Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 12
...
Eliana tomó el control de la pantalla y proyectó el mapa de expansión.
—La propuesta inicial plantea entrar primero a Brasil porque representa el mercado más grande de la región.
Ander asintió.
—Correcto.
—Pero precisamente por eso también es el más complejo.
Señaló varios gráficos.
—Mayor inversión inicial, regulaciones más estrictas, una logística más costosa y tiempos de implementación más largos.
Ander permanecía en silencio.
Escuchando.
—En cambio...
—Si comenzamos por Chile y Colombia, el cliente podrá validar el modelo operativo con una inversión menor.
Las cifras aparecieron en la pantalla.
—Eso permitirá corregir errores antes de asumir un proyecto del tamaño de Brasil.
Ander observó atentamente los datos.
Ella continuó.
—No estoy eliminando Brasil del plan.
Solo estoy cambiando el orden.
Porque una empresa que aprende primero en mercados más estables llega mucho más preparada al mercado más exigente.
Ander caminó lentamente alrededor de la mesa.
—¿Y el retorno económico?
Eliana ya esperaba aquella pregunta.
Mostró otro gráfico.
—El retorno durante el primer año será ligeramente menor.
Pero...
Amplió la imagen.
—El riesgo financiero disminuye casi un treinta por ciento.
Ander levantó una ceja.
Ella continuó.
—Y al reducir el riesgo aumentan considerablemente las probabilidades de éxito en la expansión completa.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Ander tomó la carpeta y revisó nuevamente las proyecciones.
Eliana permanecía inmóvil.
No quería interrumpir su análisis.
Después de varios minutos, Ander cerró el documento.
—¿Sabes qué es lo más curioso?
Ella negó con la cabeza.
—Que cuando entraste por esa puerta estaba completamente convencido de que ibas a perder esta discusión.
Eliana sonrió apenas.
—¿Y ahora?
Ander dejó escapar una pequeña risa.
—Ahora me doy cuenta de que me hiciste perder veinte minutos... para demostrarme que tenías razón.
Ella no pudo evitar sonreír.
—Entonces...
Él la señaló con el bolígrafo.
—No te emociones tanto, chispa.
La sonrisa de Eliana se hizo más amplia.
—¿Eso significa que aceptas mi propuesta?
—Si.
—Pensé que me costaría mucho más convencerte.
Ander sonrió de lado.
—No soy terco.
Ella arqueó una ceja.
—¿Seguro?
—Soy exigente.
—Creo que hay una diferencia muy pequeña entre ambas cosas.
Él soltó una risa breve.
—Puede ser.
Por un instante, los dos se quedaron en silencio.
Era la primera vez que mantenían una conversación tan distendida sin la presencia de Mario.
Ander apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Escúchame bien, chispa.
Ella levantó la vista.
—Nunca vuelvas a cambiar una decisión sin avisarme.
Eliana asintió enseguida.
—Lo prometo.
—Pero...
Hizo una breve pausa.
—Nunca dejes de cuestionarme cuando creas que estoy equivocado.
Ella parpadeó sorprendida.
—¿Hablas en serio?
—Si todos me dieran la razón por ser el director ejecutivo, esta empresa dejaría de crecer.
Eliana sonrió con admiración.
Aquella respuesta confirmó algo que ya intuía.
Ander Belmonte podía ser el jefe más exigente que había conocido.
Pero también era lo suficientemente inteligente como para reconocer cuando alguien tenía una mejor idea.
—Gracias por escucharme.
Él negó suavemente con la cabeza.
—No me convenciste con palabras.
Señaló la carpeta.
—Me convencieron los argumentos.
Y eso, en esta empresa, vale mucho más.
Eliana salió de la oficina con una sonrisa imposible de ocultar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La tarde transcurría con tranquilidad en el último piso de B&C Consulting.
Desde su oficina, Eliana revisaba unos informes para el proyecto Valmont.
Sin embargo, llevaba varios minutos leyendo la misma página sin avanzar.
Su concentración no estaba en los documentos.
Inconscientemente, volvió a recordar el momento de días atrás.
El instante en que perdió el equilibrio.
La firmeza con la que Ander la sostuvo del brazo.
La cercanía.
Sus miradas encontrándose durante unos interminables segundos.
Y aquella extraña corriente que había recorrido todo su cuerpo.
Eliana cerró los ojos y dejó escapar un largo suspiro.
—Concéntrate... —murmuró para sí.
Se llevó una mano a la frente.
—Es tu jefe... el mejor amigo de tu hermano.
Repitió aquellas palabras como si fueran un recordatorio.
No podía permitirse confundir el trabajo con sus sentimientos.
Ya no era una adolescente.
Era una profesional.
Y tenía demasiado que perder.
Sacudió la cabeza y volvió a fijar la vista en la pantalla de la computadora, obligándose a dejar esos pensamientos a un lado.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Apenas unos metros más allá, Ander también intentaba concentrarse.
Tenía varios contratos abiertos sobre el escritorio, pero su mente insistía en regresar al mismo recuerdo.
Eliana tambaleándose.
Él sujetándola por instinto.
Su perfume.
La forma en que ella levantó la mirada hacia él.
Frunció el ceño.
Dejó la pluma sobre el escritorio y se recostó en la silla.
—¿Qué demonios te pasa?
Se pasó una mano por el rostro.
Aquello no tenía sentido.
Jamás se había distraído por una mujer mientras trabajaba.
Mucho menos por...
Negó con firmeza.
—Es la hermana de Mario.
Pronunció aquellas palabras en voz baja, como si necesitara escucharlas para convencerse.
Se levantó y caminó hasta el ventanal.
—Compórtate.
Respiró profundamente.
—Debes verla igual que ves a Fernanda y a Fabiana.
Las hermanas gemelas ocupaban un lugar muy especial en su vida.
Las había protegido desde niñas y jamás permitiría que alguien les hiciera daño.
Con Eliana debía ser exactamente igual.
Era la hermana menor de su mejor amigo.
Nada más.
Nada menos.
Repitió esa idea una vez más.
Pero, por alguna razón, cuanto más intentaba convencerse, más regresaba a su memoria la imagen de Eliana sonriendo cuando consiguió persuadirlo de cambiar la estrategia del proyecto.
Ander cerró los ojos un instante.
—No.
Abrió nuevamente la carpeta que tenía pendiente.
—Esto no va a cambiar nada.
—¿Qué no va a cambiar?
La voz de Mario hizo que Ander levantara la vista de inmediato.
Su mejor amigo estaba apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa divertida.
—¿Desde cuándo estás ahí?
—Lo suficiente para escuchar que hablabas solo.
Ander resopló.
—No te importa.
Mario soltó una carcajada.
—Qué amable.
Entró en la oficina y tomó asiento frente al escritorio.
—Entonces... ¿qué era eso que no iba a cambiar?
—Nada importante.
—Ajá.
Ander cerró la carpeta que tenía delante.
—¿Necesitabas algo?
Mario sonrió, consciente de que acababan de cambiar de tema.
—Sí.
Dejó otra carpeta sobre el escritorio.
—Logré convencer a los directivos de NovaTech Industries.
Ander arqueó una ceja.
—¿En serio?
—Firmaron hace unos minutos.
Ander tomó la carpeta y comenzó a revisarla.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Buen trabajo.
—Sabía que terminarían aceptando la propuesta.
—Es una cuenta importante.
—Muy importante.
Mario se puso de pie.
—Mañana tendremos la primera reunión con ellos.
Ander asintió.
—Perfecto. Revisaré toda la documentación esta tarde.
Mario caminó hacia la puerta, pero antes de salir volvió a mirar a su amigo.
—Y deja de hablar solo.
Ander tomó un bolígrafo y se lo lanzó.
Mario lo atrapó al vuelo entre risas.
—Eso confirma que sigues siendo el mismo amargado de siempre.
—Fuera de mi oficina.
Mario salió todavía riéndose.
Ander negó con la cabeza, incapaz de evitar una pequeña sonrisa.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓