Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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El mundo detrás de matteo.
Valentina llegó a casa más tarde de lo habitual. Aunque estaba cansada, no logró dormir de inmediato. Cada vez que cerraba los ojos recordaba la cena, las conversaciones, las miradas y, sobre todo, el extraño cambio en Matteo cuando recibió aquella llamada. Algo había ocurrido. Algo importante. Y por primera vez sintió curiosidad por una parte de su vida que él parecía empeñado en ocultar.
—No te interesa —se dijo a sí misma mientras se acomodaba en la cama.
Pero ni ella logró convencerse.
A la mañana siguiente, el desayuno en casa de los Mena era tan ruidoso como siempre. Isabel servía café mientras Sofía revisaba su teléfono y Santiago devoraba el contenido de su plato como si no hubiera comido en días.
—¿Qué hiciste anoche? —preguntó Sofía de repente.
—Cené.
—¿Solo cenaste?
—Sí.
—Qué decepción.
Santiago soltó una carcajada.
—Yo esperaba una historia más interesante.
—Pues te quedarás con las ganas.
—Eso dice ahora —comentó Isabel con una sonrisa—, pero ya veremos.
Valentina negó con la cabeza.
—Son imposibles.
—Y tú estás nerviosa —añadió Santiago.
—No estoy nerviosa.
—Claro que sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Santiago.
—¿Sí, hermana querida?
—Cállate.
Sofía se echó a reír mientras Isabel intentaba disimular una sonrisa. Por un momento, Valentina agradeció aquella normalidad. Su familia siempre había sido su refugio. Sin importar lo complicada que se volviera la vida, siempre encontraba paz entre aquellas cuatro paredes.
Después de desayunar, se dirigió a la oficina. El tráfico de Bogotá era un caos como siempre, pero aquello le permitió pensar. O al menos intentarlo. Porque cada vez que intentaba concentrarse en otra cosa, terminaba recordando a Matteo. Recordaba la forma en que la observaba. La manera en que parecía analizar cada palabra que ella decía. Y aquella sonrisa rara que aparecía cuando ella lograba sacarlo de sus casillas.
—Esto es ridículo —murmuró mientras estacionaba.
Valentina Mena no era una adolescente. Tenía veintiséis años, había construido una empresa desde cero y había enfrentado problemas mucho más grandes que un hombre atractivo. Y sin embargo, ahí estaba, pensando en él otra vez.
Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Matteo enfrentaba una realidad muy diferente.
La noche anterior, después de abandonar el restaurante, había acudido a una reunión urgente en uno de los edificios más protegidos de la ciudad. En la sala lo esperaban varios hombres armados. El ambiente estaba cargado de tensión.
—¿Qué tenemos? —preguntó Matteo apenas entró.
Uno de los hombres avanzó.
—Hubo movimientos en Italia.
El rostro de Matteo se endureció inmediatamente.
—¿Quién?
—Los Moretti.
La habitación quedó en silencio.
Aquella familia había sido durante años uno de los mayores problemas para los De Luca. Traiciones, amenazas y guerras silenciosas habían marcado la relación entre ambos grupos.
—¿Qué hicieron esta vez? —preguntó Matteo.
—Todavía no lo sabemos.
—Entonces averígüenlo.
Su voz fue tranquila. Demasiado tranquila.
Marco conocía perfectamente aquella expresión. Y sabía que era peligrosa. Porque cuando Matteo gritaba significaba que estaba molesto. Pero cuando hablaba con aquella calma, significaba que alguien estaba a punto de cometer el peor error de su vida.
—Duplicaremos la seguridad —dijo Marco.
—Hazlo.
—¿Crees que intentarán algo?
Matteo observó las luces de la ciudad a través del ventanal.
—Los Moretti nunca hacen movimientos sin una razón.
—Entonces esto apenas empieza.
Matteo no respondió. Porque sabía que Marco tenía razón. Y porque una extraña preocupación comenzaba a instalarse en su mente.
Una preocupación que tenía nombre y apellido.
Valentina Mena.
Marco esperó a que los demás abandonaran la sala antes de volver a hablar.
—Hay algo más.
Matteo levantó la vista.
—Habla.
—Nuestros contactos dicen que los Moretti llevan semanas reuniéndose con personas de este lado del continente.
—¿Empresarios?
—Algunos.
—¿Políticos?
—También.
Matteo soltó un suspiro.
Nada de aquello le gustaba.
Cuando los Moretti empezaban a mover piezas en silencio, significaba que estaban planeando algo grande. Y los planes de aquella familia nunca terminaban bien para nadie.
—Quiero nombres.
—Ya estamos trabajando en eso.
—Más vale que los encuentren rápido.
Marco observó a su amigo durante unos segundos.
—No me digas que estás preocupado.
—Siempre estoy preocupado.
—No de esta manera.
Matteo no respondió.
Marco sonrió.
—Es por ella.
—No empieces.
—Es por ella.
—Marco.
—Lo digo en serio.
Matteo caminó hasta el ventanal.
La ciudad brillaba bajo las luces nocturnas.
—Valentina no tiene nada que ver con esto.
—Precisamente por eso.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Porque ambos sabían la verdad. Las personas inocentes siempre eran las más vulnerables. Y Valentina no tenía idea del mundo al que Matteo pertenecía. Un mundo donde la confianza podía costar la vida.
Al día siguiente, Valentina llegó temprano a la oficina. Intentó concentrarse en el trabajo, pero algo seguía rondando su cabeza. La llamada. La forma en que Matteo se había marchado. La expresión de su rostro. Era como si hubiera visto a otra persona durante unos segundos. Una versión más fría. Más peligrosa. Más real.
—¿Pensando en tu novio? —preguntó Camila apareciendo en la puerta.
Valentina casi dejó caer el café.
—¡No es mi novio!
—Entonces pensabas en él.
—Camila.
—¿Qué?
—Tengo trabajo.
—Y yo curiosidad.
Valentina negó con la cabeza.
—Eres imposible.
—Eso dice la mujer que lleva tres minutos mirando la ventana.
—Solo estaba pensando.
—Exactamente.
Camila sonrió.
—Te gusta.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Voy a despedirte.
—No lo harás.
—¿Cómo estás tan segura?
—Porque soy tu amiga favorita.
Valentina intentó mantenerse seria. Duró dos segundos. Después ambas terminaron riéndose.
Mientras tanto, Matteo revisaba varios informes cuando uno de sus hombres entró apresuradamente en la oficina.
—Señor.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos nuevas noticias.
El hombre dejó una carpeta sobre el escritorio.
Matteo la abrió.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Están seguros?
—Completamente.
Marco se acercó.
—¿Qué pasa?
Matteo cerró la carpeta lentamente.
—Los Moretti están en Colombia.
La sonrisa desapareció del rostro de Marco.
—¿Cuántos?
—Todavía no lo sabemos.
—Maldita sea.
La tensión volvió a llenar la habitación.
Porque aquello cambiaba todo.
Ya no era un problema lejano.
Ya no estaba ocurriendo al otro lado del océano.
Ahora estaba allí.
Mucho más cerca de lo que cualquiera habría querido.
Y por primera vez en años, Matteo sintió una sensación que detestaba.
Miedo.
No por él.
No por su imperio.
No por la guerra que pudiera venir.
Sino por una mujer de ojos decididos que no tenía idea del peligro que comenzaba a rodearla.
Valentina Mena.
Y si alguien intentaba tocarla…
fuegos artificiales!!!!
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