Lilith creyó que ya conocía el peor dolor: amar a un hombre que la humilló, criar sola a una hija frágil y perderlo todo cuando más necesitaba ser protegida. Después de una traición imposible de perdonar, deja atrás su pasado y viaja a Italia con el corazón hecho pedazos, decidida a reconstruirse lejos de quienes la destruyeron.
Pero en Milán se cruza con Alessandro Morelli Conti, un hombre poderoso, frío y peligroso, dueño de secretos que podrían asustar a cualquiera. Él no promete una vida tranquila, pero sí algo que Lilith había dejado de esperar: respeto, protección y un amor capaz de enfrentar guerras.
Entre familias rotas, verdades ocultas, enemigos de la mafia y una pasión que nace donde solo quedaban cicatrices, Lilith tendrá que descubrir si aún es posible volver a confiar. Porque a veces el amor no borra el pasado, pero puede darle a una mujer la fuerza para reclamar su futuro.
NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
Lilith narra...
Tres meses.
Ya habían pasado tres meses desde que empecé a salir con Alessandro.
Y podía decir con toda certeza que habían sido los meses más felices de mi vida.
Nunca imaginé que algún día sería amada de esa forma.
Nunca imaginé que alguien pudiera mirarme como Alessandro me miraba.
Como si yo fuera preciosa.
Como si fuera única.
Como si fuera todo lo que él necesitaba.
Durante aquellos meses se convirtió en la mejor parte de mis días.
De mis mañanas.
De mis noches.
De mi vida.
Alessandro era cariñoso.
Atento.
Protector.
Paciente.
Y, por encima de todo, me respetaba.
Jamás me presionó.
Jamás intentó cruzar mis límites.
Aunque fuera evidente el deseo que existía entre nosotros.
Kiara vivía diciendo que yo había encontrado un unicornio.
Un hombre guapo, inteligente, rico, educado y completamente enamorado.
Según ella, aquello era prácticamente una especie en peligro de extinción.
Yo siempre terminaba riéndome.
Pero, en el fondo, estaba de acuerdo.
Porque Alessandro realmente era especial.
Muy especial.
Aquella tarde, mientras volvíamos del trabajo, Kiara me lanzó una mirada sospechosa.
—Estás pensando en él otra vez.
—Siempre pienso en él.
Se llevó una mano al pecho con dramatismo.
—¡Dios mío, lo admite!
Puse los ojos en blanco.
—Eres imposible.
—Y tú estás enamorada.
Sonreí sin poder evitarlo.
—Lo estoy.
Kiara abrió una sonrisa enorme.
—¡Por fin!
Entonces se puso seria.
—¿Y cuándo piensas dejar de actuar como adolescente enamorada y admitir que ese hombre está loco por ti?
—Ya sé que le gusto.
—¿Gustar?
Soltó una carcajada.
—Ese hombre te mira como si fueras la última mujer sobre la Tierra.
Terminé sonrojándome.
—¡Kiara!
—¿Estoy mintiendo?
No respondí.
Porque no lo estaba.
Alessandro dejaba sus sentimientos claros en cada gesto.
En cada cuidado.
En cada abrazo.
En cada mensaje de buenos días.
Y justo por eso había tomado una decisión.
Estaba lista.
Lista para dar un paso más en nuestra relación.
Aquella noche, cuando le dije a Kiara que necesitaba el apartamento vacío porque había invitado a Alessandro a cenar, ella hizo varias bromas.
Pasé el día entero preparándolo todo.
Cociné los platillos que sabía que le gustaban.
Arreglé la mesa.
Elegí flores.
Encendí velas aromáticas.
Transformé todo el apartamento en un ambiente acogedor y romántico.
Después fui al salón.
Me hice las uñas.
Me arreglé el cabello.
Volví a casa decidida a hacer de aquella noche algo especial.
Cuando terminé de bañarme, me puse un vestido elegante que Kiara había elegido para mí.
Prácticamente me obligó.
—Confía en mí.
—Me da miedo cuando dices eso.
—Hoy vas a dejar sin palabras a ese italiano millonario.
Y, para mi sorpresa...
Tenía razón.
Poco después de las ocho de la noche, sonó el timbre.
El corazón se me aceleró.
Respiré hondo.
Y fui a abrir la puerta.
En cuanto Alessandro me vio, se quedó inmóvil.
Literalmente inmóvil.
Sus ojos claros recorrieron mi rostro, mi cabello y mi vestido.
Entonces se pasó una mano por el cabello.
—Dios santo...
Sonreí.
—¿Qué pasa?
Siguió mirándome.
—¿Todo esto es para mí?
Me reí bajito.
—Claro que sí.
Crucé los brazos.
—¿Para quién más sería?
Entró al apartamento sin apartar los ojos de mí.
Y casi perdí el valor ante la intensidad de aquella mirada.
Alessandro observó la decoración.
Las flores.
Las velas.
La mesa preparada.
Luego volvió a mirarme.
Y algo en sus ojos cambió.
Se volvió más profundo.
Más intenso.
Más emocionado.
Lo llevé hasta la mesa.
Cenamos.
Conversamos.
Reímos.
Brindamos por nuestra relación.
Por nuestro futuro.
Por el amor que crecía entre nosotros.
Y durante toda la cena sentí esa mirada sobre mí.
Como si intentara memorizar cada detalle de aquel momento.
Cuando terminamos de comer, me tomó la mano.
—Fue perfecto.
Sonreí.
—Todavía no termina.
Arqueó una ceja.
—¿No?
Negué con la cabeza.
Entonces me acerqué.
—Ahora viene el postre.
Antes de que pudiera responder, toqué sus labios con los míos.
Un beso suave.
Cariñoso.
Pero que rápidamente se volvió más intenso.
Alessandro respondió de inmediato.
Sus brazos rodearon mi cintura.
El corazón se me disparó.
Los segundos parecían desaparecer.
Hasta que él se apartó apenas lo suficiente para apoyar la frente en la mía.
Respirando hondo.
Intentando recuperar el control.
—Creo que será mejor que nos detengamos aquí.
Mi respiración también estaba acelerada.
—¿Por qué?
Soltó una pequeña risa nerviosa.
—Porque si seguimos...
Sus ojos encontraron los míos.
—No voy a poder parar.
Sonreí.
Entonces respondí bajito:
—¿Y quién dijo que quiero que pares?
Sus ojos se abrieron.
Durante unos segundos.
Alessandro simplemente me miró.
Como si intentara asegurarse de haber escuchado bien.
—Lilith...
Su voz salió ronca.
—Quiero ser tuya, Alessandro.
El silencio se apoderó de la sala.
Un silencio cargado de emoción.
De sentimiento.
De amor.
Me sostuvo el rostro con delicadeza.
Como si yo fuera algo precioso.
—¿Estás segura?
Asentí.
Sin dudar.
—Nunca he estado tan segura en mi vida.
La emoción que apareció en sus ojos me apretó el corazón.
Entonces Alessandro me atrajo hacia un beso.
Fuerte.
Apretado.
Como si quisiera guardar aquel momento para siempre.
Y en ese abrazo entendí algo importante.
No era solo deseo.
No era solo pasión.
Era amor.
Un amor verdadero...