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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:403.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Esa mañana el aire todavía estaba frío cuando Valentina se detuvo frente a la casa de Camila contemplando un cielo que apenas empezaba a aclarar.

Las calles seguían vacías. Algunos puestos de comida recién abrían. El canto de los gallos y el ruido de los primeros autos saliendo al trabajo se mezclaban a lo lejos.

Valentina se abrazó a sí misma. La playera de manga larga que llevaba era lo bastante abrigadora, pero el cuerpo le seguía helado. Tal vez no era por el frío de la mañana, sino porque el corazón lo tenía vacío.

Toda la noche se había esforzado por verse fuerte delante de los niños. Esforzándose por sonreír. Por hablar como siempre. Por mantenerse serena como si nada pasara. Pero ahora que todo estaba en silencio, el dolor volvía, llenándole el pecho poco a poco.

Valentina contempló la calle con los ojos nublados. Aquella ciudad guardaba demasiados recuerdos para ella.

Ahí había conocido a Andrés. Ahí se había enamorado por primera vez con esa profundidad que no se olvida. Todos los recuerdos de los dos estaban ahí.

La calle donde comieron juntos por primera vez. El parquecito donde Andrés le tomó la mano a escondidas. La casita que llenaron de risas, llantos de niños, peleas pequeñas y un amor que en su momento se sintió inagotable.

En esa ciudad aprendió a ser esposa, a ser madre, a ser el lugar al que alguien regresa. Y ahora justamente estaba dejándolo todo atrás.

Valentina agachó la cabeza despacio. Los ojos le empezaron a arder otra vez. En el fondo seguía queriendo estar con Andrés. Todavía se imaginaba envejecer junto a él. Imaginaba a los dos sentados uno al lado del otro cuando el pelo ya fuera blanco. Imaginaba a Andrés molestándola mientras cocinaba. Imaginaba la risa de los niños llenando la casa hasta que fueran grandes.

Pero la realidad no era así de fácil. La familia de Andrés seguía siendo un muro enorme entre ellos. Y Valentina ya estaba demasiado cansada de luchar sola. Cansada de ceder. Cansada de que la obligaran a entender. Cansada de ser tratada como una extraña en su propio hogar.

Lo que más le daba miedo era que Santiago y Mateo empezaran a sentir esa presión. Valentina no quería que sus hijos crecieran en una casa llena de gritos, indirectas y pleitos a diario. No quería que llegaran a pensar que eso era normal.

El sonido de un auto deteniéndose suavemente la sacó de sus pensamientos. Un sedán negro reluciente se estacionó justo frente a la reja. Las luces todavía encendidas, amarillentas, contra el frío del amanecer.

La puerta se abrió al poco rato. Un hombre alto, con lentes, bajó acomodándose el reloj. Espalda recta. Camisa negra con las mangas enrolladas hasta el codo. Rostro tranquilo, maduro.

—Buenos días, señorita rebelde que no sabe esperar.

Valentina sonrió apenas.

—Buenos días, señor gruñón que no para de regañar.

Los dos soltaron la carcajada al mismo tiempo.

Rodrigo se acercó caminando con una mano en el bolsillo del pantalón. Paso relajado, pero la mirada fue directo al rostro de Valentina, escrutándola.

—No dormiste, ¿verdad? —preguntó en voz baja.

Valentina rio un poco, aunque la risa sonó hueca.

—Sí dormí... pero poquito.

Rodrigo suspiró despacio. La noche anterior su prima lo había llamado y le había contado todo por teléfono. Desde entonces sus emociones habían ido y venido sin parar, pensando en cómo la habían tratado.

Conocía a su prima. No era una mujer que se enojara fácilmente. Si había elegido irse llevándose a los niños, era porque el corazón ya le dolía demasiado.

—¿Ahora a dónde vamos primero? —preguntó.

—Quiero hacer el trámite de cambio de escuela de Santiago.

—Listo —Rodrigo asintió con calma—. Te llevo a donde quieras.

Valentina sonrió apenas. Antes de que pudiera contestar, la puerta de la casa de Camila se abrió despacio.

Santiago salió llevando de la mano a Mateo, que todavía estaba medio dormido. El pelo del pequeño era un desastre. Hasta las sandalias que traía puestas eran de diferente color.

En cuanto vieron a un hombre desconocido parado frente a la casa, los dos se detuvieron. Lo miraban con pura curiosidad.

Valentina se agachó frente a sus hijos de inmediato.

—Santi... pequeño —dijo con ternura, acariciándoles el pelo uno por uno—. Les presento a Rodrigo. Es familia de mamá.

Rodrigo sonrió con calidez. La mirada se le detuvo un buen rato en Santiago. Había admiración y emoción ahí.

—Caray, Santiago, cómo has crecido —murmuró.

Santiago lo miró confundido.

—¿Ya nos habíamos visto antes?

Rodrigo soltó una risita y asintió.

—Sí —le revolvió el pelo con suavidad—. La última vez que te vi eras un recién nacido. Tenías un mes apenas —dijo, sonriendo al recordar.

Santiago se puso colorado de vergüenza.

—Mucho gusto —dijo, y le dio la mano con educación.

Los ojos de Rodrigo se suavizaron.

—Qué niño tan bien portado.

Mientras tanto, Mateo seguía examinando a Rodrigo de abajo arriba. La mirada se le quedó clavada en los lentes del hombre.

Y de pronto:

—¡Hola, tío Celodigo!

Unos segundos de silencio total. Rodrigo parpadeó, perdido. Valentina se tapó la boca para no soltar la carcajada. Santiago ya había volteado la cara porque estaba a punto de reventar de risa.

—No es Celodigo, Mateo —corrigió Santiago aguantándose—. Es Rodrigo. Ro-dri-go.

Mateo frunció el ceño, muy serio.

—Tío... Celodigo.

La carcajada de Rodrigo retumbó tan fuerte que la tristeza de esa mañana se derritió de golpe.

—¡Dios mío! —exclamó entre risas—. ¡Qué cosa más linda!

Levantó a Mateo en brazos. El niño, lejos de asustarse, fue directo a los lentes de Rodrigo, encantado.

—¡Lentes!

Valentina negó con la cabeza, divertida, y se rio por primera vez en toda la mañana. Ver a sus hijos así le aliviaba un poco la opresión en el pecho.

Rodrigo le pellizcó la mejilla a Mateo con cariño.

—Valentina, ¿me regalas un hijo? —bromeó.

—¡Ni lo sueñes! —Valentina le puso cara de falsa indignación—. Mis hijos son edición limitada.

—Pieza única.

—Y no están a la venta.

Rodrigo volvió a reír. Pero detrás de la risa cruzó por sus ojos un destello de dolor. Llevaba cinco años casado y su casa seguía demasiado silenciosa. No había ninguna vocecita que lo llamara papá.

Él y su esposa habían intentado de todo. Médicos. Tratamientos de fertilidad. Cuidar la alimentación. Pero hasta ahora la vida no les había dado esa oportunidad. Tal vez por eso Rodrigo siempre era tan tierno con los niños. Especialmente con Mateo, tan hiperactivo y tan adorable.

Al poco rato Camila salió de la casa con un bolso grande al hombro. Ya estaba arreglada. Los tacones resonaban con cada paso. Los lentes oscuros le coronaban la cabeza.

—Uy, el jefe —dijo mirando a Rodrigo con picardía—. Bien temprano y ya rondando casas ajenas.

Rodrigo rio entre dientes.

—Me daba miedo que Valentina cambiara de opinión.

—Ay, por favor —Camila puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.

Rodrigo la miró con sinceridad.

—Gracias por recibir a Valentina y a los niños.

Camila chasqueó la lengua.

—No me lo agradezcas, como si fuera una desconocida.

Luego se acercó a Valentina despacio. La mirada se le volvió suave.

—Cualquier cosa me llamas.

Valentina asintió apenas, con una sonrisa tenue. Pero muy adentro sabía que su vida estaba cambiando de verdad a partir de ese día.

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Beruska Sanchez
tiene dinero de todo y vive así. de pana la novela es sosa insípida poco inspiradora
Patricia Guerrero
Fascinante, me gustó mucho buen relato y un sabor agradable de mensajes sobre la comprensión, el apoyo y la unión de la familia. lectura fácil, son dejar cabos sueltos, me hizo reír, llorar, añorar, recapacitar. Estas lecturas vale la pena, deja una enseñanza y reflexión. gracias.
Rocio Rincon
bonita historia y enseñanzas
Gloria botero
Genial 🥰🥰🥰 me encanto la historia 👏👏
jacquelinne reyes
muy buena novela gracias a Dios no tuvo nada de mafia
anbell
una historia diferente de alegrías y desánimo.. de una reconciliación familiar con un final feliz ..con una lección de vida
Yoleyma Garcia
Ya me aburrió la novela, siempre lo mismo, una mujer con dinero, dueña de una empresa, imposible que aguante a un tipo sin personalidad propia, además que gastó los ahorros y no le dijo nada al esposo, ese mismo día lo mandó a dormir a casa de lis padres, es indignante
Ricardo Ramon Carrizo
excelente, felicitaciones 👏
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Guadalupe Mora Zetina
Andrés tu no tienes por qué estar cargando con problemas que no son tuyos que tú hermano se faje bien los pantalones y que se enseñe a de decir no que no siga siendo un pelele en manos de la familia de su esposa y tu hermano que les diga que ya no van a tener nada de el y si su esposa quiere irse que se valla que le pruebe a ver si es lo mismo ya estuvo suave de mantener a familias parásitos y vividoras ya estuvo por qué tú hermano sigue así de todos modos se acabará su matrimonio por qué el se va a cansar y a fastidiar que no sea tonto
Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
Mirla Loyo
la Carmen es descarada, llamar a la familia de Rosario sinvergüenza 🤣🤣🤣
Mirla Loyo
le llegó el karma a ésa gentuza 🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
en pocas palabras no han aprendido es na'.. nadie le a echado en cara a ésa vieja HDP que es la responsable de la infelicidad de sus hijos 😡
Mirla Loyo
coño pero Diego a debido poner reglas porque si la mapanare de la vieja sigue interviniendo, no van a llegar muy lejos 🤷‍♀️
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