Hace seis años, Tania era la esposa perfecta: dulce, paciente y profundamente enamorada. Sin embargo, en el nido de víboras que es la familia Durantt, su bondad fue tomada por debilidad. Manipulada por su suegra y víctima de una elaborada trampa orquestada por el primer amor de Nicolás, Tania fue acusada de una traición que jamás cometió. Nicolás, cegado por su arrogancia y posesividad, le entregó los papeles del divorcio y la expulsó de su vida sin darle el beneficio de la duda.
Hoy, la mujer que regresa no guarda rastro de aquella chica sumisa. Tania vuelve como una empresaria de éxito, con una mirada gélida y una fuerza física y mental capaz de derribar imperios. Su único objetivo es proteger el legado de su hijo, Nico, el heredero secreto que Nicolás nunca supo que existía. Cuando sus mundos vuelven a colisionar, Nicolás descubre que la "fiera" que él mismo despertó no está dispuesta a perdonar fácilmente, y que recuperar su amor será la batalla más difícil de su vida
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capitulo 9
El ambiente en el salón de la gala se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que hacía que los invitados hablaran en susurros. El desplante de Tania hacia Nicolás había sido el primer golpe, pero en el ecosistema de la alta sociedad, las fieras heridas suelen atacar en manada. Elisa, al ver el rastro de fascinación y horror en los ojos de su prometido, sintió que el suelo de cristal sobre el que había construido su futuro se resquebrajaba.
No podía permitirlo. No podía dejar que esa "aparecida" le robara el protagonismo y el poder. Con el rostro encendido por una rabia mal contenida, Elisa se abrió paso entre la multitud, sus tacones golpeando el mármol con una urgencia agresiva.
Tania estaba de pie cerca de una columna de mármol, aceptando los saludos cautelosos de un par de banqueros que ya estaban recalculando sus lealtades. Al ver aproximarse a Elisa, Tania no cambió su postura. Simplemente entregó su copa vacía a un camarero y cruzó los brazos con una calma que desquiciaba a cualquiera que buscara una reacción emocional.
—Es realmente asombroso lo que un buen sastre y un poco de dinero sucio pueden hacer por una persona —soltó Elisa, alzando la voz lo suficiente para que el círculo de curiosos se ensanchara—. Pero todas aquí sabemos que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. ¿No es así, Tania? O debería decir... "Madame Atlas".
Tania arqueó una ceja. Su mirada recorrió a Elisa de arriba abajo con una lentitud insultante, deteniéndose en el collar de diamantes que adornaba su cuello.
—Disculpe, ¿nos conocemos? —repitió Tania, usando el mismo tono gélido que había destruido a Nicolás minutos antes.
Elisa soltó una carcajada estridente, forzada.
—¡Oh, por favor! No pretendas que el éxito te ha borrado la memoria. Todas recordamos por qué te fuiste de aquí hace seis años. Recordamos las fotos, el escándalo, la forma en que Nicolás te echó como a una criada infiel. Puedes comprar empresas, pero no puedes comprar una reputación limpia. Tu pasado es vergonzoso, Tania. Eres una mancha en la historia de los Durantt que solo el tiempo ha logrado disimular.
El murmullo de la sala subió de volumen. Algunas señoras de la alta sociedad se cubrieron la boca con sus abanicos. Nicolás, que se había quedado a unos metros de distancia, observaba la escena con los puños cerrados. Esperaba que Tania explotara, que gritara, que llorara como la mujer que él recordaba.
Pero Tania hizo algo mucho más letal. Sonrió.
Fue una sonrisa lenta, elegante, casi compasiva. Dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio vital de Elisa. La villana, acostumbrada a que la "antigua" Tania retrocediera, se quedó paralizada por la intensidad de esos ojos que ahora parecían de obsidiana.
—Es curioso que hables de manchas y reputaciones, querida —dijo Tania. Su voz no era un grito, era un susurro que cortaba como un bisturí—. Porque, mientras tú te dedicabas a coleccionar mis recortes de periódico viejos, yo me dedicaba a recolectar hechos. Datos. Realidades.
Tania abrió su pequeño clutch metálico con un clic seco. No sacó un pañuelo para secarse lágrimas inexistentes; sacó un pequeño dispositivo móvil y, con un gesto fluido, deslizó una imagen que proyectó discretamente hacia un grupo de inversores que estaban justo detrás de Elisa.
—Verán —continuó Tania, dirigiéndose al público pero manteniendo sus ojos fijos en los de una Elisa que empezaba a palidecer—, la elegancia no es solo el vestido que llevas. Es la integridad con la que gestionas tus cuentas. ¿No es verdad, Elisa, que la fundación benéfica que diriges ha tenido unas "fugas" bastante extrañas este último semestre?
Elisa abrió la boca, pero no salió sonido alguno. Sus manos empezaron a temblar ligeramente.
—Tres millones de dólares —sentenció Tania. El número cayó en la sala como un mazo—. Desviados a una cuenta offshore en las Islas Caimán, justo dos días antes de que encargaras ese collar de diamantes que luces hoy. Curiosa coincidencia, ¿no crees? Los huérfanos se quedan sin dormitorios, pero tú tienes una joya nueva para esta gala.
—Eso es... ¡eso es una calumnia! —chilló Elisa, pero su voz ya no tenía autoridad; tenía pánico.
—No uso calumnias, Elisa. Uso auditorías —Tania guardó el dispositivo y se acercó al oído de la otra mujer, lo suficiente para que solo ella sintiera el frío de sus palabras—. Las pruebas del fraude financiero están ahora mismo en la bandeja de entrada del fiscal general y de la junta directiva de los Durantt. Si yo fuera tú, no me preocuparía tanto por mi pasado de hace seis años. Me preocuparía por tu futuro en las próximas seis horas.
Tania se separó, alisando el hombro del vestido de Elisa con un gesto casi maternal, una burla final a su derrota.
—Disculpe, querida —añadió Tania con una cortesía que goteaba veneno—, pero la "fiera" no muerde por hambre. Muerde para limpiar el camino de parásitos.
Elisa se quedó lívida, tambaleándose sobre sus tacones. Los mismos socios que hace un momento la rodeaban con adulación, ahora se alejaban de ella como si tuviera una enfermedad contagiosa. El escándalo de la infidelidad de Tania era un chisme viejo; el fraude millonario de Elisa era un peligro real para sus bolsillos.
Nicolás se acercó, mirando a Elisa con un desprecio que ella nunca había visto. No por moralidad, sino porque ella había sido lo suficientemente estúpida como para dejarse atrapar y avergonzar el nombre Durantt frente a Atlas.
Tania no se quedó a ver la caída. Giró sobre sus talones, su vestido rojo ondeando como una bandera de victoria. Había demostrado que ya no necesitaba defender su honor con palabras dulces o súplicas de inocencia. Los hechos hablaban por ella.
Caminó hacia la salida, dejando atrás un salón en ruinas morales. Ya no era la mujer que buscaba que la entendieran; era la mujer que hacía que le temieran. Al pasar junto a Nicolás, ni siquiera lo miró, pero su hombro rozó el de él, un contacto eléctrico que le recordó al hombre que la fiera no solo tenía dientes, sino que sabía exactamente dónde morder para desangrar un imperio.
Aquella noche, la alta sociedad aprendió una lección: con la nueva Tania, la cortesía era un arma y los secretos eran su moneda de cambio. La cacería apenas comenzaba, y la primera cabeza ya había rodado por la alfombra roja.
cómo puedes confiar a Nico a esa maldita víbora 🐍