salón.
Como si algo se hubiera quebrado dentro de ella.
La niña se retorció violentamente.
Una expresión de un agonizante dolor indescriptible apareció en su rostro.
—¡AAAAH!
Escupió una gran cantidad de sangre.
Su pequeño cuerpo quedó sin fuerzas.
El anciano con magia la lanzó hacia un lado como si no fuera más que un objeto.
La niña cayó cerca de los pies de su propia familia.
Silencio.
Nadie gritó.
Nadie protestó.
Nadie corrió a ayudarla.
Su padre simplemente cerró los ojos aliviado.
Su madre apartó la mirada.
El talento físico de aquella niña había sido destruido.
Habían dañado su alma mágica.
Habían roto sus huesos espirituales.
Lo habían hecho para que aquella niña no pudiera convertirse en una mujer con un poder superior al permitido por la sociedad.
Y lo peor...
Era que aquello era considerado completamente normal.
La niña fue rápidamente retirada del lugar.
Ensuciaba la vista de los demás.
Apreté los puños.
¡MALDITOS BASTARDOS!
¡ALGUN DÍA VAN A PAGAR TODO!
En mi primera vida no había comprendido la verdadera crueldad de aquella sociedad.
Ahora sí.
Las niñas continuaron pasando.
Una tras otra.
La mayoría de las niñas no tenía talento.
Algunas eran recibidas con indiferencia.
Otras eran ridiculizadas.
Pero cuando alguna mostraba un talento...
La historia se repetía.
Y sus familias respiraban aliviadas de que fueran unas inútiles.
Y yo...
Solo podía observar con impotencia.
Hasta que finalmente escuché mi nombre.
—Isolde Valtheris.
Mi corazón dio un vuelco.
Di un paso al frente.
Luego otro.
Mis zapatos resonaron contra el suelo de mármol.
Todos los ojos se volvieron hacia mí.
Caminé hasta quedar frente a la estatua.
El anciano me observó.
Su mirada recorrió mi pequeño cuerpo de una manera que me resultó desagradable.
No era una mirada de respeto.
Era la mirada de un hombre que se creía superior simplemente porque yo era del sexo femenino.
Bajé la mirada durante un instante.
Respiré profundamente.
En mi vida anterior...
La piedra no había brillado.
Ni siquiera había producido una chispa.
Nada.
Cero talento.
Recordaba perfectamente la humillación.
Las risas.
Los murmullos.
Las miradas.
Pero esta era mi segunda oportunidad.
Mi mano derecha comenzó a temblar.
La levanté lentamente.
¿Y si esta vez es diferente?
Tragué saliva.
¿Y si regresar al pasado cambió algo?
Mis dedos se acercaron a la piedra.
Cada vez más.
Hasta que finalmente...
Mi mano tocó la superficie.
ENTONCES...
gracias 😍😍❤️❤️❤️