En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 15: Las herederas nunca sobreviven
El aire dentro de las catacumbas se volvió helado.
Las antorchas temblaban violentamente mientras Kaien avanzaba lentamente entre las sombras, con gotas de lluvia resbalando desde su ropa oscura hacia el suelo de piedra.
Los soldados levantaron inmediatamente las armas.
—¡Atrápenlo!
Corrientes de agua surgieron alrededor de Kaien antes incluso de que los guardias pudieran acercarse. El agua se movía como cuchillas líquidas suspendidas en el aire.
Magma reaccionó de inmediato.
—¡No!
El eco de su voz atravesó la cámara subterránea.
Todos quedaron inmóviles otra vez.
El silencio posterior fue peor.
Porque nuevamente acababa de protegerlo.
Y esta vez Rowan lo sintió como un golpe directo al pecho.
Kaien observó a Magma unos segundos más antes de bajar lentamente las corrientes de agua.
—Empiezas a hacer eso demasiado seguido.
La frase hizo que el corazón de Magma latiera incómodamente fuerte.
Ella intentó ignorarlo.
—¿Cómo encontraste este lugar?
Kaien recorrió el enorme mural con la mirada.
Sus ojos azules parecían distintos bajo la luz temblorosa de las antorchas.
Más cansados.
Más viejos.
—Porque ya había estado aquí antes.
Varok palideció inmediatamente.
—Eso es imposible.
Kaien soltó una pequeña risa amarga.
—Todo el problema empezó porque ustedes llevan siglos creyendo que ciertas cosas son imposibles.
El fuego dentro de Magma se agitó lentamente.
Ella seguía observando los nombres grabados bajo los símbolos elementales.
Especialmente uno.
Alina.
La hija del viento.
Su nombre brillaba débilmente sobre la piedra antigua como si todavía estuviera vivo.
Magma sintió un escalofrío.
—¿Quién escribió esto?
Kaien avanzó lentamente hacia el mural.
Y por primera vez desde que apareció…
pareció verdaderamente afectado.
—Las primeras herederas.
Las llamas alrededor de las paredes crecieron apenas.
Magma frunció el ceño.
—¿Primeras?
Kaien levantó la mirada hacia las cinco figuras grabadas.
—Antes de los reinos… antes de las guerras… los elementos existían unidos.
El silencio cayó sobre las catacumbas.
Incluso los soldados parecían demasiado tensos para interrumpir.
Kaien continuó:
—Las herederas eran elegidas para mantener el equilibrio del mundo.
Magma sintió el pecho apretarse lentamente.
Porque ya sabía que la siguiente parte no sería buena.
Y no se equivocó.
—Pero cada vez que el equilibrio comenzaba a romperse… el poder elemental consumía lentamente a su portadora.
Las palabras atravesaron la cámara como una sentencia.
El fuego dentro de Magma reaccionó inmediatamente.
No.
No quería escuchar eso.
Kaien giró lentamente hacia ella.
—Las herederas nunca sobreviven.
El silencio posterior fue devastador.
Magma dejó de respirar un instante.
La lluvia golpeaba lejanamente sobre las estructuras del castillo encima de ellos mientras aquellas palabras seguían repitiéndose dentro de su cabeza.
Las herederas nunca sobreviven.
Alina.
La tormenta.
Su muerte.
Todo encajaba horriblemente.
Rowan habló inmediatamente.
—Eso no significa que vaya a pasarle a ella.
Kaien sostuvo su mirada apenas un segundo.
Y hubo algo brutalmente incómodo en el ambiente.
Porque ambos hombres estaban pensando exactamente lo mismo:
Magma.
Su destino.
Y cuánto les aterraba perderla.
Kaien volvió lentamente la atención hacia ella.
—¿Ya comenzaste a sentirlo?
Magma frunció el ceño.
—¿Sentir qué?
—El fuego creciendo cuando pierdes el control.
Las llamas cercanas aumentaron apenas.
Como si respondieran a sus palabras.
Kaien avanzó un poco más.
—El calor bajo tu piel. El dolor en el pecho. La sensación de que el elemento piensa por sí mismo.
Magma sintió frío recorriéndole la espalda.
Porque era verdad.
Todo.
El fuego ya no se sentía solo como poder.
Se sentía vivo.
Y cada día más difícil de contener.
Kaien la observó directamente a los ojos.
—Eso es solo el inicio.
Varok intervino de inmediato.
—¡Basta! Ya hizo suficiente daño.
Kaien ni siquiera lo miró.
—El hielo despertó porque el equilibrio volvió a romperse.
Sus ojos permanecían únicamente sobre Magma.
—Y tú eres una de las razones.
El fuego explotó violentamente alrededor de ella.
Las antorchas rugieron más alto y pequeñas grietas aparecieron sobre el suelo de piedra.
Magma respiraba agitadamente.
—¿Entonces qué se supone que haga?
La pregunta salió rota.
Desesperada.
Porque estaba cansada.
Cansada de no entender nada.
Cansada de perder personas.
Cansada de sentir que el fuego dentro de ella crecía demasiado rápido.
Kaien guardó silencio unos segundos.
Y cuando habló…
su voz sonó mucho más suave.
—Aprender antes de que el fuego te consuma.
El corazón de Magma dolió inexplicablemente.
Porque por primera vez alguien hablaba de su poder como algo peligroso…
sin verla como un monstruo.
Entonces Kaien levantó lentamente la mano hacia el mural.
Y el agua comenzó a moverse sobre la piedra antigua.
Las corrientes recorrieron los nombres grabados hasta detenerse en uno diferente.
Un nombre parcialmente destruido bajo el símbolo del hielo.
Magma apenas podía leerlo.
Pero logró distinguir una palabra:
Eira.
El aire se volvió todavía más frío.
Kaien tensó ligeramente la mandíbula.
—Ella fue la primera heredera del hielo.
Las sombras alrededor parecieron oscurecerse.
—Y destruyó el mundo intentando salvarlo.
El silencio cayó nuevamente.
Magma sintió algo horrible dentro del pecho.
Porque entendía exactamente el tipo de persona que debía haber sido Eira.
Alguien que quiso proteger demasiado.
Alguien consumida por su propio elemento.
Alguien que perdió el control.
Igual que ella comenzaba a hacerlo.
Entonces un sonido atravesó las catacumbas.
Un susurro.
Frío.
Lejano.
Todos levantaron inmediatamente la mirada.
Las antorchas comenzaron a apagarse una por una.
Kaien reaccionó de golpe.
—No…
La temperatura descendió brutalmente.
Escarcha negra comenzó a extenderse por las paredes.
Y entonces…
algo se movió detrás del mural.
Un ruido húmedo.
Como hielo quebrándose lentamente.
Los soldados retrocedieron aterrorizados.
Magma sintió el fuego rugiendo dentro de ella.
Porque algo estaba despertando bajo el castillo.
Algo antiguo.
Y cuando una enorme grieta atravesó violentamente el mural de las herederas…
una mano hecha completamente de hielo negro emergió desde la oscuridad.