sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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Capítulo 1: Lazos de ilusión
El aroma a café recién colado y canela inundaba la cocina de los tíos de Salma, Clara y Fernando, a quienes ella amaba y llamaba "padres" con todo el corazón. Para Salma, ese comedor de madera clara no era solo un lugar de la casa; era su refugio, el espacio donde se sentía protegida y valorada antes de salir a conquistar el mundo corporativo.
—Hija, te estás enfriando el desayuno por estar pegada a esa pantalla —protestó Clara con voz dulce, dejando un plato de frutas sobre la mesa mientras le acomodaba con cariño un mechón de cabello.
—Solo revisaba los indicadores de apertura de la bolsa, mamá —sonrió Salma, apagando la tableta para darle toda su atención—. Hoy es un día importante en la empresa, pero prometo desayunar tranquila.
Fernando, sentado al frente con el periódico en la mano, bajó las gafas para mirar a su hija con un orgullo que no podía disimular.
—Esa es mi muchacha. Tan disciplinada como siempre —dijo él, dando un sorbo a su taza—. Aunque debo admitir que últimamente no solo es el trabajo lo que te tiene con esa sonrisa en el rostro. ¿A qué hora viene Mauricio?
Un ligero rubor apareció en las mejillas de Salma. La relación con Mauricio apenas estaba comenzando, pero para ella, todo en él parecía prometer estabilidad y un futuro brillante. Era un joven profesional, atento y con grandes ambiciones, justo lo que creía necesitar a su lado.
—Quedamos en vernos en la oficina. Su padre lo envió a revisar unos contratos con nuestro departamento legal —explicó Salma, recordando lo estricto e inflexible que solía ser Rodolfo con su hijo.
En ese momento, la puerta principal se abrió de par en par y una risa fresca interrumpió la conversación. Rebeca entró como si fuera su propia casa, luciendo impecable en un traje de tonos pasteles y sosteniendo dos vasos de café para llevar. Carlos y Aurora, sus padres, la habían criado en un hogar lleno de amor y comprensión, muy cerca de la familia de Salma, lo que había convertido a ambas chicas en hermanas de vida desde la infancia.
—¡Buenos días a la familia más linda del mundo! —exclamó Rebeca, acercándose para darle un beso en la mejilla a Clara y un abrazo a Fernando—. Les robé a Salma unos minutos antes, pero prometo devolverla sana y salva al final de la jornada.
—Rebeca, tan madrugadora como siempre. Ven, siéntate a tomar algo —ofreció Clara con una sonrisa cálida.
—Me encantaría, tía, pero la futura ejecutiva del año y yo tenemos una agenda apretada hoy —dijo Rebeca guiñándole un ojo a Salma—. Además, Mauricio ya me envió tres mensajes preguntando si ya venías en camino. Ese hombre está completamente perdido por ti.
Salma se levantó de la mesa, guardando su tableta en el maletín de cuero. La presencia de Rebeca siempre le transmitía frescura y complicidad. Creció viéndola como su confidente indestructible, la persona que conocía cada uno de sus miedos y de sus sueños.
—No exageres, Rebeca —dijo Salma riendo, mientras se despedía de Clara y Fernando con un beso—. Nos vemos en la noche, papás.
Mientras caminaban juntas hacia el ascensor del edificio, Rebeca enganchó su brazo con el de Salma, mostrándole una sonrisa llena de energía.
—En serio, Salma. Me alegra tanto verte feliz —dijo Rebeca con tono afectuoso—. Te mereces todo lo bueno que te está pasando: estás creciendo en la empresa, Mauricio te adora y tus padres no pueden estar más orgullosos. Eres la mujer más afortunada del mundo.
—Tengo suerte de tenerlos a todos ustedes a mi lado, Rebeca. Sin tu apoyo y el de mi familia, nada de esto tendría el mismo sentido —respondió Salma con total sinceridad, abrazando levemente a su amiga por los hombros.
Salma no vio la fugaz sombra que cruzó la mirada de Rebeca al escuchar esas palabras. Para Salma, la vida estaba alineándose de forma perfecta: una carrera en ascenso, una amistad inquebrantable y el dulce comienzo de un romance con Mauricio. No había lugar para la duda ni la desconfianza en su corazón.
Salma
Rebeca