En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.
Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que mueve los hilos de negocios oscuros y que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su guarida.
Lo que comenzó como un error se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.
Porque en el mundo de Damián, nadie escapa sin pagar un precio.
NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Esa voz.
Mi padre me observa con esa mirada suya que siempre logra atravesarme y dejarme sin palabras.
—¿Qué ocurrió? —pregunta al fin. Su voz es suave, pero cargada de preocupación.
—Tengo una infección… —respondo, intentando sonreír—. Me dio una receta, pero casi vomito cuando revisé mi garganta… —añado, tocándome la nuca, como si eso pudiera aliviar el malestar.
Él asiente con lentitud.
—Con razón traes los ojos llorosos —dice con ternura—. De niña siempre vomitabas por cualquier cosa que te doliera.
Me pasa la botella del medicamento y, por un instante, siento un pequeño alivio.
No físico.
Emocional.
Como si su presencia fuera un refugio.
Caminamos hacia el auto y, sin previo aviso, su tono cambia. Se vuelve serio.
—Ya no quiero que trabajes.
—¿Qué? —mi voz se quiebra—. ¿Por qué?
—Nunca estuve de acuerdo. Y ahora te enfermaste. Ya hablé con la madre de René. No volverás a trabajar.
—No me estoy casando por su dinero —respondo, con una mezcla de orgullo y molestia.
—Lo sé tu tienes tu propio dinero—dice—. Pero no hay necesidad de que trabajes.
—En casa me aburro —suspiro, mirando por la ventana cómo el mundo pasa demasiado rápido.
Guarda silencio unos segundos.
—Sueño con que algún día tú y Yajaira puedan convivir bien —dice al final, como si hablara de algo posible.
No puedo evitar soltar una risa seca.
—Tu hija es muy difícil… y su madre ni se diga.
—Sé que evitas la casa por ellas —responde—, pero deberías intentar convivir más.
No contesto.
Llegamos a la tienda del vestido. Bajo del auto sin ganas.
La luz blanca, los maniquíes, las telas impecables… todo se siente pesado.
El vestido cuelga frente a mí como una armadura que no quiero ponerme, no en éstos momentos.
Sonrío.
Asiento.
Finjo.
Después de un rato, regresamos al auto y volvemos a casa en silencio.
Subo a mi habitación, tomo el medicamento y me dejo caer en la cama.
Cierro los ojos esperando dormir.
Pero no llega el descanso.
Llega algo más.
Un sueño.
Un hombre alto.
Su presencia pesa.
Me inmoviliza con facilidad.
Nunca lo he visto… y aun así hay algo en él que me resulta inquietantemente familiar.
Sus ojos azules me atraviesan.
Su voz se inclina hacia mi oído.
Intento gritar.
No puedo.
Despierto de golpe, empapada en sudor, con el corazón golpeándome el pecho.
La habitación está oscura, silenciosa, apenas rota por el zumbido del ventilador.
Me levanto y camino descalza hasta la cocina.
Necesito agua.
Necesito sentir algo frío.
Ahí escucho voces.
—Yajaira se irá y necesita dinero —dice mi madrastra, con un tono que intenta sonar razonable.
—Y lo tendrá —responde mi padre—, pero el dinero de Ania no se toca.
—¿Por qué? Las dos son tus hijas.
—No tocaré el dinero que dejó su madre.
—Estamos en bancarrota —insiste—. Ese dinero podría salvar la empresa. Tú eres el albacea. Puedes usarlo.
—Ya dije que no.
Escucho pasos alejándose.
Tomo un sorbo de agua, intentando calmar la ansiedad que se instala en mi pecho, y subo de nuevo a mi habitación.
Apenas me recuesto, el celular vibra.
René.
Por un instante, logro olvidarme de todo.
Hoy es su despedida de soltero.
—Hola, cariño. Estoy con los chicos —dice. La música suena fuerte al otro lado.
—Diviértete —respondo, aunque mi sonrisa es débil.
—Por cierto… invité a mi medio hermano a la boda.
—¿Medio hermano? —pregunto, sorprendida.
—Sí. Mi madre tuvo un hijo en su primer matrimonio. Se alejó de nosotros, pero me lo encontré aquí.
Es más… ya viene.
Mi pulso se acelera.
—Es mi prometida —dice—. Salúdala.
Y entonces escucho esa voz.
—Hola, señorita Anastasia.
Mi cuerpo se paraliza.
Esa voz…
No puede ser casualidad.
Es exactamente la misma que escuché en mi sueño.
El miedo se enrosca en mi garganta mientras mi mente intenta decidir si esto es real…
o si mi memoria empieza, por fin, a despertar.